Colombia está experimentando un incremento significativo en las solicitudes para extraer cobre. Mientras que entre 2001 y 2016 se presentaban en promedio alrededor de 10 solicitudes de títulos mineros que incluían cobre al año, en la última década esta cifra aumentó a casi 60, según un análisis de datos realizado para esta investigación.
Impulso oficial a la exploración de cobre
Además del boom de solicitudes, la Agencia Nacional de Minería (ANM) impulsa desde finales de 2025 la exploración de cobre en 14 áreas definidas por su alto potencial y bajo riesgo de conflictos socioambientales, según informó la entidad. La Unidad de Planeación Minero Energética (UPME) ha señalado que el país tiene un gran potencial para la extracción de cobre gracias a su diversidad de formaciones geológicas.
Actualmente, y desde hace más de 30 años, solo hay una mina de cobre en explotación industrial: El Roble, ubicada en El Carmen de Atrato, Chocó. Otra mina, El Alacrán, obtuvo recientemente el permiso ambiental para iniciar la construcción del proyecto.
Demanda mundial de cobre y déficit proyectado
La producción de paneles solares, turbinas eólicas y vehículos eléctricos para la transición energética está incrementando la demanda global de cobre. “Si estamos pensando en una economía descarbonizada, donde los procesos de electrificación van a ser altos, el cobre es un mineral muy importante”, explica Ana Carolina González, directora para América Latina del Instituto de Gobernanza de los Recursos Naturales (NRGI).
Una sola turbina eólica contiene más de cuatro toneladas de cobre, y los vehículos eléctricos utilizan en promedio casi cuatro veces más cobre que los automóviles de combustión. Los paneles solares y las baterías de almacenamiento también lo requieren en grandes cantidades.
La Agencia Internacional de Energía (IEA) alerta que para 2035 el mundo podría enfrentar un déficit de cobre cercano al 30 % debido a los limitados descubrimientos de recursos y los largos plazos de ejecución de nuevos proyectos. Esto, afirma González, pone a América Latina en un lugar “interesante”: la región concentra cerca del 40 % de las reservas mundiales de este metal, pero el desarrollo de proyectos de exploración y explotación aún sigue siendo bajo.
El mapa del cobre en Colombia
Una alianza periodística liderada por Climate Tracker, con participación de El Espectador, recopiló y geolocalizó, a partir de información oficial de la ANM, las iniciativas mineras que buscan extraer cobre. El análisis identificó 210 títulos activos y 746 solicitudes vigentes de mediana y gran escala en el país que incluyen al cobre entre sus minerales de interés. También se evidenció que al menos 118 títulos para extraer cobre se encuentran en zonas de importancia ambiental, y más de 90 en tierras comunitarias.
Hasta mayo de 2026, Colombia solo tenía una mina de cobre en operación: El Roble. Pero a mediados de ese mes, la Autoridad Nacional de Licencias Ambientales (ANLA) le entregó al proyecto El Alacrán, al norte del país, el último permiso para iniciar su fase de construcción.
Según el catastro minero de la ANM, en Colombia hay por lo menos 210 títulos activos de mediana y gran escala que incluyen al cobre. De estos, uno está en etapa de evaluación técnica anticipada, 89 en exploración, 17 en construcción y montaje, y 103 en explotación (aunque la mayoría no tienen al cobre como mineral principal).
Sin embargo, como advierte un informe de la UPME, el número de títulos existentes difícilmente refleja la realidad de los proyectos, ya que “actualmente las solicitudes y títulos suscritos permiten incluir gran cantidad de minerales”. Por ejemplo, de los 210 títulos activos, solo 10 establecieron el cobre como su único mineral objetivo. La mayoría, incluidos El Alacrán y El Roble, abarcan también oro, plata, platino, plomo, molibdeno, entre otros.
“Cuando se solicita un título minero, el catastro está abierto para que el solicitante decida qué minerales van a ser concesibles en ese título”, explican desde la Vicepresidencia de Promoción y Fomento de la ANM. “Entonces, hay títulos que piden muchos minerales distintos y solo cuando avanzan en su Plan de Trabajos y Obras es que queda claro realmente qué mineral van a explotar”, añaden.
Superposición con zonas ambientales y comunitarias
En Colombia, datos de la ANM estiman que el 37 % del potencial de cobre se superpone con Reservas Forestales de Ley Segunda, una categoría de protección que no permite actividades mineras a menos que el área sea “sustraída”. Otro 22 % se encuentra en áreas donde se prohíbe hacer minería.
El análisis geográfico evidenció que, de los 210 títulos activos, al menos 118 se superponen con zonas de importancia ambiental como reservas forestales, áreas naturales protegidas, Distritos Regionales de Manejo Integrado, páramos, entre otras. De estos, al menos 24 se encuentran en zonas consideradas excluibles, como las Zonas de Protección y Desarrollo de los Recursos Naturales Renovables de la Sierra Nevada de Santa Marta y del río Magdalena; los Parques Nacionales Naturales Tatamá y Paramillo; y los páramos Chiles-Cumbal y Sotará.
