El trabajo femenino que florece en los campos colombianos
Cuando el sol aún no asoma en el horizonte y la neblina cubre los cultivos, Yolanda Camacho ya camina entre los rosales con sus tijeras en mano. A las seis de la mañana, con temperatura fría y ambiente húmedo, comienza su jornada seleccionando una a una las rosas, identificando el momento exacto de madurez y cortando cada tallo con precisión milimétrica para no dañar las flores.
Esta labor representa el primer eslabón de una cadena que transforma la belleza natural en una de las exportaciones más importantes de Colombia, especialmente durante la temporada de San Valentín que se celebra cada 14 de febrero.
Un proceso minucioso que cruza fronteras
El trabajo de Camacho y miles de mujeres como ella continúa tras la cosecha, cuando las flores son cuidadosamente empaquetadas para mantener la cadena de frío entre 2 y 3 grados centígrados. Esta temperatura controlada es esencial para conservar la forma y aroma de las flores durante su viaje hacia los 100 países que reciben exportaciones colombianas.
"De este trabajo he podido sacar lo necesario para tener mis cosas, mi casa, para ayudar a mi familia", explica Camacho a EFE, quien confiesa sentir una alegría silenciosa al saber que un producto trabajado con sus propias manos llega a tantas personas y es recibido con tanto cariño en diferentes rincones del mundo.
Cifras que demuestran el impacto económico y social
La industria floricultora colombiana genera más de 150.000 empleos directos, con una particularidad significativa:
- Aproximadamente el 60% de estos puestos están ocupados por mujeres
- De estas trabajadoras, un 55% son madres de familia
- Durante la temporada de San Valentín se suman alrededor de 20.000 empleos adicionales
El año pasado, pocas semanas antes de la celebración del amor, Colombia exportó más de 65.000 toneladas de flores, equivalente a más de 900 millones de tallos que abandonaron los invernaderos nacionales. Los principales destinos incluyen:
- Estados Unidos (80% del total)
- Canadá (4%)
- Reino Unido (3%)
- Países Bajos (2%)
- Japón (2%)
La zona de poscosecha: donde la precisión se acelera
Después del corte, las flores ingresan a la zona de poscosecha, un espacio donde el ritmo se intensifica notablemente. Aquí son recibidas para ser clasificadas, hidratadas y revisadas una por una antes de su organización y empaque final.
Sonia Sarmiento, con 38 años de experiencia trabajando entre flores, selecciona rosas, limpia sus pétalos exteriores y las agrupa para crear ramos perfectos. "Es lo que me ha dado para que mis hijos estudien, para que hoy en día sean unos profesionales, para estar bien", relata Sarmiento, quien describe este oficio como un soporte de vida fundamental que le ha permitido proveer constantemente para su familia.
La logística detrás del éxito exportador
El trabajo de las mujeres en cultivos y poscosecha se articula con una operación logística que permite enfrentar la temporada de San Valentín, una de las más importantes del año según Carolina Pantoja, directora de economía y logística de la Asociación Colombiana de Exportadores de Flores (Asocolflores).
Esta temporada representa entre el 18% y 20% del volumen total anual de exportaciones, consolidando a la industria floral como el tercer sector generador de divisas del país, solo superado por el sector minero-energético y el café verde.
Los números respaldan esta afirmación:
- En 2024, las exportaciones alcanzaron aproximadamente 2.350 millones de dólares
- Entre enero y noviembre de 2025 superaron los 2.200 millones de dólares
- Se registró un crecimiento del 3% frente al mismo periodo del año anterior
Pantoja destaca que este crecimiento constante reivindica el valor de la flor colombiana en los mercados internacionales, un éxito construido sobre el trabajo dedicado de miles de mujeres que, como Yolanda y Sonia, encuentran en los cultivos no solo un sustento económico, sino una fuente de orgullo y realización personal.
El ambiente laboral, según describen las trabajadoras, es generalmente positivo, con un espíritu de colaboración que se fortalece especialmente durante febrero cuando la presión aumenta. Las mujeres se apoyan mutuamente para enfrentar la demanda internacional, creando redes de solidaridad que trascienden las tareas cotidianas.



