La Mojana: Mujeres rurales transforman la gestión ambiental pero enfrentan barreras de cuidado
La región de La Mojana, ese complejo sistema hídrico que conecta los departamentos de Antioquia, Bolívar, Córdoba y Sucre, se encuentra hoy en el centro de un debate crucial para el desarrollo rural colombiano. En este territorio, donde los índices de pobreza superan en 1,5 veces el promedio nacional y la vulnerabilidad ambiental marca el ritmo de la vida cotidiana, ha surgido un actor transformador: la mujer rural.
Empoderamiento femenino como motor de cambio
Los resultados de una evaluación reciente realizada por Econometría Consultores sobre el fortalecimiento de las Organizaciones de Base Comunitaria (OBC) en la zona demuestran que el empoderamiento femenino no es solo una cuestión ética, sino el motor más eficiente para la adaptación climática y la transparencia administrativa. En municipios como Ayapel, San Marcos, Majagual, Guaranda y Nechí, las mujeres han pasado de roles tradicionalmente secundarios a liderar la gestión técnica y financiera de proyectos de restauración ecológica.
No se trata de una participación simbólica: en núcleos específicos de intervención, la vinculación laboral femenina alcanzó proporciones de hasta el 80%. Esta cifra representa la semilla de un retorno colectivo sin precedentes, conocido como "dividendo social de género", que se manifiesta en:
- Hogares con mejor nutrición infantil y familiar
- Ecosistemas restaurados mediante técnicas sostenibles
- Cohesión social fortalecida que actúa como barrera contra la degradación territorial
La mujer de La Mojana hoy no solo siembra cultivos tradicionales; administra recursos bajo estándares internacionales, lidera procesos de viverismo especializado y coordina la limpieza de caños y humedales, ganando una autonomía financiera que impacta directamente en la calidad de vida de sus familias.
La doble jornada: barrera invisible para el desarrollo
Sin embargo, este éxito rotundo ha evidenciado una problemática estructural que Colombia no puede seguir ignorando: la "doble jornada" laboral que recae sobre las mujeres rurales. La evidencia es contundente: mientras las mujeres asumen roles protagónicos en la restauración de ecosistemas, la carga del trabajo doméstico y de cuidado no remunerado sigue siendo desproporcionadamente femenina.
Esta realidad crea una tensión constante entre el deseo de participar en el desarrollo comunitario y la exigencia de cumplir con labores de:
- Cocina y preparación de alimentos
- Limpieza del hogar y mantenimiento
- Atención a niños, personas mayores y enfermas
Es una contradicción sistémica: se les pide que rescaten el territorio de la crisis climática mientras se las deja solas en la gestión del cuidado familiar.
Sistemas de cuidado: inversión necesaria para la sostenibilidad
La lección más crítica que surge de La Mojana es que la participación plena de la mujer es físicamente insostenible sin una infraestructura de soporte y sin una repartición más equitativa de las tareas del hogar. Durante las intervenciones, se identificó que la sobrecarga de tareas domésticas actúa como un "techo de cristal" que limita la permanencia de las líderes en sus cargos.
Ante esto, la recomendación estratégica del estudio es la institucionalización de Sistemas de Cuidado Interno como política transversal en intervenciones de desarrollo rural. No basta con invitar a las mujeres a las asambleas; es necesario que los programas incluyan, desde su presupuesto inicial, mecanismos que alivien la carga del cuidado.
En La Mojana ya se han piloteado soluciones con éxito relativo:
- Espacios de cuidado itinerantes: permitieron que mujeres asistieran a talleres y jornadas de reforestación mientras sus hijos contaban con atención segura en el territorio
- Jornales de cuidado: propuesta de inclusión formal dentro de acuerdos financieros con organizaciones, reconociendo económicamente a quienes asumen tareas de atención familiar
Estas medidas representan una inversión necesaria para garantizar que la capacidad técnica instalada en las OBC no se pierda por el agotamiento físico de sus integrantes.
Articulación con políticas nacionales y fortalecimiento organizacional
Para que estos avances no sean temporales, la hoja de ruta propuesta sugiere adoptar los lineamientos del Programa Nacional de Cuidado del Ministerio de Igualdad y Equidad. Esto implica que cualquier intervención futura en la región debe articularse con programas estatales de soporte, como Renta Ciudadana, para brindar respaldo económico adicional a mujeres que lideran procesos ambientales mientras ejercen labores de cuidado.
La meta es ambiciosa: transitar de un modelo donde la mujer "ayuda" voluntariamente a uno donde su tiempo es valorado y sus necesidades de cuidado son cubiertas por una red colectiva.
Desde la perspectiva de gestión organizacional, el Índice de Capacidades Organizativas (ICO) aplicado en la zona reveló un desequilibrio significativo. Las organizaciones lideradas por mujeres demostraron:
- Eficiencia superior en gestión administrativa y financiera
- Rápida adopción de herramientas como billeteras digitales
- Rendición de cuentas transparente y sistemática
No obstante, su capacidad de relacionamiento externo y planificación estratégica sigue siendo débil, consecuencia directa de la falta de tiempo disponible.
Corresponsabilidad y relevo generacional
El fortalecimiento de las OBC exige un enfoque de corresponsabilidad. Aunque se ha observado un inicio de redistribución de tareas en algunos hogares, donde los hombres comienzan a asumir roles domésticos, el cambio cultural es lento y requiere intervención deliberada.
La recomendación es clara: el relevo generacional debe incentivar a los jóvenes a asumir no solo las herramientas tecnológicas para la restauración ambiental, sino también la ética del cuidado compartido. Solo así se podrá asegurar que la autonomía económica lograda mediante la venta de plántulas o la gestión de microacueductos sea el motor de una transformación duradera.
En conclusión, La Mojana ofrece un espejo del futuro rural colombiano. El liderazgo femenino ha demostrado ser la barrera más efectiva contra la degradación ambiental y la desarticulación social. Pero este dividendo de género para la sociedad no puede seguir financiándose con el sacrificio personal de las mujeres. La creación de sistemas de cuidado robustos, financiados y territorializados es la única garantía de que estas organizaciones transiten hacia la verdadera autonomía económica. Colombia tiene en esta región un modelo para construir un desarrollo rural que no solo sea ambientalmente sostenible, sino también profundamente equitativo y justo.



