Empresas y consumidores estadounidenses cargaron con el peso de los aranceles de Trump
Un análisis exhaustivo de la Reserva Federal de Nueva York ha revelado datos contundentes sobre el impacto real de la política arancelaria implementada durante 2025. Las empresas y hogares estadounidenses absorbieron aproximadamente el 90% del costo económico de los gravámenes aplicados por la administración Trump, transformando lo que teóricamente eran impuestos a bienes extranjeros en una carga interna sustancial para la economía doméstica.
Transformación de las tasas arancelarias
El estudio, elaborado con datos de importaciones hasta noviembre de 2025, documenta cómo la tasa arancelaria promedio sobre las importaciones de Estados Unidos experimentó un incremento dramático: pasó del 2,6% al 13% durante el año. El salto más pronunciado ocurrió entre abril y mayo, cuando los aranceles sobre productos chinos se incrementaron en 125 puntos porcentuales, antes de experimentar una reversión parcial semanas más tarde.
A pesar de estos ajustes temporales, el nivel promedio cerró el año significativamente por encima del observado al inicio, consolidando un entorno comercial marcadamente más restrictivo que afectó directamente las cadenas de suministro globales.
Reconfiguración del comercio internacional
El endurecimiento arancelario aceleró una transformación profunda en los patrones de comercio internacional:
- China redujo su participación en las importaciones estadounidenses desde aproximadamente el 25% en 2017 hasta menos del 10% en los primeros once meses de 2025.
- México y Vietnam ampliaron sustancialmente su cuota de mercado, consolidándose como alternativas viables para abastecer al mercado estadounidense.
- Los importadores respondieron al encarecimiento de productos mediante la sustitución de proveedores y la redirección de pedidos hacia países con menores gravámenes.
La realidad de la incidencia arancelaria
El eje central del informe se centra en la llamada "incidencia arancelaria", es decir, cómo se distribuye el costo económico entre exportadores extranjeros e importadores domésticos. Aunque en teoría los productores externos podrían absorber parte del impacto reduciendo sus precios para mantener competitividad, la evidencia empírica indica que este ajuste fue extremadamente limitado.
Según los datos de la Fed de Nueva York, en los primeros ocho meses del año el 94% de la carga recayó directamente sobre Estados Unidos. En términos prácticos, un arancel del 10% generó apenas una reducción de 0,6 puntos porcentuales en los precios de exportación, lo que implica un traslado casi total al precio final pagado por empresas y consumidores estadounidenses.
Moderación hacia finales de año
Hacia el cierre del año se observó una leve moderación en este patrón. En noviembre, un arancel del 10% se asoció con una caída del 1,4% en los precios externos, lo que sugiere un traslado del 86% a los compradores estadounidenses. Sin embargo, con una tasa promedio del 13% en diciembre, los bienes gravados registraron aumentos cercanos al 11% frente a productos no sujetos a aranceles.
Este dato refuerza la conclusión central del estudio: los aranceles funcionan, en la práctica, como un costo interno adicional para la economía estadounidense, afectando directamente la competitividad de las empresas y el poder adquisitivo de los consumidores.
Excepciones y ajustes en la aplicación
El estudio también destaca que la tasa efectiva pagada por los importadores fue menor que la tasa legal debido a varios factores:
- Exenciones específicas bajo acuerdos comerciales existentes
- Cambios estratégicos en los patrones de compra internacional
- Reubicación de cadenas de suministro hacia países con menores barreras comerciales
Un ejemplo notable es el arancel del 35% para ciertos bienes procedentes de Canadá, donde la mayoría de esas importaciones está exenta bajo el acuerdo comercial entre Estados Unidos, México y Canadá (USMCA).
La investigación de la Reserva Federal proporciona evidencia contundente sobre cómo las políticas arancelarias, aunque formalmente dirigidas a productos extranjeros, terminan afectando principalmente a la economía doméstica, con implicaciones significativas para la inflación, la competitividad empresarial y el bienestar de los consumidores estadounidenses.