Mujeres emprendedoras en Colombia enfrentan brechas persistentes en ingresos y tiempo
Brechas de género limitan emprendimientos femeninos en Colombia

Colombia: país de emprendimiento con brechas de género persistentes

En el contexto global que cada abril destaca el emprendimiento como motor de desarrollo, Colombia se posiciona como una de las naciones más dinámicas de América Latina. Sin embargo, este crecimiento económico convive con profundas desigualdades estructurales que continúan limitando el potencial de millones de pequeños negocios, especialmente aquellos liderados por mujeres.

El panorama del emprendimiento en cifras

A nivel mundial, más de 580 millones de personas han optado por emprender, con casi la mitad siendo mujeres, según el Monitoreo Global de Emprendimiento. En Colombia, esta tendencia se materializa en un tejido empresarial donde las pequeñas y medianas empresas representan aproximadamente el 98% de las unidades productivas y generan alrededor del 80% del empleo, de acuerdo con datos del Ministerio de Comercio, Industria y Turismo.

En la base de este sistema económico se encuentran los micronegocios. Información del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE) revela que en el país existen cerca de 2,5 millones de estos negocios en las principales ciudades, los cuales generan más de 3,1 millones de empleos. En conjunto, estas unidades productivas sostienen económicamente a millones de hogares colombianos y constituyen, en numerosos casos, la principal fuente de ingresos familiares.

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Brechas económicas y de tiempo

La capacidad de crecimiento de estos emprendimientos está severamente condicionada por múltiples factores. La Nota Estadística Análisis con perspectiva de género de los micronegocios en Colombia: trabajo de cuidado no remunerado y pobreza, elaborada conjuntamente por el DANE y la Fundación WWB Colombia, demuestra que las desigualdades de género permanecen como un obstáculo fundamental para el desarrollo empresarial.

Colombia forma parte, junto con Ecuador, China y Tailandia, del selecto grupo de países donde las mujeres emprenden más que los hombres, según el diagnóstico del Global Entrepreneurship Monitor (GEM) 2024. No obstante, esta ventaja competitiva observable en el ecosistema económico colombiano se enfrenta constantemente a las persistentes brechas de género que afectan particularmente a las emprendedoras.

"A pesar de enfrentar barreras significativas como la carga del cuidado no remunerado y la brecha de ingresos, las mujeres siguen siendo agentes de transformación en la economía local y nacional", explica la Fundación WWB en su análisis.

Las cifras evidencian una brecha persistente en el desempeño económico entre géneros. Mientras los hombres reportan ventas mensuales promedio superiores a los 3,3 millones de pesos colombianos, las mujeres alcanzan poco más de 2 millones de pesos, representando una diferencia cercana al 40%. Además, una proporción considerablemente mayor de mujeres emprende por necesidad económica, para complementar ingresos del hogar, lo que refleja condiciones iniciales más precarias y vulnerables.

La desigual distribución del tiempo

Más allá de las disparidades en ingresos, la desigualdad se explica en gran medida por la distribución inequitativa del tiempo. El 97,3% de las mujeres microempresarias realiza trabajo de cuidado no remunerado y dedica, en promedio, cinco horas más al día a estas tareas domésticas y familiares que los hombres emprendedores. Esta carga desproporcionada reduce drásticamente su disponibilidad para actividades empresariales clave como:

  • Gestión administrativa y financiera
  • Innovación de productos y servicios
  • Búsqueda de nuevos mercados y clientes
  • Desarrollo de estrategias de crecimiento

"Cerrar estas brechas requiere avanzar en políticas públicas que promuevan la equidad de género y tengan en cuenta los sistemas de cuidado, además de fortalecer las capacidades empresariales y personales de las emprendedoras", explica Johana Urrutia, directora de Programas de la Fundación WWB Colombia.

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Formalización y protección social limitada

Las consecuencias de estas desigualdades son visibles en los niveles de formalización y protección social. Solamente el 8,8% de los micronegocios liderados por mujeres cotiza a salud o pensión, frente a un 12,6% en el caso de los hombres, lo que evidencia rezagos significativos en el acceso a sistemas de seguridad social y estabilidad económica a largo plazo.

Urrutia precisa que a este panorama preocupante se suman barreras estructurales adicionales como la dificultad para obtener crédito formal, junto con la baja inclusión financiera, factores que restringen severamente las posibilidades de crecimiento y sostenibilidad de los emprendimientos, particularmente en el caso de las mujeres colombianas.

Testimonios desde el terreno

Estas brechas no se distribuyen homogéneamente en todo el territorio nacional. En las zonas rurales, por ejemplo, se profundizan considerablemente. Las mujeres que emprenden en contextos rurales enfrentan mayores restricciones para acceder a crédito, menor conectividad digital, redes de apoyo más limitadas y cargas de cuidado aún más intensivas, lo que dificulta extraordinariamente la consolidación de sus negocios.

Las cifras estadísticas encuentran eco resonante en las experiencias vividas por las emprendedoras colombianas. Para María del Carmen Ararat, emprendedora con un negocio familiar de crianza de patos en el Valle del Cauca, el principal obstáculo sigue siendo el acceso a recursos financieros y la complejidad burocrática de los trámites. "Hay muchas trabas administrativas y los pequeños empresarios frecuentemente tiramos la toalla, concluyendo que es mejor no montar empresa", comenta con franqueza.

En otros casos, el reto fundamental pasa por sostener el equilibrio entre el desarrollo del negocio y la vida personal. "El mayor desafío ha sido lograr el equilibrio entre la familia y emprender. Poder alcanzar ese punto en el que el negocio también genere una remuneración digna y sostenible", señala Nataly Ibargüen, propietaria de Quilombo, una iniciativa gastronómica especializada en comida del Pacífico colombiano con sede en el Valle del Cauca.

También se presenta el desafío constante de hacerse visible en mercados competitivos. "¿Cómo les digo yo a las personas que existo y que tengo un producto que realmente necesitan?", se pregunta Derly Viera, al frente de Jiret, un negocio de alimentos. La emprendedora, que se ha mantenido por años frente a su comercio, recalca las dificultades persistentes para acceder a clientes potenciales y posicionarse adecuadamente en el mercado.

Conclusiones y perspectivas

En conjunto, los datos analizados muestran que, más allá del crecimiento cuantitativo en el número de emprendimientos registrados, persisten limitaciones estructurales profundas relacionadas con:

  1. Disparidades significativas en ingresos generados
  2. Tiempo disponible para actividades empresariales
  3. Acceso restringido a financiamiento formal
  4. Niveles reducidos de formalización empresarial

Estos factores inciden directamente en la sostenibilidad a mediano y largo plazo de los micronegocios en Colombia, particularmente aquellos liderados por mujeres, quienes continúan demostrando resiliencia y capacidad emprendedora frente a condiciones adversas que requieren atención prioritaria de políticas públicas integrales.