Panorama del aumento del salario mínimo en Colombia: cifras y efectos
El aumento del 23,7% en el salario mínimo para 2026, antes de su suspensión provisional por el Consejo de Estado, representaba el incremento más alto en tres décadas, marcando un hito en el panorama laboral colombiano. Este ajuste, derivado del Decreto 1469 de 2025, generó un intenso debate sobre sus implicaciones económicas y sociales, centrándose en el poder adquisitivo y las desigualdades salariales.
Impacto histórico en el ingreso y poder adquisitivo
Según un análisis de Raddar Consumer Knowledge Group, basado en datos del Ministerio de Trabajo y el Dane, el aumento del 23,7% implicaba una variación real del salario mínimo de 16,2% para 2026. Esto significaba una mejora sustancial en la capacidad de compra para quienes devengaban el salario mínimo, contrastando con proyecciones más modestas: un aumento real del 4,78% para trabajadores informales y del 3,69% para formales. Así, el beneficio relativo se concentraba en el grupo que percibía exactamente el salario mínimo, destacando su papel como herramienta de protección social.
Brechas persistentes entre trabajadores formales e informales
El estudio de Raddar evidenciaba que el incremento no impactaba de manera uniforme a toda la población ocupada. Para 2026, se proyectaba que los trabajadores informales recibirían en promedio el equivalente a 0,60 salarios mínimos, mientras que los formales devengarían cerca de 1,31 salarios mínimos. En términos proporcionales, los informales estarían un 40,32% por debajo del salario mínimo, y los formales aproximadamente un 50% por encima. Esta distancia subrayaba que, aunque el aumento fortalecía a quienes estaban en el umbral mínimo, no corregía estructuralmente las diferencias entre segmentos del mercado laboral, perpetuando brechas salariales significativas.
Presiones en sectores intensivos en mano de obra
El análisis advertía que el incremento podría generar presión sobre los costos laborales, especialmente en actividades intensivas en mano de obra como el sector inmobiliario, la construcción, y hoteles y restaurantes. En estas ramas, una proporción relevante de ocupados formales devengaba el salario mínimo, amplificando el impacto del ajuste en la estructura de costos. Esto podría influir en decisiones empresariales relacionadas con contratación, apertura de vacantes y metas de crecimiento para 2026, afectando la dinámica del empleo en sectores clave de la economía.
Aunque se proyectaba una inflación del 6,18% para 2026, por debajo del aumento salarial, las presiones podrían sentirse con mayor intensidad en sectores de servicios, donde el componente laboral tiene un peso mayor. La suspensión provisional del decreto por el Consejo de Estado devolvió este tema al centro de la discusión, resaltando la complejidad de equilibrar mejoras salariales con sostenibilidad económica.