Cultivos colombianos se preparan para enfrentar el fenómeno de El Niño
Cultivos se alistan para el fenómeno de El Niño

Una pregunta recorre el campo colombiano cada vez que surge una alerta climática: ¿qué tan preparado está el cultivo? No es una interrogante nueva, pero cada vez más productores la responden con información, monitoreo y decisiones técnicas que buscan reducir la vulnerabilidad frente a condiciones extremas.

Cuando aparecen los primeros síntomas de estrés hídrico o térmico, la capacidad de respuesta de la planta define la productividad. Lo que determina su resistencia no es únicamente la lluvia que caiga o deje de caer, sino el estado del suelo, la nutrición acumulada y las prácticas agronómicas implementadas con anticipación.

Preparación en Urabá y Magdalena para el banano

En la región de Urabá, donde una parte importante del área bananera carece de sistemas de riego, la pregunta adquiere especial relevancia. Cuando las lluvias disminuyen y las temperaturas aumentan, la productividad puede verse comprometida rápidamente. Se estima que una planta sometida a estrés hídrico y térmico puede perder hasta un 25 % de su eficiencia productiva en pocas semanas.

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En CI BANAFRUT, productora colombiana de banano ubicada en Urabá y la mayor productora de banano Fairtrade del mundo, conocen bien ese escenario. Para Arnoby Londoño, gerente de Producción de la compañía, la preparación comienza mucho antes de que llegue la sequía.

“Preparar las plantas para enfrentar el estrés implica varias acciones complementarias”, menciona Londoño. La primera, asegura, es fortalecer la capacidad del suelo para conservar humedad mediante coberturas vegetales, incorporación de materia orgánica y prácticas de conservación. La segunda es garantizar una nutrición balanceada, “porque una planta bien nutrida responde mejor ante condiciones adversas. También recurrimos a nutrición foliar y herramientas de bioestimulación que fortalecen los mecanismos naturales de defensa y mejoran la adaptación de la planta frente al estrés”, explica.

Ninguna de estas medidas elimina por completo los efectos de una sequía. Sin embargo, pueden aumentar significativamente la capacidad del cultivo para soportar periodos de alta temperatura y baja disponibilidad de agua.

Si en Urabá la prioridad es conservar la humedad del suelo, en el Magdalena el foco se concentra en aprovechar de la manera más eficiente cada gota de agua disponible. Allí, donde la producción bananera depende en gran medida de sistemas de riego, los periodos asociados a El Niño suelen traer menor disponibilidad de agua y condiciones que incrementan la demanda hídrica de las plantas.

Con ese panorama, el equipo técnico de CI BANASAN ya emitió recomendaciones a los productores para preparar las plantaciones antes de que el fenómeno se instale. Carlos Pinilla, gerente general de CI BANASAN, cuenta que la preparación comienza mucho antes de que aparezcan los primeros síntomas de estrés. “Nuestro foco está en conservar la humedad del suelo, utilizar el agua de manera eficiente y asegurar que las plantas cuenten con la nutrición necesaria para enfrentar condiciones más exigentes. Cuando llegan periodos de altas temperaturas o menor disponibilidad de agua, esa preparación previa marca la diferencia en la capacidad de respuesta del cultivo. Cuando el agua escasea, lo que puede sostener a la planta es cómo está preparada”, afirma. En este contexto, prácticas como mantener coberturas vegetales, incrementar el contenido de materia orgánica y optimizar los sistemas de riego se convierten en herramientas estratégicas para aprovechar cada gota disponible y reducir la vulnerabilidad de los cultivos frente a periodos prolongados de estrés.

Adaptación en el café del Quindío

A 1.500 metros sobre el nivel del mar, en la Hacienda San Alberto, en Buenavista, Quindío, la conversación cambia de escenario, pero no de fondo. Allí, donde se produce uno de los cafés más reconocidos y premiados de Colombia, la adaptación al clima forma parte de una estrategia permanente orientada a garantizar calidad constante en mercados altamente exigentes.

Durante tres generaciones, la familia Villota Leyva ha construido una filosofía productiva basada en la disciplina agronómica y el conocimiento profundo del cultivo. Con esa visión han llevado el café colombiano a mercados tan exigentes como Corea, Bélgica, Dinamarca, Estados Unidos y Canadá.

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Para Juan Pablo Villota Leyva el reto es anticiparse y aprender a lidiar con todas las dificultades para lograr la excelencia. “El clima no es una excusa válida para un mercado de lujo como en el que participa San Alberto. Nuestra responsabilidad es alcanzar los más altos estándares de calidad a pesar de las condiciones y tomar decisiones informadas para adaptarnos a ellas”.

Para lograrlo, la preparación comienza en el suelo. Mantener una nutrición balanceada, fortalecer el desarrollo radicular y complementar con estrategias de nutrición foliar y bioestimulación permite que las plantas respondan mejor frente a periodos de altas temperaturas o menor disponibilidad de agua. En una operación donde la consistencia es tan importante como la calidad, la resiliencia climática no es una medida de emergencia, sino una condición para sostener la excelencia.

Efectos a largo plazo en palma y papa

En el cultivo de la palma de aceite, los efectos de fenómenos climáticos extremos o de deficiencias nutricionales no siempre se observan de manera inmediata. De hecho, especialistas del sector han documentado que las consecuencias sobre la productividad pueden reflejarse a corto, mediano y hasta 30 meses después de ocurrido el evento que las originó.

En otras palabras, cuando los síntomas son visibles en la producción, la oportunidad de corregir ya pasó. Por eso, fortalecer el sistema radicular, conservar la humedad del suelo y asegurar una nutrición adecuada son decisiones que deben tomarse con suficiente anticipación para proteger el potencial productivo del cultivo en el largo plazo.

La lógica se repite en otros sistemas agrícolas del país. En las zonas productoras de papa, particularmente en regiones de altiplano como Boyacá, Cundinamarca y Nariño, los agricultores saben que los periodos de altas temperaturas y menor disponibilidad de agua pueden afectar el desarrollo de los tubérculos y comprometer la productividad. Por eso, la salud del suelo, la conservación de la humedad y una nutrición adecuada también hacen parte de las decisiones que se toman antes de que aparezcan los primeros efectos del clima.

Decisiones informadas frente a la incertidumbre

Tomar decisiones informadas no significa tener certezas sobre lo que ocurrirá. Significa reducir los impactos negativos sobre los cultivos utilizando el conocimiento disponible.

“Ningún productor puede controlar la lluvia o la temperatura, pero sí puede influir en la forma como responde su cultivo. La diferencia entre un cultivo que resiste mejor un periodo de estrés y otro que no, muchas veces comienza meses antes, en decisiones relacionadas con la salud del suelo, la nutrición y el manejo agronómico. La preparación sigue siendo la herramienta más efectiva frente a la incertidumbre climática”, afirma Danilo Sánchez, Gerente de Agronomía y Sostenibilidad Yara Colombia.

Las alertas climáticas ya están activas. La ventana para prepararse también. Y aunque nadie puede anticipar con exactitud cómo evolucionará el próximo fenómeno de El Niño, los productores saben que las decisiones que determinan la respuesta de sus cultivos al estrés climático se toman mucho antes de que este se manifieste. En agricultura, el clima sigue siendo incierto. La preparación, en cambio, no debería serlo.