Protocolo Familiar: La Construcción de Acuerdos en las Empresas Familiares
Protocolo Familiar: Acuerdos en Empresas Familiares

La Importancia de los Acuerdos en las Familias Empresarias

Como individuos, formamos parte de una familia y de múltiples comunidades: nuestro barrio, nuestro lugar de trabajo, nuestro círculo de amigos, la iglesia o grupos deportivos. En todos estos ámbitos de interacción social y familiar, negociamos de manera permanente, e incluso inconsciente, diversos acuerdos. Es fundamental comprender las reglas mínimas de comportamiento dentro de cada comunidad y asimilar que, en la medida en que las cumplamos y las hagamos cumplir, la interacción con los demás será más fácil y llevadera.

Extrapolación a las Familias Empresarias

Podemos extrapolar este comportamiento a algo esencial para progresar, evolucionar y mejorar en nuestra comunidad de Familia Empresaria: la construcción, negociación y formalización de acuerdos. Basta con comenzar a navegar en internet y buscar temas relacionados con Familias Empresarias para que salga a relucir el gran acuerdo por antonomasia, aquel representante y rector de los acuerdos familiares: el Protocolo de Familia.

Reconozco las virtudes de este tipo de acuerdos, pero siempre advierto sobre las peligrosas trampas en que puede caer un grupo familiar si su aproximación a la construcción de un acuerdo de este tipo no es la correcta. En primer lugar, el protocolo es tan solo una herramienta de planeación entre muchas disponibles para la Familia Empresaria; es un medio, pero no el fin último. En segundo lugar, su proceso de construcción debe estar precedido de una ambientación previa en la cual las partes asuman un compromiso de participación activa y una actitud positiva frente al proceso.

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Errores Comunes y Recomendaciones

En tercer lugar, no se puede caer en la trampa de partir de un formato, de una minuta o del protocolo que me prestó un amigo para revisarlo. En cuarto lugar, el proceso implica una apertura al diálogo abierto, franco y sincero, con la construcción de escenarios de planeación que nos permitan sentarnos a pensar qué “pasaría si…” y, a partir de ahí, tomar decisiones, redactar posibles acuerdos e ir generando consenso. En quinto lugar, como dice el refrán, “del afán no queda sino el cansancio”.

El proceso de construir un gran acuerdo familiar, o como le queramos llamar, no se logra de un día para otro. Es un proceso que debe hacerse sin prisa, pero sin pausa, y no hay peor error que aterrizar en los diálogos presos de la ansiedad y el afán de redactar algo, y peor aún si se tiene la idea de que redactar algo podría ser la solución definitiva. En medio de las discusiones sobre acuerdos familiares subyacen elementos muy complejos, propios de las relaciones humanas y familiares.

Desafíos y Soluciones

Se observa el triste resultado de la ausencia de diálogo a lo largo del tiempo y, por qué no decirlo, la presencia de dolores del pasado, traumas, asuntos no resueltos y elefantes en la habitación. Cuando esto ocurre, el proceso no debe detenerse; se debe hacer un alto en el camino y seguir construyendo la ruta para llegar al destino. Es un viaje en el que se atraviesa un océano, y su preparación debe hacerse con método y rigor, asegurando que cada paso esté bien fundamentado y consensuado entre todas las partes involucradas.

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