Comunidades campesinas toman la iniciativa ante décadas de aislamiento
En una de las regiones más remotas y biodiversas de Colombia, específicamente en el municipio de Uribe, departamento del Meta, un grupo de campesinos ha emprendido una obra monumental con sus propias manos y recursos. Las comunidades organizadas en Juntas de Acción Comunal del cañón del río Duda están construyendo una carretera que busca conectar directamente con la localidad de Sumapaz en Bogotá, donde actualmente termina la red vial formal.
Una lucha contra el tiempo y las condiciones adversas
La situación actual es desesperante para los productores agrícolas de la zona. Para transportar sus cosechas de frijol, arveja, queso y ganado hasta los mercados, deben realizar jornadas extenuantes que pueden extenderse entre uno, dos o incluso tres días completos. Olmedo Cifuentes, campesino de la vereda La Sonora, describe con crudeza la realidad: "Estas cargas vienen de la vereda Centro Duda. Las mulitas hacen dos días de camino".
El trayecto se realiza por trochas que solo son transitables por personas y caminos de herradura en pésimo estado, especialmente durante la temporada de lluvias. "El camino está pésimo. Ahorita con la inviernada se pone complicado para las mulitas", advierte Cifuentes, quien dedica jornadas completas desde las cinco de la mañana hasta las cuatro o cinco de la tarde cargando y soltando animales.
El esfuerzo colectivo como única alternativa
Frente a esta realidad, las comunidades han decidido intervenir directamente el terreno. Con trabajo colectivo y aportes económicos propios, han logrado avanzar significativamente en algunos tramos, particularmente en sectores como Los Mortiños, donde las mejoras ya han reducido los tiempos de tránsito de las mulas.
José Agapito Ortigoza Torres, tesorero de la Junta de Acción Comunal de la vereda La Sonora, es categórico al afirmar: "Para la vía que se está haciendo, todo ha sido de las comunidades. Decir que nos han aportado para ese camino no es cierto. Todo lo que se ha hecho es de la región".
El objetivo final es ambicioso pero transformador: una carretera que permita el ingreso de vehículos, reduciendo el trayecto completo a apenas una hora y media o dos horas, en lugar de los actuales tres días. "En carro sería mucho más rápido, ya no tocaría cargar tanto en mulas", resume con esperanza uno de los campesinos involucrados en el proyecto.
Versiones encontradas sobre el apoyo institucional
Mientras los líderes comunitarios insisten en el abandono estatal, el alcalde de Uribe, Deison Cantor Rodríguez, presenta una versión diferente. El mandatario municipal rechaza las afirmaciones de falta de apoyo y asegura que su administración sí ha estado presente en la zona con visitas institucionales, brigadas de salud y entregas de insumos como cemento, tejas, varillas y materiales para infraestructura comunitaria.
"Que no se les ha ayudado, eso es una mentira", señala Cantor, quien menciona haber gestionado convenios y apoyos para otras obras en la región. Sin embargo, reconoce limitaciones significativas para intervenir en la apertura de nuevas vías, tanto por restricciones ambientales -al tratarse de zona que colinda con el Parque Natural Sumapaz- como por la amplitud del municipio y la disponibilidad de recursos.
Un territorio marcado por el conflicto y la resiliencia
Durante décadas, el conflicto armado mantuvo a estas comunidades en el olvido más absoluto. Hoy, pese a un contexto de mayor estabilidad, las dificultades de acceso siguen marcando su cotidianidad. Las familias, muchas asentadas desde hace más de medio siglo, han construido una vida basada en la autosuficiencia y la organización comunitaria.
Esa misma organización es la que hoy levanta la carretera, una obra que consideran urgente y que avanza sin maquinaria estatal ni financiación oficial directa, según insisten los propios campesinos. La vía no solo busca reducir tiempos y costos de transporte, sino romper décadas de aislamiento en un territorio donde confluyen los ecosistemas andino, amazónico y de la Orinoquía.
Un llamado abierto a la solidaridad
Los campesinos del cañón del río Duda hacen un llamado urgente a cualquier actor dispuesto a contribuir -ya sea el Gobierno, instituciones o particulares- para terminar una obra que podría cambiar radicalmente su relación con los mercados y conectar esta región con Bogotá en cuestión de horas en lugar de días.
La iniciativa representa un ejemplo palpable de resiliencia comunitaria frente a la adversidad, pero también evidencia las profundas brechas de infraestructura que persisten en regiones históricamente marginadas del país. Mientras las versiones sobre el apoyo institucional continúan en disputa, en el territorio la obra avanza a pulso, demostrando que cuando las instituciones fallan, la organización comunitaria puede convertirse en la última esperanza para el desarrollo.



