La llegada del Mundial de 2026 no solo moviliza a millones de aficionados alrededor del planeta, también plantea un desafío para las empresas, que deberán encontrar un equilibrio entre la pasión futbolera de sus trabajadores y la necesidad de mantener la productividad, en tiempos en los que la economía es un desafío para todos.
El análisis de Russell Bedford Colombia
Un análisis de Russell Bedford Colombia advierte que ver partidos puede generar costos relevantes para las organizaciones, especialmente en un contexto marcado por la reducción gradual de la jornada semanal de trabajo. La discusión no gira únicamente alrededor de si los empleados deberían o no ver los encuentros. Para estos expertos, el verdadero debate está en cómo gestionar ese tiempo sin afectar la operación, el servicio al cliente o el cumplimiento de metas.
Cuánto puede costar un partido durante la jornada laboral
Según los cálculos de Russell Bedford Colombia, una empresa con 500 trabajadores que reciben salario mínimo podría comprometer cerca de $10 millones si cada empleado dedica dos horas de su jornada a seguir un partido del Mundial. La estimación toma como referencia el salario mínimo vigente en 2026, de $1.750.905, y una hora ordinaria cercana a los $7.959 dentro de una jornada de 44 horas semanales. Bajo ese escenario, el tiempo destinado a ver un encuentro representa un costo laboral significativo para las organizaciones.
Si se toma como base el valor de una hora extra diurna, calculada en cerca de $9.948, el costo asociado a dos horas por trabajador se aproxima a los $20.000. Multiplicado por una planta de 500 empleados, la cifra supera los $9,9 millones.
El problema no es solo el partido
Sin embargo, los expertos advierten que el impacto puede ir más allá de las dos horas frente a una pantalla, dado que la Copa Mundial de la FIFA 2026 tendrá 48 selecciones, 104 partidos y se desarrollará durante varias semanas en Estados Unidos, México y Canadá. Esto implica que la atención de los trabajadores no estará concentrada en uno o dos encuentros, sino en un evento de larga duración capaz de modificar rutinas laborales completas. Por esa razón, la preocupación empresarial no se limita a las pausas para ver los partidos. También incluye factores como retrasos, disminución de la concentración, cambios de horarios y afectaciones operativas derivadas de la expectativa que genera el torneo.
La productividad entra al centro del debate
Olga Viviana Tapias, socia de Impuestos de Russell Bedford Colombia, considera que la respuesta no pasa por prohibiciones absolutas, sino por una adecuada planificación. La experta señala que los empleadores deben establecer mecanismos claros para administrar estos espacios sin comprometer los resultados de la organización y su recomendación apunta a implementar pausas pactadas, definir horarios previamente establecidos y fortalecer el seguimiento de objetivos y metas. De esta manera, las compañías pueden reducir el riesgo de improvisaciones que terminen afectando el desempeño de los equipos.
Un Mundial que llega cuando cada hora vale más
A partir del 15 de julio, la jornada máxima semanal se reducirá a 42 horas, lo que aumenta la importancia de aprovechar eficientemente el tiempo disponible. Para las empresas, esto significa que cada hora de trabajo tendrá un peso mayor dentro de la planeación operativa. En consecuencia, cualquier interrupción no prevista puede generar efectos más visibles sobre productividad, cumplimiento de cronogramas y atención al cliente. El desafío será particularmente importante en actividades que requieren continuidad operativa o atención permanente al público, donde la ausencia temporal de trabajadores puede generar impactos inmediatos.
No todos los sectores enfrentan el mismo escenario
Aunque algunas compañías observan riesgos asociados a la productividad, otros sectores pueden encontrar oportunidades comerciales impulsadas por el evento deportivo. Restaurantes, bares, supermercados, tiendas de barrio y servicios de domicilios aparecen entre las actividades que podrían beneficiarse de un mayor consumo durante el Mundial. Lo mismo ocurre con industrias vinculadas a tecnología, publicidad y medios de comunicación. Por eso, la conversación empresarial no se limita a calcular cuánto cuesta que un trabajador vea un partido. También implica identificar cómo aprovechar el entusiasmo colectivo que genera el torneo más importante del fútbol.
La experiencia de otros mundiales muestra que la pasión por el deporte difícilmente puede separarse del entorno laboral. Por eso, para muchas empresas, el desafío no será impedir que los empleados sigan los partidos, sino encontrar fórmulas que permitan disfrutar el evento sin sacrificar productividad, eficiencia y resultados.



