El drama del autoempleo: 88% de los más pobres en Colombia depende del rebusque informal
88% de colombianos pobres depende del autoempleo informal

El drama de la informalidad: el 88% de los colombianos más pobres depende del autoempleo

Las cifras oficiales de empleabilidad en Colombia esconden una realidad cruda que refleja las duras condiciones de quienes aparecen como "empleados" en los reportes gubernamentales. Un reciente estudio elaborado por Fedesarrollo y la Universidad de los Andes revela que la pobreza persistente en el país es resultado directo de una estructura productiva que condena a la población más vulnerable al "rebusque" diario.

La alarmante dependencia del autoempleo informal

Según la investigación, el 88% de los trabajadores en el cuartil de ingresos más bajos sobrevive mediante el autoempleo informal, generalmente en negocios de menos de cinco personas donde la precariedad laboral es la norma. Las economistas Marcela Eslava y Marcela Meléndez, autoras del análisis, advierten que Colombia padece de un "enanismo productivo" que limita severamente las oportunidades de desarrollo.

Mientras que el autoempleo representa el 44% del trabajo total en Colombia, en países de ingresos altos esta cifra apenas llega al 10%. Esta dependencia del trabajo por cuenta propia impide la movilidad social y frena el crecimiento económico, creando una brecha abismal entre quienes tienen empleo formal y quienes deben generar sus propios ingresos sin garantías de seguridad social.

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Salario mínimo que no alcanza para todos

El informe, revelado por Valora Analitik, también destaca una realidad preocupante sobre el salario mínimo: este solo beneficia a 2,4 millones de personas, apenas el 10% de la población ocupada. Para 2024, las cifras eran alarmantes, con un 49% de los trabajadores ganando menos de un salario mínimo y un 29% percibiendo incluso menos de la mitad de esa cifra.

Brecha educativa que profundiza la desigualdad

La desigualdad en educación agrava el problema laboral. Mientras que en el sector más rico de la población el 53% cuenta con educación superior o técnica, en el sector más pobre solo el 7% alcanza ese nivel. De hecho, el 39% de los colombianos con menos recursos apenas logra terminar la primaria, lo que los deja sin herramientas para competir en un mercado que exige mayores competencias.

Barreras regulatorias que castigan la productividad

A este panorama educativo se suman barreras regulatorias que, según las autoras, "castigan" la creación de empresas productivas en Colombia:

  • Costos laborales elevados: Colombia tiene los costos extra-salariales más altos de América Latina, representando un 60% del salario mínimo, casi el doble que en México (36%) o Chile (28%).
  • Carga tributaria excesiva: La tasa nominal de impuesto corporativo es del 35%, la más alta de la región, lo que dificulta la sostenibilidad de las pequeñas y medianas empresas.
  • Baja inversión en innovación: Colombia solo invierte el 0,3% de su PIB en ciencia y tecnología, fragmentando los programas de apoyo en intervenciones pequeñas y poco efectivas.

Propuesta para una transformación productiva

Ante esta crisis, Eslava y Meléndez proponen que la solución no es simplemente redistribuir lo que ya existe, pues se corre el riesgo de repartir "una torta cada vez más pequeña". La verdadera salida radica en una transformación productiva integral bajo un liderazgo presidencial decidido y una reforma técnica de instituciones como el Departamento Nacional de Planeación (DNP).

La estrategia sugerida incluye alinear el sistema educativo con las demandas reales del mercado y revisar de fondo las políticas tributarias y de seguridad social para eliminar los desincentivos al crecimiento empresarial. La meta es que los esquemas de transferencias del Gobierno funcionen como un puente hacia la formalidad y no como un ancla que mantenga a las personas en la informalidad.

En última instancia, el estudio concluye que no se trata de elegir entre crecer o reducir la desigualdad, sino de entender que ambas metas dependen de cambiar la forma en que Colombia produce y trabaja. La informalidad laboral no es solo un problema estadístico, sino una realidad que afecta la vida diaria de millones de colombianos que luchan por salir adelante en condiciones de extrema precariedad.

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