A 80 años de su muerte: el legado de Keynes y su vigencia en la economía actual
Keynes a 80 años: su legado y vigencia en la economía

A 80 años de su muerte: el legado perdurable de John Maynard Keynes

Este año se conmemoran ocho décadas del fallecimiento de John Maynard Keynes, una de las mentes más brillantes del pensamiento económico y social del siglo XX. Aunque su muerte ocurrió en abril, vale la pena recordar su figura ahora, con la esperanza de que reciba la conmemoración seria que merece por su profunda influencia en la teoría económica moderna.

Una vida marcada por la paradoja y la transgresión

La vida de Keynes estuvo caracterizada por constantes contradicciones y rupturas con las convenciones de su tiempo. Nacido en el seno de las élites del imperio británico, de las cuales nunca se desligó completamente, se convirtió sin embargo en un crítico feroz de esas mismas estructuras de poder. Durante su juventud, se sumergió en una vida bohemia marcada por numerosos romances homosexuales, hasta que conoció a una bailarina rusa a quien consideró "un ser perfecto" y con quien contrajo matrimonio, viviendo una relación feliz y duradera.

Para los lectores más conservadores: no se trató de una "cura", sino simplemente de un cambio de opinión y forma de vida. Esta flexibilidad caracterizó toda su trayectoria intelectual y personal.

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Un pensador multifacético y visionario

Contrario a lo que suele pensarse en algunos círculos colombianos, Keynes fue simultáneamente:

  • Un pensador cuyas mejores intuiciones trascendían la coyuntura inmediata
  • Un formador de nuevas generaciones de analistas económicos de primer nivel
  • Un técnico que promovía activamente diseños institucionales adecuados para cada momento histórico
  • Un periodista de alto calibre, dotado de una ferocidad intelectual poco común
  • Un activista comprometido con las causas que consideraba justas

Incluso incursionó en la política, aunque con menos éxito en esta faceta. Esta versatilidad le costó dejar muchas obras incompletas, pero le permitió aplicar sus capacidades a múltiples dominios del conocimiento.

Tres ideas fundamentales que mantienen vigencia

Aunque sería imposible analizar exhaustivamente su pensamiento en este espacio, destacamos tres ideas particularmente relevantes:

Primero: Como muchos de sus contemporáneos -incluyendo marxistas y conservadores como Schumpeter- Keynes reconocía que el capitalismo liberaba fuerzas destructivas de enorme poder. Sin embargo, a diferencia de ellos, creía que la democracia liberal podría domesticar gradualmente esas fuerzas mediante el Estado regulador, controlado a su vez por la presión democrática.

Segundo: En su texto clásico "Las consecuencias económicas de la paz" y a través de un activismo lúcido, advirtió que una paz mezquina, limitada y a medias abre inevitablemente el camino a nuevos ciclos de violencia. Por comprender esto, fue uno de los pocos que vislumbró cómo el Tratado de Versalles, que cerraba la Primera Guerra Mundial, en realidad preparaba el terreno para la Segunda.

Tercero y fundamental: Keynes creyó con fe casi religiosa en el poder transformador de las ideas. Reconocía que las grandes causas que defendía -la construcción de un Estado regulador y democrático, y una paz generosa y sostenible- enfrentaban poderosos intereses establecidos. Pero mantenía la esperanza de que las "ideas correctas", planteadas en el momento adecuado, pudieran alinear esos intereses hacia el bien común.

Keynes vs. neoliberalismo: una batalla ideológica continua

El triunfo del neoliberalismo se construyó sobre lo que muchos consideraron el "cadáver" de Keynes. Esta corriente significó:

  1. La celebración de los "demonios" del capitalismo en lugar de su domesticación
  2. La destrucción sistemática del Estado y la estigmatización de la regulación
  3. El debilitamiento paralelo de los controles democráticos

Keynes insistía en que la inclusión social -necesaria para domesticar esos demonios- no podía esperar a "las calendas griegas". Debía implementarse inmediatamente, pues "en el largo plazo todos estamos muertos", como expresó en uno de sus aforismos más memorables.

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La situación económica actual, marcada por profundas desigualdades y crisis recurrentes, ofrece razones adicionales para revisitar el pensamiento keynesiano. Su visión de un capitalismo domesticado por la democracia y regulado por un Estado eficaz mantiene una sorprendente vigencia en los debates económicos contemporáneos.

Por Francisco Gutiérrez Sanín