Productividad laboral y estancamiento de las empresas: los temas que Colombia debe discutir urgentemente
En medio de las polémicas diarias sobre política y elecciones presidenciales, Colombia ha dejado de lado debates fundamentales para su desarrollo económico. Mientras los candidatos centran sus discursos en evitar victorias de derecha o izquierda, las ideas económicas concretas brillan por su ausencia. La mayoría promete crecimiento, seguridad y empleo, pero pocos explican cómo lograrlo, y sus planes rara vez superan los cuatro años de mandato, careciendo de visión a largo plazo.
La productividad laboral: un desafío crítico para la competitividad
El reciente aumento del salario mínimo del 23,7% ha generado controversia, pero el problema de fondo es la baja productividad del empleo en Colombia. Mientras un trabajador en Estados Unidos produce alrededor de 87 dólares por hora, en Colombia apenas alcanza los 23 dólares, lo que significa una productividad 3,8 veces menor. La Productividad Total de Factores creció menos que la economía en 2025, indicando que, aunque se contratan más personas, cada una produce menos, encareciendo los costos y reduciendo la competitividad.
Mejorar la productividad no es solo responsabilidad del trabajador, sino que depende de inversiones en capital, tecnología, capacitación y un entorno empresarial que incentive la eficiencia. Factores como la baja inversión en formación, incentivos desalineados y limitaciones estructurales afectan el desempeño laboral. Subir salarios sin aumentar la productividad puede llevar a despidos y mayor informalidad, destruyendo empleo formal. Es crucial fortalecer el capital humano, mejorar la calidad educativa y alinear instituciones como el SENA con las necesidades del sector productivo.
El estancamiento empresarial: alta mortalidad de empresas en Colombia
Colombia cuenta con entre 1,5 y 1,7 millones de empresas activas, pero cada año, de las aproximadamente 300.000 nuevas creadas, menos del 50% sobrevive cinco años. Muchas no cierran formalmente, sino que simplemente dejan de operar, desapareciendo con el tiempo. El tejido empresarial está dominado por micro y pequeñas empresas con debilidades económicas y administrativas estructurales, donde el dueño es también el administrador, con capital limitado y acceso restringido a financiación.
Estas empresas, nacidas del empuje de colombianos que buscan mejorar sus condiciones de vida, enfrentan múltiples desafíos: baja capacidad administrativa, alta carga regulatoria, dificultades de acceso a mercados, complejidad tributaria y limitaciones en financiación. El acceso al crédito, mal gestionado, puede convertirse en un factor de riesgo que lleve a la liquidación. Para reducir esta mortalidad, se necesitan esquemas normativos y tributarios diferenciados que permitan a las empresas consolidarse antes de asumir cargas plenas, transformando un mar de empresas pequeñas en un océano de gigantes sostenibles.
Instituciones públicas y procesos eficientes: un cuello de botella para la inversión
Iniciar proyectos de gran envergadura en Colombia es un proceso excesivamente complejo. Mientras en países de la OCDE la obtención de licencias tarda alrededor de 18 meses, en Colombia puede extenderse a 4 años en promedio, e incluso llegar a una década. Los obstáculos incluyen consultas previas sin tiempos definidos, judicialización de proyectos y multiplicidad de trámites ante distintas entidades, lo que genera incertidumbre, retrasa la inversión y encarece los proyectos.
Superar estos cuellos de botella requiere ajustes institucionales que mejoren la coordinación entre entidades, establezcan tiempos claros y reduzcan la dispersión regulatoria. Las consultas previas deben cumplir su propósito de compensar adecuadamente a las comunidades impactadas, sin convertirse en fichas de negociación para intereses particulares. Implementar mecanismos como ventanillas únicas y procesos más ágiles es clave para destrabar la inversión y gestionar riesgos estratégicos de manera eficiente.



