La economía del cuidado: el trabajo invisible de las mujeres que sostiene a Colombia
Economía del cuidado: trabajo invisible de mujeres en Colombia

La economía del cuidado: el trabajo invisible que sostiene a Colombia

El santanderismo colombiano ha generado una tendencia a querer resolver todo mediante leyes, sin abordar los cambios culturales profundos que realmente se necesitan. El Día Internacional de la Mujer y la economía del cuidado son ejemplos claros de esta realidad. A pesar de los avances legislativos, los patrones culturales persisten, manteniendo desigualdades estructurales que afectan especialmente a las mujeres.

La Ley 1413 de 2010 y su impacto limitado

La Ley 1413 de 2010 estableció la obligación de medir y cuantificar la llamada economía del cuidado, que se expresa en el trabajo doméstico no remunerado. Esta normativa busca integrar estas actividades en el Sistema de Cuentas Nacionales, es decir, ponerle números concretos a la labor económica que realizan millones de personas sin recibir salario alguno.

Se trata de visibilizar el trabajo silencioso pero esencial que ocurre en los aproximadamente 14 millones de hogares colombianos, donde personas cocinan, limpian, cuidan niños, atienden ancianos y apoyan a enfermos. No podemos olvidar que los hogares son las verdaderas fábricas de ciudadanos, y que en ellos reside el éxito fundamental de cualquier nación.

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Las cifras reveladoras de una desigualdad persistente

Las cuentas nacionales muestran que la economía del cuidado representa casi el 20% del Producto Interno Bruto (PIB) colombiano. El punto crítico es que esta economía es mayoritariamente asumida por mujeres, quienes dedican el doble de tiempo que los hombres a estas tareas domésticas y de cuidado.

Más aún, la mayoría de las madres de familia no solo lideran la economía del cuidado en sus hogares, sino que simultáneamente trabajan formal o informalmente en otras actividades productivas. Según datos del Departamento Nacional de Planeación, las mujeres dedican hasta diez veces más tiempo que los hombres al cuidado directo de personas.

Los números son contundentes:

  • Más de 3 millones de mujeres son cuidadoras no remuneradas en Colombia
  • Fuera de las capitales departamentales, esta cifra puede duplicarse
  • Las mujeres cabeza de familia enfrentan mayores niveles de pobreza
  • El envejecimiento poblacional afecta desproporcionadamente a mujeres esposas, madres y hermanas

Las limitaciones reales para las mujeres

Es un hecho lamentable que la economía del cuidado, silenciosa y poco reconocida dentro de las familias, limita severamente el acceso de las mujeres al empleo remunerado, a la educación continua y a la autonomía económica. La pregunta recurrente "¿quién cuida la casa y a los niños?" se convierte en una barrera real que perpetúa ciclos de pobreza y dependencia.

Colombia dio un paso importante con la Ley 1413, pero se ha quedado en la etapa de medición sin avanzar hacia una reglamentación profunda que transforme realidades. Faltan medidas concretas como:

  1. Recortar las semanas requeridas para jubilación de mujeres
  2. Diseñar subsidios y ayudas directas para cuidadoras
  3. Priorizar a mujeres, especialmente cabezas de familia, en servicios de salud, educación, vivienda y transporte
  4. Implementar completamente el Sistema Nacional de Cuidados

Hacia una verdadera revolución cultural

Un país subdesarrollado no es solo aquel que no crece económicamente o que mantiene precariedades materiales. Es, fundamentalmente, aquel que no identifica que su población femenina necesita mucho más que un "día de la mujer" simbólico para reconocer su aporte social.

Se requieren cambios sociales profundos que comiencen por valorar el trabajo real que las mujeres realizan en esas fábricas de ciudadanos que son los hogares. No se trata solamente de establecer cuotas paritarias en juntas directivas o de destacar mujeres célebres y heroínas, aunque estas existen en abundancia.

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La verdadera transformación requiere una revolución disruptiva en los roles y funciones asignados culturalmente a las mujeres dentro de cada familia. Si observamos el papel de la mujer desde la perspectiva de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), queda claro que visibilizar y valorar la economía del cuidado es el comienzo de una gran revolución femenina.

Esta revolución debe comenzar por equilibrar los roles culturales y desvanecer la idea arraigada de que el cuidado es solamente responsabilidad de las mujeres. El camino hacia la igualdad real pasa necesariamente por reconocer, redistribuir y remunerar adecuadamente el trabajo de cuidado que sostiene literalmente a la sociedad colombiana.