El frente fiscal, el alto endeudamiento y los crecientes costos de los intereses que paga el Gobierno son los principales focos de vulnerabilidad macroeconómica que heredará el próximo presidente de Colombia. Analistas y centros de pensamiento insisten en la necesidad de acciones urgentes para ajustar las finanzas, estabilizar la deuda y retornar a los compromisos de la Regla Fiscal.
Endeudamiento récord y tasas elevadas
Esta semana, las alarmas se encendieron tras una megaoperación del Ministerio de Hacienda que colocó 6 billones de pesos en bonos de deuda pública (TES) a una tasa cercana al 15%, considerada muy elevada. Este costo terminará siendo pagado por todos los colombianos vía mayores intereses. Según analistas, la alta tasa refleja el mayor riesgo que perciben los inversionistas extranjeros para prestarle al país. Colombia paga hoy uno de los intereses más costosos entre las economías emergentes, superando a Chile, Perú e incluso Brasil.
Mauricio Salazar, director del Observatorio Fiscal de la Universidad Javeriana, señaló: “Colombia debe pagar tasas de interés más altas para financiarse, lo que refleja un deterioro en la confianza de los inversionistas sobre la estabilidad macroeconómica. Si esta tendencia se mantiene, enfrentará un escenario de menor crecimiento potencial y mayores presiones sobre sus finanzas públicas”.
Caída de la inversión y menor crecimiento
En este entorno de incertidumbre fiscal, la inversión se ha reducido significativamente. La formación bruta de capital fijo cayó del 23,4% del PIB en 2015 al 15,2% en 2025, una disminución de 8,2 puntos porcentuales. Luis Fernando Mejía, exdirector de Fedesarrollo y CEO de Lumen Economic Intelligence, explicó: “El mercado está exigiendo una prima más alta para prestarle al Gobierno, lo que incrementa el costo del servicio de la deuda y reduce el espacio fiscal. Esto es especialmente preocupante en un contexto de déficit fiscal elevado, aumento de la deuda pública y alta dependencia del financiamiento interno”.
Aumento de la deuda pública
El saldo total de la deuda pública (interna más externa) pasó de 805 billones de pesos en agosto de 2022 a 1.192 billones en diciembre de 2025, y a marzo de 2026 se ubicaba en 1.215 billones. Aunque el ministro de Hacienda, Germán Ávila, y el director de Crédito Público, Javier Cuéllar, atribuyeron las altas tasas a la política monetaria del Banco de la República (con tipos en 11,25%), los analistas insisten en que los bonos TES incorporan expectativas de inflación y riesgo fiscal.
Cuéllar reconoció que se equivocó en su pronóstico: “Me equivoqué. No lo volveré a hacer”, dijo en una rueda de prensa, añadiendo que no previó una política monetaria tan agresiva ni una sobrerreacción del mercado al aumento del salario mínimo.
Déficit fiscal y trayectoria insostenible
Colombia atraviesa una de las situaciones fiscales más complejas en décadas, con un gasto público creciente y dificultades para aumentar los ingresos. El déficit primario (ingresos menos gastos, excluyendo intereses) cerró 2025 en 3,5% del PIB, el nivel más alto sin contar crisis como la de los 90 o la pandemia. Como resultado, la deuda pública neta alcanzó el 58% del PIB, un nivel no visto desde finales del siglo XIX, durante la Guerra de los Mil Días. El centro de estudios Anif proyecta que podría superar el 71% del PIB en tres años si no se corrigen las actuales presiones.
El Comité Autónomo de la Regla Fiscal (Carf) hizo un llamado urgente para que el Gobierno y el Congreso acuerden medidas que reduzcan el gasto público o aumenten los ingresos. Estima que se requiere un ajuste de alrededor de 30 billones de pesos este año para evitar una trayectoria insostenible de la deuda, que podría resultar en un episodio de alto estrés financiero.
Perspectivas para 2026
El Gobierno proyecta una mejora en los indicadores fiscales para 2026, con un déficit total de 5,1% del PIB (frente al 6,4% de 2025) y un balance primario de -2,1% del PIB. Sin embargo, los analistas dudan de estas cifras, argumentando que dependen de un ajuste de gasto exigente y creíble en un contexto de bajo crecimiento económico y rigideces presupuestarias. La deuda neta se mantendría estable en 58,7% del PIB, aún por encima del ancla de la regla fiscal del 55%.
En conclusión, el próximo gobierno enfrentará el desafío de estabilizar las finanzas públicas en un entorno de alta desconfianza de los mercados, tasas de interés elevadas y una deuda que amenaza con volverse insostenible. Las decisiones que se tomen en los próximos meses serán cruciales para evitar una crisis fiscal de mayores proporciones.



