La nueva sede de posgrados de la Universidad del Atlántico ha dejado los planos para convertirse en una realidad tangible. El polvo, la maquinaria amarilla, los camiones y los obreros que se movilizan sin descanso en el lugar de la obra son prueba del avance constante de este ambicioso proyecto de modernización y ampliación de la antigua sede de la Uniatlántico, ubicada en la calle 52 con carrera 43, en el centro de Barranquilla.
El ritmo de trabajo se refleja en cifras concretas: esta semana se removieron 5.650 metros cúbicos de escombros, equivalentes a 376 viajes de volquetas, para dar inicio oficial a la fase de cimentación. Con una inversión que alcanza los $60.800 millones, el gobierno de Eduardo Verano de la Rosa busca saldar una deuda histórica con la infraestructura de la sede centro, levantando un complejo moderno donde antes solo existían estructuras obsoletas que no cumplían con las normas de sismorresistencia.
Supervisión y avances
El gobernador Eduardo Verano supervisó personalmente el progreso de las obras. “Hoy estamos haciendo seguimiento riguroso a esta obra que es fundamental para el futuro de la educación superior en el Atlántico. Esta sede de posgrados es parte de nuestro compromiso de brindar mejores espacios a los estudiantes y garantizar formación de alta calidad. Nos hemos puesto la camiseta para cumplirle a toda la comunidad universitaria”, afirmó el mandatario durante una inspección técnica en la que verificó que la demolición del antiguo edificio de arquitectura ya se completó al 100 %.
Esta nueva etapa de excavaciones profundas, explicaron funcionarios a EL TIEMPO, permitirá soportar el peso de una edificación que promete convertirse en el referente académico más importante del Caribe colombiano.
Dos edificios para una nueva era académica
El proyecto, que se integra al Plan Integral de Infraestructura de la Universidad con inversiones totales que superan los $148.000 millones, no es una intervención menor. Según el documento original al que tuvo acceso EL TIEMPO, la obra contempla la construcción de dos bloques diferenciados. El primero será el edificio de posgrados, una estructura de siete niveles que se convertirá en el motor de la especialización en la región. El segundo será un edificio de servicios de cinco pisos que servirá de soporte logístico para todo el campus de la sede centro.
Óscar Pantoja, secretario de la junta de la ciudadela universitaria, explicó que esta infraestructura contará con sótanos y semisótanos destinados a parqueaderos, una necesidad sentida en el congestionado sector del centro. “Esta edificación moderna va a permitir mejorar la calidad educativa de toda la comunidad que aquí se forma, además de contar con unas instalaciones que garantizan la comodidad y la excelencia”, sostuvo el funcionario. La meta es clara: pasar de una capacidad de atención de 8.000 estudiantes a cerca de 14.000, democratizando el acceso a la formación de alto nivel en un entorno climatizado y con tecnología de punta.
Tecnología de vanguardia y confort
Yuleinis Jiménez, ingeniera residente de la obra, detalló que los nuevos edificios no solo ganan espacio, sino funcionalidad. El sistema de climatización será de última generación y los espacios han sido diseñados específicamente para el aprendizaje de posgrados e idiomas. Con 115 nuevos cupos de parqueo y ascensores de alta capacidad, el edificio busca eliminar las barreras de movilidad que antes limitaban el desarrollo de las actividades académicas nocturnas y de fines de semana.
La Gobernación del Atlántico ha sido enfática en que esta obra será entregada antes de finalizar el actual mandato de Eduardo Verano, consolidándose como su apuesta más ambiciosa en el sector educativo. Mientras las máquinas comienzan a perforar el suelo para la cimentación, la comunidad universitaria observa con esperanza cómo se levanta lo que será, sin duda, el nuevo faro del pensamiento en Barranquilla. No es solo concreto; es la base sólida sobre la cual el Atlántico proyecta su competitividad para las próximas décadas.



