Panamá regresa al Mundial 2026 con un proyecto consolidado y grandes retos
La selección de Panamá volverá a disputar una Copa del Mundo en 2026, pero esta vez con una realidad muy distinta a la de su participación anterior en Rusia 2018. Bajo la dirección del entrenador danés Thomas Christiansen, el equipo ha experimentado un crecimiento sostenido en los últimos años, logrando una identidad de juego definida y una posición más sólida en el panorama internacional. Sin embargo, el sorteo no fue benevolente: los canaleros quedaron ubicados en el Grupo L junto a Inglaterra, Croacia y Ghana, una de las zonas más exigentes del torneo.
La evolución de Panamá bajo el mando de Christiansen
Desde la llegada de Christiansen en 2020, Panamá ha experimentado una transformación futbolística significativa. El equipo pasó del puesto 87 al 33 en el ranking FIFA, y logró construir una estructura competitiva que le permitió ganar protagonismo en la región. Uno de los cambios más notables ha sido en su estilo de juego: dejó atrás la imagen de un equipo que dependía exclusivamente de la fortaleza física para convertirse en un conjunto que apuesta por la posesión, la circulación del balón y el orden táctico.
Los números de las eliminatorias reflejan esta evolución. Panamá promedió 405,5 pases por encuentro y alcanzó una posesión del 61,9%, cifras que demuestran una clara intención de controlar los partidos desde el juego. Además, la estructura defensiva consiguió cinco partidos con el arco en cero durante el proceso clasificatorio. La continuidad del cuerpo técnico también ha sido un factor determinante, ya que el equipo llega al Mundial con un proyecto consolidado y una idea de juego que los futbolistas conocen perfectamente.
El duro desafío del Grupo L: Inglaterra, Croacia y Ghana
El crecimiento deportivo de Panamá tendrá una prueba inmediata en la fase de grupos. El debut será el 17 de junio frente a Ghana en Toronto. Posteriormente, enfrentará a Croacia en la misma sede y cerrará su participación inicial contra Inglaterra en el Estadio Nueva York-Nueva Jersey. El grupo plantea un escenario complejo para los centroamericanos: Inglaterra aparece como candidato al título, Croacia mantiene una trayectoria consolidada en grandes competiciones, y Ghana representa un rival exigente que también buscará avanzar a las rondas eliminatorias.
La dificultad del calendario obliga a Panamá a maximizar cada detalle. El equipo sabe que dispondrá de menos oportunidades que en las eliminatorias regionales y que la eficacia será un aspecto determinante para mantenerse con opciones de clasificación.
Carrasquilla, la gran esperanza panameña
Gran parte de las esperanzas de Panamá recaen en Adalberto Carrasquilla, centrocampista de los Pumas de la UNAM. Se ha convertido en el referente futbolístico de la selección gracias a su visión de juego, capacidad para distribuir el balón y liderazgo dentro del campo. Su estado físico fue una preocupación previa al torneo debido a una lesión de aductor sufrida en la Liga MX, pero su evolución favorable alimenta el optimismo dentro del equipo. Cuando Carrasquilla encuentra espacios y puede manejar el ritmo del partido, Panamá suele mostrar su mejor versión.
Junto a él, Amir Murillo es otro nombre importante del plantel. La experiencia de ambos será fundamental para sostener a un grupo que intentará competir frente a rivales con mayor tradición mundialista.
Una selección respetada y con credenciales renovadas
Panamá afronta su segunda participación en una Copa del Mundo con una mezcla de ilusión y realismo. El equipo ya no llega como el mismo conjunto que sufrió en Rusia 2018, pero tampoco desconoce la magnitud del reto que tiene por delante. El verdadero examen comenzará cuando enfrente a tres selecciones acostumbradas a escenarios de máxima exigencia. La gran incógnita es hasta dónde podrá llegar esta generación. Más allá de los resultados, Panamá aterriza en el Mundial 2026 con una credencial que hace algunos años parecía lejana: la de ser una selección respetada, organizada y capaz de incomodar a cualquiera.



