Consuelo Rueda: La guardiana del cacao que transforma vidas en San Vicente de Chucurí
Guardiana del cacao transforma vidas en Santander

La guardiana del cacao santandereano

En las montañas de San Vicente de Chucurí, reconocida como la capital cacaotera de Colombia, una mujer santandereana trabaja incansablemente por proteger la relación ancestral de su comunidad con el cacao. Consuelo Rueda, nacida en el corregimiento de La Quitaz, en el municipio de La Belleza, ha dedicado su vida a preservar los saberes tradicionales que heredó de su familia.

Una herencia que marca el camino

Desde muy pequeña, Consuelo aprendió el valor del cacao a través de su abuela, Encarnación Ruiz, quien cultivaba este fruto con dedicación constante. "Mi nonita siempre cultivó cacao. Había una economía muy diversa en ese entonces, con plátano, ganadería y café, pero ella mantuvo siempre su compromiso con el cacao", recuerda Consuelo con emoción.

Incluso durante la época de la cultura cocalera, su abuela fue una de las pocas personas que resistió el cambio, demostrando una fortaleza admirable. "Vi en ella mucha gratitud, tranquilidad, dulzura y coraje. Su estabilidad influyó profundamente en mí. Ver su calidad de vida y cómo con poco tenía lo suficiente fue verdaderamente inspirador", narra la emprendedora.

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Dmonte Puro Cacao: Un proyecto con propósito

A través de su marca, Dmonte Puro Cacao, Consuelo ha emprendido un camino propio enfocado en devolverle a la tierra una parte de lo que le ha otorgado. Su emprendimiento va más allá de la producción de exquisitas tabletas de chocolate elaboradas con frutos secos y frutas deshidratadas.

"Nosotros no vendemos simplemente nuestro producto en almacenes. Vendemos una finca y la experiencia completa en torno al cacao", explica Consuelo con convicción. Cada día, dedica horas a seleccionar, cuidar y preservar ese fruto que ha pasado por generaciones, honrando el cultivo que sustituyó la violencia y trajo la paz nuevamente a su comunidad.

Impacto regional y compromiso ambiental

El cacao se siembra en 56 de los 87 municipios de Santander y es fuente de sustento para más de 22 mil familias en la región. Aunque Consuelo señala que su finca es pequeña y su producción modesta, su impacto en el territorio es invaluable.

En su finca se cultivan plantas nativas que sirven de alimento para las aves, se cuidan meticulosamente los recursos naturales y se mantiene una producción limpia. Cada decisión agrícola busca proteger el entorno donde crece el cacao, resultando en un chocolate que conserva auténticamente el carácter del grano santandereano.

Un legado que se comparte

Junto a su esposo, Sandro Javier Muñoz Calderón, Consuelo consolidó un proyecto que integra cultivo, transformación artesanal y experiencias directas para quienes visitan la finca. Pero su visión va más allá: ha enfocado sus esfuerzos en compartir el conocimiento acumulado durante años.

"Mi motivación para crear este proyecto fue enseñarle a otras mujeres y niñas campesinas a transformar el cacao. Inicialmente lo llamé Escuela de mujeres empresarias cacaocultoras", revela Consuelo. Su interés se centra en capacitar a mujeres rurales para que encuentren en la tierra una oportunidad de desarrollo sostenible.

"Quería que aprendieran a aprovechar la tierra, sus productos y a ser más sostenibles", añade la guardiana del cacao, cuyo trabajo demuestra que es posible construir economías locales prósperas mientras se preservan tradiciones ancestrales y se protege el medio ambiente.

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