El ocaso de los emboladores en Piedecuesta: una tradición que se apaga
La situación es tan crítica que prácticamente ya nadie desea dedicarse a este humilde oficio en Piedecuesta. Un recorrido por el emblemático parque La Libertad revela las historias conmovedoras de los pocos lustrabotas que persisten en este escenario, donde antes eran considerados una especie de custodios del lugar.
De treinta a ocho: la drástica reducción de una comunidad laboral
Jorge Arnulfo Parra Gómez, de 51 años, uno de los escasos emboladores que aún resisten, relata con nostalgia: "En su momento llegamos a trabajar casi treinta lustrabotas en el parque principal. Ahora, por mucho quedamos ocho emboladores. Algunos ya fallecieron y otros definitivamente abandonaron este oficio. Quienes seguimos en esto enfrentamos días muy duros, cargando el cajón de arriba para abajo, y a duras penas logramos para comer".
Estas palabras resumen la realidad de quienes aún se dedican al embellecimiento de calzado en Piedecuesta, un oficio que literalmente se encuentra al borde de la extinción. Los lustrabotas coinciden en señalar múltiples dificultades:
- Clientela extremadamente reducida
- Falta de espacios idóneos para desempeñar su actividad
- Deterioro progresivo de la imagen pública de los emboladores municipales
- Ausencia total de organización o representación que les ayude a gestionar ayudas oficiales
Historias de resistencia y supervivencia
Para muchos de estos trabajadores, especialmente aquellos de avanzada edad, no existen alternativas laborales viables. La combinación de edad avanzada, falta de escolaridad y ausencia de redes de apoyo los mantiene atados a esta actividad.
Ángel Miguel Chanagá Díaz, de 75 años, vive solo desde hace aproximadamente dos décadas tras el fallecimiento de su madre. Con una sonrisa nostálgica recuerda: "Cuando inicié en este oficio, hace más de treinta años en el parque La Libertad, cobraba 5 centavos por cada lustrada. Eran otros tiempos, nos iba mejor".
A pesar de las adversidades, Ángel mantiene su orgullo profesional: "Para mí sigue siendo importante el oficio de lustrabotas. Es un placer atender a todo el que llega al parque y quiere tener sus zapatos impecables. A pesar de las dificultades, acá seguimos trabajando de forma honesta, sin quitarle una moneda a nadie y sin causar desórdenes".
Su trayectoria laboral incluye experiencias como reservista del ejército en 1970, trabajador en cultivos de caña y obrero de construcción, pero finalmente retornó al embolado. "Ahora no encuentro más trabajo a estas alturas. A mi edad es muy duro encontrar un trabajo honrado y digno. Ojalá alguna autoridad o empresa nos pueda ayudar con materiales para nuestra labor", expresa con esperanza.
La pérdida de los módulos: un golpe devastador
Jorge Arnulfo explica cómo la situación empeoró significativamente: "Luego de que nos quitaron los módulos que teníamos en el parque, el trabajo se puso más duro. Antes estábamos ordenados, más cómodos. Teníamos silla y cubierta para el cliente. Ojalá se unieran los empresarios y las autoridades, para que nos pudieran entregar nuevos módulos con publicidad y patrocinio de los comerciantes".
Anteriormente, los lustrabotas del parque principal contaban con módulos y un área especial donde podían desarrollar su actividad cómodamente. Sin embargo, tras la remodelación del parque, estas estructuras fueron eliminadas, provocando la partida de varios emboladores.
José Domingo Cortés Suárez, líder histórico de los lustrabotas ahora retirado por problemas de salud, afirma categóricamente: "Prácticamente los lustrabotas quedamos abandonados. Muchos dejaron de trabajar en esto. Cuando quitaron los módulos del parque nos prometieron un sitio para nosotros, y hasta la fecha no hemos tenido nada".
Sueños de reorganización y reconocimiento
Esta humilde comunidad de trabajadores también lamenta la desaparición del apoyo psicosocial que antes recibían. Más allá de los llamados a las autoridades en busca de ayuda, albergan sueños de reorganización y mayor reconocimiento.
Jorge Arnulfo visualiza un futuro mejor: "Ojalá nos pudieran organizar de nuevo a los pocos que quedamos. Que también tuviéramos carné y hasta chaqueta. Nosotros somos una especie de referente para la gente que llega. Hay que pensar en grande y capacitarnos con conocimientos sobre turismo, para que también sirvamos como guías".
Los lustrabotas de Piedecuesta no solo buscan sobrevivir, sino reinventarse, contribuir al cuidado del parque y convertirse en un valor añadido para la comunidad, demostrando que incluso los oficios más humildes pueden aspirar a dignidad y reconocimiento en la sociedad contemporánea.



