Después de cuatro años de gobierno con enfoques abstractos, el país necesita sentido común y normalidad. Una medida simple como eliminar tres ceros al peso podría tener impactos efectivos. La moneda debe cumplir funciones esenciales: unidad de cambio, depósito y referencia de valor. Sin embargo, la alta inflación de finales del siglo XX ha hecho que $100 de 1970 equivalgan a $128.000 hoy, llenando la vida cotidiana de cifras irrelevantes. Los centavos, pesos y decenas ya no representan valor; un almuerzo cuesta decenas de miles, una vivienda cientos de miles de millones. Esto despilfarra memoria y esfuerzo, dificultando operaciones aritméticas y la comprensión de cifras.
Problemas actuales con las cifras
La existencia de largas series numéricas genera situaciones absurdas. Los bancos reportan centavos a la Superintendencia Financiera, y presentaciones empresariales usan unidades de pesos irrelevantes. Esto oscurece la realidad y limita la capacidad de medir, calcular y hacer negocios. Tras normalizar la inflación a inicios del siglo XXI, varias iniciativas legislativas buscaron eliminar tres ceros, pero muchos congresistas las consideraron poco importantes. Sin embargo, en debates sobre miles de millones, billones o trillones, cometen errores frecuentes. Por ejemplo, la exministra de Minas, Irene Vélez, afirmó que el subsidio a la gasolina costaba diez mil billones de pesos (US$2,9 billones), causando confusión.
Momento adecuado para la reforma
La relativa estabilidad inflacionaria y la fortaleza cambiaria del peso hacen de este un momento propicio. La propuesta es simple: desde el 1 de enero de 2027, un nuevo peso equivaldrá a 1.000 pesos antiguos. Los billetes actuales seguirán circulando bajo la nueva convención, y el Banco de la República los reemplazará gradualmente, eliminando la palabra "mil". Esto facilitaría la vida diaria, reduciría errores y mejoraría la eficiencia económica.