Álvaro Pardo, expresidente de la ANM y experto en derecho minero-energético, señala que uno de los grandes desafíos al llegar al cargo en 2022 fue la “depuración” del catastro minero. “Teníamos una herencia difícil, porque antes se permitía entregar títulos sin mayores restricciones o consideraciones ambientales. Y eso ha sido, históricamente, un problema muy grande en Colombia”.
Cuando asumió la dirección, revisó más de 7.000 títulos mineros para evitar que avanzaran en áreas con restricciones. Aunque más de 600 títulos en áreas excluibles fueron archivados, caducaron o devueltos, el problema —insiste— “es que en el pasado se blindó jurídicamente cualquier posibilidad de quitarlos. Cada título que se suprima alegando temas ambientales se convierte en una posibilidad de una demanda”.
En algunos casos, los títulos se solicitaron antes de que las zonas excluibles fueran declaradas. Por ejemplo, los páramos Chiles-Cumbal y Sotará fueron delimitados en 2018, pero los títulos mineros allí se solicitaron entre 2006 y 2007 y se otorgaron en 2009. También hay solicitudes tramitadas en áreas excluibles después de su declaración: en 2022 se tramitó una solicitud de gran minería que se superpone con el Parque Nacional Natural Chingaza, declarado en 1977.
Además, hay 94 títulos activos que se traslapan con zonas ambientales restringidas, como las Zonas de Reserva Forestal de Ley Segunda. Según el análisis, hay más de 170.000 hectáreas de estas reservas que se traslapan con títulos activos. Si se incluyen las solicitudes en trámite, al menos 46 se encuentran en zonas excluibles y 308 en áreas con restricciones.
“Desde mi punto de vista, necesitamos los minerales. Y para reindustrializar el país vamos a necesitar cobre. Pero necesitamos que esos minerales se extraigan con el cumplimiento de todas las normas ambientales y teniendo en cuenta a las comunidades”, señala Pardo, quien dejó la presidencia de la ANM en 2025. “No hacerlo, o flexibilizar esas normativas, generaría una conflictividad terrible”, insiste.
En cuanto a tierras comunitarias, el análisis evidenció que hay al menos 94 títulos activos superpuestos: dos en Zonas de Reserva Campesina, 38 en resguardos indígenas, 28 en Consejos Comunitarios de Comunidades Afrodescendientes y 26 más en ambos tipos de territorio.
El cobre latinoamericano en la mira de las potencias
El impulso de la exploración de cobre no se ha vivido solo en Colombia. Países como México, Ecuador y Argentina también han impulsado nuevos proyectos, generando que China, Estados Unidos y la Unión Europea busquen intensificar su presencia en la región.
China ha impulsado inversiones y visitas de alto nivel. Entre 2013 y 2024, el presidente Xi Jinping visitó seis veces América Latina, más que todas las visitas de los mandatarios estadounidenses Obama, Biden y Trump juntos. China ha establecido en su documento de política sobre América Latina que está dispuesta a “ampliar y profundizar la cooperación” en energías limpias y el “aprovechamiento sostenible de recursos minerales”.
David Castrillón-Kerrigan, magíster en estudios de Asia y docente de la Universidad Externado de Colombia, señala que el interés de China no es nuevo. “Antes la demanda respondía a otras necesidades, como el desarrollo de infraestructura. Pero ahora la estructura económica china ha cambiado y produce bienes con valor agregado”, dice. El caso emblemático es el desarrollo de la industria de vehículos eléctricos y la demanda de minerales críticos.
La Unión Europea ha dicho que su demanda de cobre podría incrementar más de un 50 % para 2050 y ha manifestado que América Latina es “estratégicamente más importante que nunca” para garantizar el suministro de materias primas. Donald Trump también ha puesto sus ojos sobre este mineral: en enero de 2026 ordenó concluir acuerdos bilaterales para garantizar el suministro de cobre y otros metales con el objetivo de “no depender de las importaciones de adversarios extranjeros”, como China.
Ana Carolina González, de NRGI, advierte que Colombia y otros países de América Latina han avanzado en marcos regulatorios con estándares mínimos, pero en momentos de inestabilidad política esos avances podrían ponerse en riesgo. “Si los países, como bloque, no se ponen de acuerdo en mantener esos estándares mínimos, puede comenzar lo que se ha llamado una ‘carrera hacia el fondo’, que se traduciría en bajar los estándares, reducir los trámites y flexibilizar normativas para obtener la inversión”, explica. Esa visión resulta problemática porque podría profundizar los conflictos socioambientales.
Para Castrillón-Kerrigan, “hay una responsabilidad muy grande de que los gobiernos de la región no se queden de brazos cruzados, sino que tomen acciones para que el resultado sea lo más positivo posible”. De eso depende que la extracción de cobre se convierta en una oportunidad para el desarrollo industrial o mantenga a países como Colombia en el rol de proveedores de materias primas.
González añade que, en lugar de flexibilizar regulaciones, los países deben posicionarse para defender esos estándares, pedir a los proyectos que generen valor agregado y que aporten al desarrollo local. “Sabemos que la demanda tiene su raíz en temas energéticos, pero también tiene que ver con inteligencia artificial, con usos militares, entre otros. Si seguimos demandando minerales a ese nivel, no hay ecosistema ni planeta que aguante”.
Este artículo fue producido con el apoyo de Climate Tracker América Latina.



