La voz de los empresarios: desilusión y frustración ante la clase política
La sabiduría de los cantos populares parece calzar perfectamente en el sentir actual de los pequeños y medianos empresarios colombianos, quienes observan con preocupación cómo sus negocios se desangran lentamente. Ni los gremios económicos ni el circo político electoral y conformista parecen capaces de ofrecer esperanzas reales de subsistencia para quienes mantienen la economía del país.
Un problema de carácter y determinación
El problema fundamental, según expresan diversos sectores productivos, no reside en las instituciones como tales, sino en la falta de carácter y determinación de las personas que las operan. En una nación que debería estar multiplicando oportunidades para todos, el horizonte aparece nublado por decisiones que benefician a unos pocos en detrimento del bienestar colectivo.
El sentir del país emprendedor, que inexplicablemente continúa trabajando incluso a pérdida, se resume en una profunda decepción con la conducción de lo público y la representatividad asociativa. Esta frustración encuentra eco en expresiones culturales que reflejan el malestar social ante lo que muchos perciben como traición a los intereses nacionales.
La letra que refleja el descontento popular
Como bien lo expresa la conocida canción popular, hay figuras públicas que han generado un rechazo generalizado por sus acciones y omisiones. La metáfora de la "rata de dos patas" captura ese sentimiento de traición que experimentan quienes confiaron en que sus representantes velarían por el bien común.
Este sentimiento de indefensión e incredulidad hacia la clase política lleva a quienes razonan a la desesperanza, mientras que aquellos con menos herramientas críticas terminan vendiendo su conciencia por migajas, perpetuando así un sistema que no beneficia al desarrollo nacional.
Gobernados por intereses particulares
Según analistas y empresarios consultados, Colombia estaría siendo gobernada por una autocracia que pretende modificar la constitución para concentrar el poder estatal en quienes sirven a organizaciones criminales. Estas estructuras, según las denuncias, se financiarían con recursos del narcoterrorismo y corroerían sistemáticamente la justicia.
La violación de las reglas del Estado de derecho mantendría a la ciudadanía bajo constante inseguridad, ya sea por el asecho delictivo que mata con balas o por las políticas económicas que matan de hambre y enfermedad a los más vulnerables.
La cruda realidad económica
Económicamente, la situación presenta una sola realidad palpable: desconfianza total. Los números no cierran y apuntan hacia la quiebra progresiva de pequeños y medianos empresarios que ya trabajan a pérdida. Esta situación conlleva la ruina de ahorros familiares y el freno total de la inversión productiva.
Entre los problemas más graves destacan:
- Despidos masivos en diversos sectores productivos
- Pérdida significativa de productividad en campos e industrias
- Carestía generalizada de productos, servicios e insumos básicos
- Alza descontrolada en costos de energía y movilidad
- Incremento preocupante del lavado de activos
- Insostenibilidad futura de las remesas como fuente de ingresos
- Adversidad generada por el contrabando y comercio informal
- Tasas de cambio irreales que distorsionan el mercado
- Sistema tributario que estrangula al contribuyente formal
- Déficit fiscal y costo de deuda inmanejables
- Despilfarro en gasto público y burocracia estatal
- Destrucción del sector minero-energético, histórica locomotora económica
Acuerdos cuestionados y legitimidad en duda
Los empresarios rechazan el argumento de algunos candidatos políticos que intentan quedar bien con todos, afirmando que el problema no son las personas sino los acuerdos. Según esta visión crítica, son precisamente las "ratas de dos patas" quienes han firmado acuerdos falsarios e ilegítimos, incluyendo la impunidad en la constitución mediante mecanismos cuestionables.
El desconocimiento de la voluntad popular, la implementación de la JEP y el mecanismo de "Fast-Track" son señalados como ejemplos de cómo se ha violentado la legalidad en beneficio de intereses particulares.
Conformismo estratégico y silencio cómplice
El conformismo estratégico y la justificación del costo político para validar decretos considerados ilegales representarían, según analistas, el punto más bajo y peligroso al que ha llegado Colombia en su historia reciente. Este argumento habría comprado voluntades en múltiples instancias:
- Congreso de la República
- Cortes de justicia
- Clase política en general
- Medios de comunicación
- Funcionarios públicos
- Empresariado mediante su silencio
Un remolino sin salida aparente
Colombia parecería estar dando vueltas en un remolino sin salida visible, donde todo está jugado a una ruleta calibrada para que siempre gane el casino, independientemente del número o color donde caiga la pelota. La clase tradicional y la emergente que consiente y calla continuarían gobernando, mandando y beneficiándose del sistema.
Todo indica que será más de lo mismo hasta que el país vuelva a reconocer un liderazgo dominante que priorice el bien común sobre intereses particulares. Mientras tanto, Colombia seguiría siendo esclava de componendas y acuerdos entre quienes actúan abiertamente de manera torcida y aquellos que aparentan ética pero deben ceder a presiones para mantenerse en la vida pública, siempre a costa del contribuyente, el empresario, el trabajador y, tristemente, del votante que confió en ellos.



