Producción de granos colombiana se desploma en 2025 y amenaza seguridad alimentaria nacional
La Federación Nacional de Cultivadores de Cereales y Leguminosas (Fenalce) ha encendido las alarmas sobre una caída generalizada en la producción agrícola durante el año 2025, un fenómeno que compromete seriamente la seguridad alimentaria del país y evidencia problemas estructurales en el sector.
Reducción alarmante en áreas sembradas y producción
Según los datos presentados por el gremio, Colombia experimentó una disminución simultánea tanto en las áreas de siembra como en la producción de cereales y leguminosas durante el año pasado. Esta tendencia negativa afectó prácticamente todos los cultivos analizados, incluyendo aquellos considerados estratégicos para la alimentación nacional.
Los números son particularmente preocupantes:
- La producción de sorgo cayó un 72%, registrando la mayor contracción entre todos los granos
- El haba disminuyó un 48% en su producción
- La arveja experimentó una reducción del 30%
- El trigo cayó un 24%
- El maíz blanco registró una disminución del 12%
- El maíz amarillo bajó un 5%
- La soya, aunque con una caída menor del 2%, también mostró retroceso
Desincentivos estructurales para los productores
Arnulfo Trujillo Díaz, gerente general de Fenalce, explicó que esta situación responde a factores estructurales que desmotivan a los agricultores. "De cara a este panorama, incrementar las áreas cultivadas y la producción de nuestros granos es vital, pero no hay una política clara para estos sectores que les permita crecer, ser rentables y competitivos", señaló el dirigente gremial.
Entre los principales problemas identificados se encuentran:
- Eventos climáticos adversos que afectan los cultivos
- Ausencia de seguros agropecuarios competitivos
- Limitada disponibilidad de semillas adecuadas
- Bajos precios de los granos en el mercado
- Altos costos de producción que reducen la rentabilidad
- Problemas de infraestructura en secado y almacenamiento
Dependencia crítica de importaciones
La caída productiva ocurre en un contexto de alta vulnerabilidad externa. En 2025, Colombia requirió 15 millones de toneladas de granos para cubrir su demanda nacional, de las cuales el 88% fue satisfecho mediante importaciones. La producción local apenas representó el 12% del consumo total.
Los casos más críticos de dependencia externa incluyen:
- Trigo: 99,8% de dependencia de importaciones
- Cebada: 97,2% de dependencia de importaciones
- Soya: 93% de dependencia de importaciones
- Maíz amarillo: 88% de dependencia de importaciones
Incluso en cultivos donde la producción nacional tiene mayor participación, como el maíz blanco, el país aún depende en un 47% de importaciones para cubrir su consumo interno.
Paradoja productiva: más área, menos rendimiento
Un fenómeno particularmente preocupante es que algunos cultivos mostraron incrementos en superficie sembrada pero simultáneamente registraron caídas en producción. La cebada aumentó su área cultivada en un 21% y la soya en un 12%, pero ambas experimentaron reducciones en su producción total.
"Este comportamiento evidencia que incluso cuando se amplían áreas, los problemas de productividad y rendimiento limitan los resultados", explicó Trujillo Díaz, destacando que esto refleja fallas profundas en la estructura del sistema productivo agrícola colombiano.
Llamado urgente a políticas transformadoras
Fenalce ha hecho un llamado contundente al Gobierno nacional para implementar políticas estructurales que reviertan esta tendencia. El gremio insiste en la necesidad de cambios que involucren a todos los actores de la cadena productiva, desde la investigación científica hasta la regulación e incentivos al comercio.
"Fenalce está listo para acompañar este gran reto y lograr la tan anhelada seguridad y soberanía alimentaria. Sabemos que Colombia cuenta con suficiente potencial productivo, pero cualquier iniciativa de transformación requiere cambios estructurales", afirmó el gerente general de la federación.
La advertencia es clara: sin medidas oportunas y efectivas, Colombia podría profundizar su dependencia de importaciones y perder capacidad para producir alimentos estratégicos, con impactos directos sobre precios, abastecimiento y, fundamentalmente, sobre la seguridad alimentaria de toda la población.



