Eduardo Robayo: el visionario que transformó el pollo asado en un imperio empresarial colombiano
La trayectoria del empresario colombiano Eduardo Robayo Ferro, fundador de la cadena Kokoriko, representa un ejemplo emblemático de emprendimiento y crecimiento empresarial en el país. Su historia está profundamente ligada al desarrollo de un negocio familiar que comenzó a finales de la década de 1960 y que con el tiempo se transformó en un conglomerado con presencia en múltiples sectores económicos.
Los inicios comerciales y la acumulación de experiencia
Antes de incursionar en el mundo gastronómico, Eduardo Robayo se desempeñó en diversas actividades comerciales que le permitieron acumular capital y conocimientos esenciales para su futuro emprendimiento. Tuvo cacharrerías, vendió joyas de fantasía y participó activamente en la importación de mercancías para su venta al por mayor. Este recorrido diversificado le proporcionó una visión amplia del manejo de negocios y una capacidad de adaptación que marcaría su éxito posterior.
El nacimiento de Kokoriko y la revolución del pollo asado
En 1969, junto con sus socios Noé Cardona Cardona y Emilio Jordán Collazos, Robayo creó la empresa avícola que daría origen a Kokoriko bajo el nombre de "Compañía Comercial e Industrial de Aves - AVESCO Ltda.". Ese mismo año abrió un primer local llamado La Colonia en el barrio Chapinero de Bogotá, donde ofrecían pollo asado, un producto que en ese momento era considerado costoso y poco accesible para el público masivo.
El éxito inicial fue notable y permitió la expansión del negocio. En 1971 se inauguró en Cali el primer restaurante bajo la marca Kokoriko, ya bajo control directo de la familia Robayo. A partir de este momento comenzó un proceso de crecimiento sostenido que llevó a la apertura de nuevos puntos de venta en distintas ciudades del país, consolidando una operación de alcance nacional.
El desarrollo empresarial y la diversificación del grupo
Robayo lideró el desarrollo de la empresa junto a sus hermanos, especialmente Antonio Robayo, quien desempeñó un papel fundamental en la estructuración financiera del grupo. La compañía logró posicionarse durante años como una de las principales en la venta de pollo preparado en Colombia, alcanzando más de 100 establecimientos y estableciendo un estándar de calidad reconocido.
Con la consolidación de Kokoriko, la familia Robayo Ferro amplió su actividad empresarial hacia otros sectores estratégicos. A finales de los años ochenta incursionaron en el sistema financiero con la compra de Diners Club Colombia, que posteriormente se transformó en el Banco Superior. También participaron activamente en negocios de pensiones, vivienda, seguros, e incluso realizaron inversiones significativas en aerolíneas y otros frentes económicos.
Expansión continua y alianzas estratégicas
El crecimiento del grupo empresarial continuó en las décadas siguientes con la adquisición de nuevas marcas y la creación de un portafolio diversificado. En el año 2000 incorporaron Helados Mimo's y estructuraron el grupo Conboca, al que posteriormente se sumaron otras marcas reconocidas como Palos de Moguer y restaurantes de diferentes conceptos gastronómicos.
Un hito importante ocurrió en 2016 cuando el grupo de los hermanos Robayo se asoció con Andrés Jaramillo, fundador de Andrés Carne de Res. De esta alianza estratégica surgió el Grupo Inmaculada Guadalupe y Amigos (IGA), que integró varias de las marcas bajo una misma estructura empresarial y fortaleció considerablemente su presencia en el mercado de restaurantes en Colombia.
Momentos difíciles y adaptación al mercado
La trayectoria de Eduardo Robayo también estuvo marcada por momentos de profunda dificultad. En 2003, su hermano Antonio Robayo murió en el atentado contra el Club El Nogal, un hecho trágico que impactó directamente la estructura del grupo empresarial y a la familia en su conjunto.
A lo largo de más de cinco décadas, Kokoriko evolucionó de ser una simple cadena de pollo asado a convertirse en una empresa con presencia en múltiples ciudades, con decenas de puntos de venta y un portafolio que se expandió hacia distintos productos de comida rápida. El desarrollo de esta empresa estuvo ligado a la capacidad de adaptación a las tendencias del mercado y a la expansión de sus operaciones en diferentes formatos de servicio, lo que permitió su permanencia en el sector por más de 55 años.
Legado y reconocimiento nacional
La historia de Eduardo Robayo Ferro queda indisolublemente asociada al crecimiento de un negocio familiar que logró consolidarse como una marca reconocida de la industria gastronómica colombiana. Su visión empresarial, combinada con una capacidad de diversificación estratégica, transformó un modesto local de pollo asado en un conglomerado empresarial que dejó una huella permanente en la economía y la cultura alimentaria del país.



