El acoso laboral como herramienta de jerarquía sexista, según investigadora Vicky Shultz
Acoso laboral: herramienta de jerarquía sexista según Shultz

El acoso laboral como mecanismo de perpetuación de jerarquías sexistas

En los años noventa, cuando la investigadora Vicky Shultz publicó su ensayo seminal sobre el acoso sexual en el trabajo, su propuesta resultaba casi contraintuitiva para muchos. Shultz argumentaba que este fenómeno no era simplemente una consecuencia del deseo sexual masculino incontrolable, sino una expresión clara de las jerarquías sexistas que dominan los espacios laborales.

Una perspectiva que se ha vuelto evidente tras #MeToo

Hoy, después de las múltiples olas de denuncias globales que conocemos como el movimiento #MeToo, la explicación de Shultz parece más evidente que nunca. En 2018, la académica revisó y republicó su trabajo para incorporar este nuevo fenómeno social, llegando a una conclusión contundente: el acoso sexual sirve esencialmente para reforzar y mantener las jerarquías en todos los ámbitos profesionales.

Según Shultz, terminar con el acoso requiere mucho más que simplemente despedir a los individuos acosadores. Estas medidas, aunque puedan parecer efectivas a corto plazo, "no logran reparar las graves repercusiones profesionales que enfrentan las víctimas", quienes a menudo abandonan carreras que amaban y continúan viviendo con las secuelas del trauma. Tampoco garantizan que conductas similares no vuelvan a ocurrir, pues "tarde o temprano otros acosadores tomarán su lugar, a menos que las condiciones de base, que permitieron el acoso, cambien".

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Más allá del acoso sexual: otras formas de acoso basadas en género

Para Shultz, es imposible comprender el acoso sexual en espacios laborales sin considerar otras formas de acoso basadas en género que no necesariamente conllevan una sexualización explícita. Estas manifestaciones, que resultan mucho más prevalentes que lo que tradicionalmente entendemos como acoso sexual, incluyen:

  • Comportamientos hostiles y tratos condescendientes
  • Ridiculización y ostracismo social
  • Exclusión o marginalización sistemática
  • Limitación deliberada del acceso a información importante
  • Sabotaje directo del trabajo profesional

Este clima laboral adverso también abarca chismes, chistes sexistas, clasistas o racistas, y su normalización desde las directivas de las organizaciones. Shultz señala que este tipo de acoso no busca la gratificación sexual, sino mantener las jerarquías masculinas en la oficina.

Los riesgos de enfocarse solo en el acoso sexual

La investigadora advierte que concentrarse exclusivamente en los incidentes de acoso sexual puede tener efectos adversos por dos razones fundamentales. Primero, puede hacer que se pierda de vista la motivación central del acoso: la reiteración y consolidación de la jerarquía existente. Segundo, puede llevar a que muchas formas de acoso se categoricen como simples "comportamientos inapropiados" y se minimicen, llegando incluso a parecer triviales o no lo suficientemente graves como para merecer atención.

"La mayoría de las veces, el problema no radica en que los acosadores sean individuos 'pervertidos' o 'depravados'", explica Shultz. "El problema es que son figuras clave de la industria, o con suficiente poder en su gremio para utilizar el sexo y otras 'tecnologías del sexismo' para reforzar su jerarquía".

Exigencias paternalistas que perpetúan la desigualdad

Desde la perspectiva de los acosadores, exigir favores sexuales no difiere sustancialmente de otras exigencias sexistas como:

  1. Obligar a las empleadas a soportar diatribas furiosas
  2. Exigirles que sirvan comida o limpien en el trabajo cuando no forma parte de sus funciones
  3. Requerir que tomen notas o moderen su comportamiento constantemente
  4. Forzarlas a soportar ser ignoradas e interrumpidas sistemáticamente
  5. Obligarlas a sentarse atrás y evitar ser el centro de atención
  6. Exigirles que atiendan necesidades personales de superiores

"Todas estas son exigencias paternalistas y sexistas que perpetúan la jerarquía de género y recuerdan a las mujeres su lugar", afirma Shultz. "Si el acoso se define estrictamente en términos de insinuaciones sexuales, este comportamiento sexista y degradante desaparece de la vista".

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Hacia una comprensión holística y soluciones estructurales

El trabajo de Vicky Shultz resulta indispensable para comprender que el acoso sexual no ocurre en el vacío, ni es culpa de unas pocas "manzanas podridas". Entender las denuncias de forma holística es lo que permite identificar patrones estructurales y proponer cambios culturales profundos.

Castigar a los individuos debe ser un último recurso; lo que realmente se necesitan son espacios laborales seguros y justos. Esto solo se logra incorporando una perspectiva de género que transforme las condiciones de base que permiten y perpetúan el acoso en todas sus formas.