La inteligencia creativa en tiempos de crisis: el caso Disney
Después de períodos de crecimiento acelerado y procesos disruptivos en cualquier organización, resulta fundamental garantizar la estabilización y reconocer que, inevitablemente, llegan las crisis. Es precisamente en esos momentos cuando se revela la verdadera inteligencia creativa: aquella capacidad que permite identificar problemas con antelación, anticiparse a los desafíos y proponer soluciones innovadoras. Un aspecto crucial de este proceso consiste en generar nuevas necesidades que el público eventualmente adopta como propias, incorporándolas como si hubieran surgido de manera espontánea en su vida cotidiana.
La era de expansión estratégica de Robert Iger
En el caso específico de The Walt Disney Company, el director ejecutivo Robert Iger –quien lideró la corporación en su primera etapa entre 2005 y 2020– transformó radicalmente la organización mediante una serie de adquisiciones estratégicas que redefinieron el panorama del entretenimiento global. Estas operaciones incluyeron la compra de Pixar Animation Studios en 2006, Marvel Entertainment en 2009, Lucasfilm en 2012, BAMTech (la empresa de streaming de las Grandes Ligas de Béisbol) en 2016 y, como colofón de su mandato inicial, la osada adquisición de 21st Century Fox en 2019 por la astronómica suma de 71.300 millones de dólares.
Esta última operación, que implicó complejas negociaciones con el magnate Rupert Murdoch, incorporó a Disney las cadenas de televisión FX y National Geographic, participaciones significativas en Star India y el 30% de la plataforma Hulu. Quedaron excluidas de la transacción Fox News, Fox Sports en Estados Unidos y la cadena abierta Fox Broadcasting. A este impresionante portafolio debe sumarse la histórica adquisición de Capital Cities/ABC en 1995, que consolidó definitivamente la expansión mediática de la compañía y sentó las bases de su dominio en el sector.
La tormenta perfecta: pandemia y transición fallida
Con estas decisiones estratégicas y el lanzamiento de su propia plataforma de streaming Disney+, la corporación parecía proyectarse hacia un futuro extremadamente prometedor. Sin embargo, la crisis no tardó en manifestarse de manera dramática. La pandemia de covid-19 en 2020 paralizó completamente sus parques temáticos, cruceros y producciones cinematográficas, generando pérdidas multimillonarias. Simultáneamente, se produjo el relevo en la dirección con Bob Chapek, una transición que resultó particularmente compleja y problemática.
Durante este período turbulento, Disney experimentó caídas significativas en el precio de sus acciones, implementó miles de despidos a nivel global y registró pérdidas financieras considerables. La situación se volvió tan crítica que finalmente el consejo de administración decidió llamar de vuelta a Robert Iger en 2022 para que enfrentara la tormenta y estabilizara la nave corporativa.
Nuevos paradigmas y desafíos estructurales
Pero esta vez Iger no regresó a la edad dorada del crecimiento ilimitado, sino a una etapa de estabilización riesgosa marcada por profundas transformaciones en los hábitos de consumo. El cable tradicional dejó de ser el eje central del negocio del entretenimiento, y el streaming ahora compite ferozmente con plataformas como TikTok e Instagram por la atención fragmentada del público. La crisis también impactó severamente a Pixar Animation Studios, que implementó despidos pese a éxitos creativos como Soul, Luca, Turning Red y Elemental, y tras el tropiezo comercial de Lightyear.
Paradójicamente, Disney obtuvo importantes éxitos de taquilla con producciones como Oppenheimer y Barbie –a través de su filial 20th Century Studios en el primer caso y mediante distribución internacional en el segundo–, pero el problema estructural es mucho más profundo: las franquicias de Marvel y Star Wars muestran claros signos de agotamiento creativo, y no se vislumbran nuevas sagas capaces de reemplazarlas en el imaginario colectivo.
Oportunidades en medio de la incertidumbre
Surgen así desafíos complejos de enormes proporciones: innovar constantemente sin incurrir en pérdidas millonarias por proyectos fallidos, reactivar plenamente los parques temáticos que históricamente han sido pilares del negocio, y probablemente integrar de manera estratégica herramientas de inteligencia artificial en la creación, producción y distribución de contenidos. No obstante, toda crisis representa también una oportunidad empresarial única.
Una compañía que hoy ronda una valoración de mercado de 190.000 millones de dólares, tras dos décadas de expansión potente y transformadora, enfrenta ahora un cambio de paradigma fundamental en el consumo audiovisual. Disney ya superó crisis significativas en los años setenta, a finales de los ochenta y en distintos momentos del siglo XXI, demostrando una notable capacidad de resiliencia corporativa.
Las grandes empresas sobreviven y prosperan cuando comprenden que deben modificar sus paradigmas establecidos. Los parques temáticos seguirán siendo un pilar fundamental del negocio, pero la innovación tecnológica y creativa será completamente ineludible. Para el próximo director ejecutivo, cuando llegue el relevo definitivo de Iger, los retos principales estarán en la inteligencia artificial aplicada al entretenimiento, la personalización avanzada de la oferta de contenidos y la reconstrucción de una narrativa creativa capaz de volver a marcar tendencia a nivel global.



