La crisis del arroz en Colombia: más allá de los precios y los paros
El arroz se ha convertido en noticia recurrente en Colombia durante el último año. Hace exactamente doce meses, el Gobierno Nacional y los productores de arroz celebraron un acuerdo que puso fin a un paro de nueve días con bloqueos en departamentos como Norte de Santander, Huila, Tolima, Santander, Casanare, Meta y Cesar. Los arroceros habían presentado un pliego de diez peticiones que en su mayoría fueron aceptadas, incluyendo ajustes de precio, alivio a deudas, protección frente a importaciones y modificación de la tasa por uso de agua para irrigación.
Un problema recurrente que no cesa
Tan sólo cuatro meses después estalló un segundo gran paro nacional arrocero, centrado en la caída del precio del cereal y las pérdidas económicas que, según Fedearroz, alcanzaban entre $2,5 y $2,8 millones por hectárea. Tras once días de bloqueos, Gobierno y arroceros cerraron un acuerdo de siete puntos con la regulación del precio como eje central. Desde octubre pasado hasta la actualidad, el sector mantiene una actividad intensa, con la prensa nacional reportando semanalmente sobre crisis de sobreoferta, contrabando, peticiones de precios regulados y solicitudes de apoyos directos.
El lado invisible de la producción arrocera
Pese a la abundante cobertura mediática sobre este cereal fundamental en la culinaria colombiana, se habla muy poco sobre las condiciones de trabajo de quienes lo cultivan. Esta omisión resulta particularmente grave considerando que varios estudios durante la última década han alertado sobre el daño que esta labor puede causar a los cuerpos de los trabajadores y han pedido mejoras en las condiciones de empleo.
Un estudio liderado por Marcela Varona en los municipios de Guamo, Espinal y Purificación (Tolima) encontró condiciones laborales precarias: muchos trabajadores no estaban protegidos por el sistema de riesgos laborales, y se registraron intoxicaciones leves (12,9%), moderadas (68%) y severas (5,5%) por plaguicidas. En su investigación sobre pequeños arroceros en Natagaima (Tolima), López, Pinedo y Zambrano afirmaron que los trabajadores enfrentaban una alta vulnerabilidad a la intoxicación aguda y crónica por plaguicidas, y que aunque existe cierta conciencia del riesgo, no se garantizan medidas adecuadas de protección.
Daño renal y exposición a sustancias peligrosas
Estas y otras investigaciones detectaron además alteraciones en la función renal entre los trabajadores arroceros. Una publicación liderada por Carlos Musso en la Revista Colombiana de Nefrología describe un estudio en Sitio Nuevo (Magdalena) donde 5 de 28 trabajadores rurales de arroz (18%) presentaron durante la jornada laboral un "aumento significativo de creatinina sérica, junto con cambios compatibles con deshidratación". Esto significa que casi una quinta parte de estos hombres desarrolló parámetros compatibles con daño renal agudo durante su trabajo en arroceras del Caribe colombiano.
La investigación encontró además que estos trabajadores tenían:
- Bajo nivel socioeconómico durante su vida laboral
- Inicio en la agricultura desde los 18 años
- Exposición constante a agroquímicos
- Jornadas laborales de ocho horas con periodos de descanso programados
Metales pesados y estrés térmico: factores de riesgo adicionales
Las investigaciones sobre condiciones laborales en tierras arroceras, que son lamentablemente escasas, coinciden en atribuir un papel importante a los metales pesados o agroquímicos: fertilizantes y pesticidas. Los pesticidas contienen agentes como cadmio, arsénico, cromo y otros metales pesados que pueden dañar los riñones y afectar su funcionamiento. La exposición crónica a estas sustancias puede derivar en la acumulación de estos metales en el cuerpo y ocasionar problemas serios a mediano plazo.
Pero quizá lo más preocupante es que numerosos estudios en América Latina y el Caribe anuncian que el estrés térmico recurrente (o golpe de calor) podría provocar daño renal a trabajadores rurales. En el caso colombiano, se ha explicado cómo la deshidratación repetitiva suele empeorar si se toman bebidas dulces (con fructosa) para calmar la sed, una práctica culturalmente común entre los trabajadores del campo.
Esta situación se agrava considerando que el IDEAM proyecta para 2050 un aumento de la temperatura media de 1,5°C a 2°C, con mayor riesgo de olas de calor y, en algunas regiones del país, menor disponibilidad de agua. El cambio climático podría así exacerbar las ya difíciles condiciones laborales en los arrozales colombianos, creando un círculo vicioso de riesgos para la salud de quienes producen uno de los alimentos más consumidos en el país.



