Colombia se enfrenta a pruebas de élite antes del Mundial 2026
Existen partidos amistosos que representan simples trámites y otros que funcionan como advertencias contundentes. Los encuentros que Colombia disputará esta semana frente a Croacia y Francia pertenecen definitivamente a la segunda categoría: constituyen un espejo incómodo y veraz a escasos dos meses del inicio del Mundial 2026.
Croacia: experiencia y control que desgasta
Croacia ya no es aquella selección que sorprendía al planeta; actualmente se sostiene mediante la experiencia acumulada. Todo continúa orbitando alrededor de Luka Modric (Milan), quien desafía el paso del tiempo con una elegancia que parece eterna y sigue siendo convocado como faro indiscutible del equipo.
Junto a él, Marcelo Brozovic (Al-Nassr) y Mateo Kovacic (Manchester City) garantizan control absoluto, pausa estratégica y lectura inteligente del juego. No existe vértigo descontrolado, pero sí una claridad táctica que incomoda profundamente. No atropellan, desgastan metódicamente. Y esa característica, en torneos cortos como los mundiales, sigue representando una virtud extremadamente peligrosa.
Francia: potencia, profundidad y recambio ilimitado
Francia, en cambio, representa todo lo contrario: potencia física desbordante, profundidad de plantel y capacidad de recambio constante. La lista reciente anunciada por Didier Deschamps confirma nuevamente que el talento le sobra ampliamente.
Está Kylian Mbappé (Real Madrid), por supuesto, el jugador más determinante del planeta en espacios abiertos, pero también aparecen variantes de lujo como Ousmane Dembélé (PSG), Eduardo Camavinga (Real Madrid) y Randal Kolo Muani (Tottenham Hotspur). No solo posee figuras estelares, tiene jerarquía consolidada en todas las líneas y, sobre todo, competencia interna feroz. Es un equipo que puede cambiar medio once inicial sin perder nivel competitivo. Por esa razón siempre aparece como favorito, incluso cuando no despliega su mejor versión.
La apuesta clara de Néstor Lorenzo
En este contexto desafiante, Colombia llega con una idea perfectamente definida. La lista de 26 jugadores convocados por Néstor Lorenzo no constituye una simple prueba: representa una declaración de principios contundente. Existe una base consolidada, una estructura reconocible y una intención evidente de no improvisar a estas alturas del camino.
Y ese enfoque, en principio, resulta acertado. Porque las selecciones que suelen avanzar lejos en los mundiales lo logran desde la repetición sistemática, desde la memoria colectiva construida, desde el convencimiento profundo. No desde la urgencia de última hora.
Decisiones polémicas y debates legítimos
Sin embargo, incluso en los procesos más sólidos existen decisiones que llaman poderosamente la atención. La ausencia de Yerry Mina, por ejemplo, resulta difícil de explicar racionalmente. No solo porque ha sido fundamental en este ciclo, sino porque, contrario a lo que se especulaba, se encuentra bien físicamente y viene de participar regularmente con el Cagliari.
En una defensa donde la experiencia en torneos de máxima exigencia pesa significativamente, su nombre parecía casi inamovible. Y luego aparece el caso de "Cucho" Hernández. Figura destacada en el Betis, determinante en ataque, en plena forma física. Un delantero que ofrece algo diferente, que rompe estructuras defensivas, que puede cambiar partidos complejos.
Su ausencia, frente a la presencia de Kevin Castaño —actualmente suplente en River Plate—, abre un debate completamente legítimo sobre el criterio de selección: continuidad en el proceso versus momento de forma actual.
El verdadero sentido de estos enfrentamientos
Pero quizás esa sea precisamente la clave del pensamiento de Lorenzo. No está eligiendo necesariamente a los mejores jugadores del último mes, sino a aquellos que mejor encajan en su idea futbolística global. Y ahí es donde estos partidos contra Croacia y Francia adquieren sentido real y profundo.
No son simplemente rivales de élite, son medidores exactos de convicción táctica. Si Colombia compite de igual a igual, si sostiene su identidad de juego, si no se desordena estructuralmente frente a dos estilos tan diametralmente distintos, entonces el técnico tendrá razón en sus elecciones.
Porque a esta altura del proceso, más que nombres individuales, lo que realmente se pone a prueba es una certeza colectiva. Y Colombia, por primera vez en mucho tiempo, parece tener una claridad de rumbo que podría marcar la diferencia en el escenario mundial.



