Mundial 1962: La Copa del Mundo que Chile organizó con modestia y determinación
Mundial 1962: La Copa que Chile organizó con modestia

El Mundial de 1962: Un torneo casero en medio de la adversidad

En una decisión que sorprendió al mundo futbolístico, el congreso de la FIFA en 1956 eligió a Chile como sede del Mundial de 1962, superando a Argentina por 32 votos a 10. "Como no tenemos nada, lo haremos todo", se convirtió en el lema de una nación que entonces contaba con siete millones de habitantes, alto analfabetismo y una población mayoritariamente rural.

El desafío chileno y la tragedia natural

La candidatura chilena fue defendida con pasión por el dirigente Carlos Dittborn, quien argumentó la estabilidad institucional del país y la misión de la FIFA de promover el fútbol en naciones con menos recursos. Sin embargo, Dittborn no viviría para ver su logro: falleció 33 días antes del inicio del torneo debido a una pancreatitis.

La desgracia golpeó nuevamente a Chile el 22 de mayo de 1960, cuando la ciudad de Valdivia sufrió el terremoto más poderoso registrado en la historia humana, con una magnitud de 9.5 en la escala de Richter. El sismo provocó un tsunami que cruzó el Pacífico y causó devastación en Hawái, Japón y Filipinas.

Pese a la catástrofe, el presidente chileno Jorge Alessandri fue categórico: "El Mundial se hace en Chile, sí o sí". Con apoyo de países vecinos y la FIFA, el torneo se realizó, aunque reducido a cuatro sedes: Santiago, Viña del Mar, Rancagua y Arica, tras descartar las cuatro ciudades del sur afectadas por el terremoto.

Un Mundial de otra época

El periodista Emilio Lafferranderie, conocido como 'El Veco', recordaba aquel torneo como "caserito y muy sencillo, nada que ver con el despliegue tecnológico, de dinero y de gente que se hace hoy". Los estadios eran modestos, sin iluminación artificial, por lo que todos los partidos se jugaban de día.

La cobertura periodística era igualmente rudimentaria. "No había télex todavía", explicaba Lafferranderie. "Escribíamos en esas viejas Remington negras, juntábamos las notas y las enviábamos por avión en un sobre. Era lo más rápido". En todo Chile apenas existían unos 20.000 aparatos de televisión.

La transmisión de imágenes era una verdadera proeza: un camarógrafo argentino llamado Frederici filmaba los partidos, colocaba la cinta en una lata, cruzaba la cordillera en un avioncito Cessna hasta Mendoza, y desde allí la enviaba a Buenos Aires para su emisión al día siguiente.

Estrellas y anécdotas inolvidables

El torneo contó con figuras legendarias como Pelé, Alfredo Di Stéfano, Ferenc Puskas y Garrincha, pero también con ausencias significativas. Pelé llegó lesionado a Santiago y apenas pudo jugar, mientras que Di Stéfano no pudo participar debido a una seria afección estomacal.

Garrincha se convirtió en la gran figura del campeonato, especialmente en la victoria de Brasil sobre España. Lafferranderie recordaba una anécdota reveladora: "Helenio Herrera, técnico de España, le gritaba a su lateral Gracia: 'Es tuyo... Ya lo tienes... Mañana el mundo hablará de ti...'. Gracia lo botó diez veces fuera de la cancha, pero igual Garrincha mandó dos centros y fueron dos goles de Amarildo".

Violencia y momentos históricos

El Mundial de 1962 fue particularmente violento. Al tercer día de competencia ya había treinta jugadores lesionados, y el partido entre Chile e Italia se destacó por agresiones particularmente salvajes.

Colombia hizo su debut mundialista y consiguió un histórico empate 4-4 contra la Unión Soviética, tras ir perdiendo 4-1. El gol que inició la remontada fue el famoso "gol olímpico" de Marco Coll.

Un campeón que sufrió

Brasil llegó al torneo con prácticamente el mismo plantel campeón en 1958, pero cuatro años más viejo. Sin Pelé en plenitud, Garrincha asumió el protagonismo y Amarildo cumplió brillantemente como reemplazante del "Rey". La selección brasileña conquistó su segundo título mundial tras vencer 3-1 a Checoslovaquia en la final.

"Fue un lindo Mundial el del 62, con grandes estrellas", reflexionaba Lafferranderie. "Entonces no había presiones de ninguna índole, el que era bueno lo demostraba, jugaba tranquilo. También hay que ser sincero: antes se marcaba mucho menos. Por eso aquellos monstruos podían hacer esas cosas asombrosas".

El Mundial de Chile 1962 quedó en la historia como un torneo organizado con determinación frente a la adversidad, marcado por la modestia de sus medios pero la grandeza de sus protagonistas, en una época donde el fútbol conservaba una esencia que el tiempo y la comercialización han transformado irrevocablemente.