Guerra arancelaria de Trump reconfigura rutas comerciales sin beneficiar a EE. UU.
A casi un año de la polémica orden del presidente Donald Trump de imponer aranceles a todos los países del mundo, los resultados oficiales revelan un escenario contrario a lo prometido. Lejos de reducir las importaciones y estimular un renacimiento manufacturero en Estados Unidos, la política ha generado una profunda reconfiguración de las rutas comerciales globales.
Déficit histórico en bienes pese a aranceles
Según datos del buró para el Censo y el buró para el Análisis Económico de EE. UU., durante 2025 las importaciones de bienes y servicios crecieron un 4,7 por ciento frente a 2024, alcanzando la cifra récord de 4,3 billones de dólares. Este incremento ocurrió pese a que los aranceles anunciados en abril de 2025 ya estaban plenamente en vigor.
El déficit comercial en bienes, la métrica que Trump ha señalado repetidamente como símbolo de vulnerabilidad económica, alcanzó los 1,24 billones de dólares en 2025, marcando el nivel más alto en términos nominales desde que existen series comparables modernas. Esto representa una ampliación del desequilibrio comercial en mercancías, exactamente lo contrario de lo prometido por la administración.
Reconfiguración de rutas comerciales
La explicación de este fenómeno contrario a las expectativas tiene múltiples dimensiones. En primer lugar, las cadenas globales de suministro no se desmontaron como se anticipaba, sino que se reconfiguraron. Mientras las importaciones desde China cayeron casi un 30 por ciento hasta su nivel más bajo desde 2009, el comercio con Vietnam, India y México alcanzó cifras récord.
"El comercio no se contrajo, cambió de ruta", explica el análisis económico. Economías del sudeste asiático y México se han convertido en los grandes beneficiarios de esta reconfiguración, absorbiendo parte del comercio que antes se dirigía a China.
Fracaso del renacimiento manufacturero
El prometido renacimiento industrial estadounidense no se materializó. De hecho, el sector manufacturero perdió más de 80.000 empleos durante 2025 y no se produjo una relocalización masiva de plantas productivas hacia territorio estadounidense.
El motor del crecimiento exportador fue principalmente el sector de servicios, donde EE. UU. mantiene ventajas estructurales en tecnología, finanzas y propiedad intelectual. Sin embargo, este rubro no estaba en el centro de la cruzada arancelaria, cuyo objetivo era precisamente revitalizar la producción de bienes físicos.
Impacto en consumidores y empresas
Un estudio del Banco de la Reserva Federal de Nueva York reveló que la mayor parte del costo de los aranceles fue absorbida por empresas y hogares estadounidenses. La tasa arancelaria promedio terminó en un 16,9 por ciento, la más alta desde 1932.
Además, se produjo un "efecto inventario" donde muchas compañías adelantaron sus importaciones ante la amenaza de aranceles más altos, generando picos temporales que luego se ajustaron, pero manteniendo un nivel estructural sólido de compras externas.
Complicaciones legales y futuro incierto
La situación se complica aún más tras el reciente fallo de la Corte Suprema de Justicia, que dictaminó que Trump excedió su autoridad al imponer aranceles utilizando la ley de emergencia económica. Aunque funcionarios de la administración han anticipado que recurrirán a otras bases legales, esta decisión deja en vilo parte del andamiaje arancelario.
El balance a casi un año del giro arancelario es incómodo para la promesa original: EE. UU. sigue importando más de lo que exporta en bienes, el déficit en mercancías marca récords históricos, y el renacimiento manufacturero no se materializa. Lo que sí ha ocurrido es una reconfiguración de rutas comerciales con incrementos en precios que terminan pagando productores y consumidores estadounidenses.



