En las costas del Chocó, la pesca artesanal tiene una lógica propia que difiere de la pesca de río o litoral. Los pescadores de esta región del Pacífico colombiano recorren largas distancias en alta mar para llegar a caladeros ricos en especies de alto valor, una práctica perfeccionada por generaciones. Una de sus técnicas ancestrales más ingeniosas es el “payao”, que consiste en sumergir un tronco de mangle nato (Mora oleifera) anclado al fondo con cuerdas cubiertas de ramas de palma de coco, creando refugios artificiales donde se congregan especies grandes. “Es una forma de llamar al pez sin perseguirlo”, explica Mauricio Bechara, investigador de la Universidad Tecnológica del Chocó.
Sin embargo, la distancia encarece y complica la pesca. Hasta hace poco, el único punto de venta de hielo era Ciudad Mutis, en Bahía Solano; un pescador de Cabo Marzo debía viajar más de tres horas para conservar su captura, aumentando costos. Con el apoyo de ABRIGUE (Agroecología, Bioeconomía, Resiliencia, Innovación, Gobernanza y Unión Europea) y la cooperación de la Unión Europea, se instalaron equipos de producción de hielo en salmuera en puntos estratégicos, acercando la cadena de frío a los pescadores.
Programa ABRIGUE: transformación agroalimentaria
Las soluciones implementadas son parte del programa ABRIGUE, liderado por el Instituto Amazónico de Investigaciones Científicas (Sinchi) y respaldado por el programa DeSIRA de la Unión Europea. Durante cinco años, se desarrollaron iniciativas para transformar los sistemas agroalimentarios hacia modelos sostenibles y resilientes al cambio climático, en alianza con comunidades campesinas y afrodescendientes.
“El proyecto ha trabajado directamente con comunidades para fortalecer sus capacidades técnicas, organizativas y de gobernanza, integrando conocimiento local y ciencia aplicada”, explica Luz Marina Mantilla Cárdenas, directora del Sinchi. Se destacan avances en cadenas de valor como cacao, canangucha, ganadería láctea, copoazú, vainilla, coco y pesca artesanal sostenible.
Enfoque en pequeñas parcelas y paz territorial
Según la FAO, más del 90 % de las granjas del mundo son familiares y dependen de mano de obra familiar. Con este enfoque, se impulsaron producciones en pequeñas parcelas de copoazú, cacao, ganadería láctea y canangucha en el sur del Caquetá (San José de Fragua, Belén, Montañita) y el sur del Meta (Mesetas, Uribe, Vista Hermosa, Macarena), en alianza con el Ministerio de Ciencias, el CIRAD de Francia, AGROSAVIA y la Universidad Tecnológica del Chocó.
Carlos Rodríguez, coordinador de ABRIGUE, señala: “El sur del Meta, Caquetá y Chocó marino-costero son zonas con décadas de conflicto armado, economías ilegales y deforestación. El proyecto buscaba contribuir a la paz territorial”. En total, se trabajó directamente con 586 familias en 10 municipios, desarrollando prácticas agroecológicas y 12 productos de bioeconomía que benefician a 1.149 familias de 14 organizaciones sociales.
Plataformas de innovación y agroecología
Se desarrollaron diez plataformas de innovación, un modelo de trabajo en red con múltiples actores, donde se realizaron 50 encuentros para co-diseñar soluciones agroecológicas y de bioeconomía. “Las soluciones no llegaron hechas; problemas y soluciones se encontraron ahí”, afirma Rodríguez. En el Chocó, se aprovechó el crecimiento silvestre de Vanilla planifolia. “La humedad del Chocó supera el 80 %; construimos un domo para mejorar el secado”, detalla Bechara.
Miguel Serrano, de Agrosavia, destaca la importancia de sistemas diversificados: “En cacao, trabajamos sistemas agroforestales que incorporan especies maderables o de autoabastecimiento”. Las fincas que completaron el 80 % de transición agroecológica redujeron en un 17,4 % su impacto en el calentamiento global. En Caquetá, la adopción masiva podría reducir las emisiones de CO2 en más de 19 millones de toneladas anuales.
Resultados ambientales y económicos
Las fincas participantes incrementaron en 36 % las reservas de carbono, 35 % la diversidad taxonómica de plantas y hongos, más de 30 % la riqueza de macrofauna del suelo y 66,4 % la diversidad productiva. Además, las familias en transición avanzada pueden alcanzar tasas de rentabilidad entre 30 y 35 % superiores a la ganadería tradicional.
Se generaron productos comerciales como chocolate artesanal, vainilla curada, aceite de coco y derivados de canangucha y copoazú, con un sello de garantía comunitario mediante un Sistema de Garantía Participativo que certifica origen orgánico y cero deforestación.
Desafío de escalar el modelo
La ministra de Ambiente (e), Irene Vélez, afirmó: “ABRIGUE ha demostrado que es posible transitar hacia modelos agroalimentarios sostenibles y resilientes”. El Sinchi asegura que los desarrollos ya se incorporaron en iniciativas nacionales como los Núcleos de Desarrollo Forestal y la Biodiversidad. Más de 4.100 personas recibieron capacitación. “El modelo está probado; necesitamos voluntad para escalar a otras zonas”, concluye Luz Marina Mantilla.



