La ciudad de Barranquilla se convirtió en el epicentro del debate energético regional con la instalación del noveno Encuentro y Feria Renovables Latam, un espacio que reunió a líderes del sector, empresas, inversionistas y autoridades. En medio de este evento, se lanzó una advertencia clave: Colombia necesita al menos 6.000 megavatios (MW) adicionales para evitar una crisis energética hacia 2027.
Urgencia de decisiones estructurales
El evento, que se desarrolla del 22 al 24 de abril, arrancó con un llamado urgente a acelerar decisiones estructurales que permitan garantizar la seguridad energética del país. Actualmente, Colombia cuenta con más de 3.000 MW en operación o en pruebas, además de cerca de 1.200 MW en generación distribuida, y un portafolio de proyectos que supera los 5.800 MW. Sin embargo, gran parte de estas iniciativas enfrenta obstáculos que frenan su ejecución.
Transición energética en riesgo
El principal desafío, coincidieron los expertos, está en la infraestructura de transmisión eléctrica, considerada el gran cuello de botella de la transición energética. Sin redes suficientes, la energía generada no puede integrarse al sistema, lo que pone en riesgo la confiabilidad del suministro.
En este contexto, Alexandra Hernández, presidenta ejecutiva de SER Colombia, fue enfática: “Colombia ya demostró que la transición energética es posible, pero ahora el desafío es acelerar. Si no resolvemos los cuellos de botella regulatorios, financieros y de infraestructura, el ritmo no será suficiente para garantizar seguridad energética y competitividad en los próximos años”.
Las cifras reflejan tanto el potencial como la urgencia. De destrabarse los proyectos en curso, el país podría incorporar hasta 9.500 MW adicionales, generar ahorros en tarifas cercanos a los 7 billones de pesos y reducir significativamente las emisiones, fortaleciendo su posición en el escenario energético regional.
Acción coordinada y visión internacional
Por su parte, Ana Cristina Rendón, gerente de FISE, subrayó la necesidad de una acción coordinada: “Hoy la transformación del sector dejó de ser una aspiración para convertirse en una realidad que exige decisiones oportunas, inversión, innovación y, sobre todo, articulación entre todos los actores”. Además, destacó que las energías renovables son fundamentales para garantizar la confiabilidad, competitividad y diversificación del sistema energético.
El panorama internacional también añade presión. Factores como la volatilidad de los precios de los combustibles, la concentración de minerales críticos y el crecimiento acelerado de la demanda —impulsado por tecnologías como la inteligencia artificial y los centros de datos— están redefiniendo las prioridades globales.
En esa línea, Daniel Díaz, director ejecutivo del Consejo Mundial de Energía (WEC Colombia), explicó: “Durante años la transición energética se abordó principalmente como una agenda ambiental, pero hoy el mundo tiene su mirada puesta en la seguridad energética. El reto no es escoger una tecnología sobre otra, sino integrarlas”.
Crecimiento exponencial y punto de no retorno
A nivel nacional, el avance ya es evidente. La capacidad instalada de energías renovables no convencionales ha crecido de forma exponencial, consolidando un cambio estructural en la matriz energética del país. Víctor José Paternina lo resumió así: “Colombia está en un punto de no retorno en su transición energética. Hoy contamos con más de 4 gigavatios instalados, lo que evidencia un crecimiento significativo y una transformación real del sector”.
La agenda del encuentro incluye temas estratégicos como la financiación de proyectos en mercados volátiles, el uso de inteligencia artificial en el sector, el licenciamiento ágil y el desarrollo de comunidades energéticas. Además, la muestra comercial y la rueda de negocios buscan dinamizar inversiones y acelerar alianzas clave.
Mensaje contundente del sector
En medio de una creciente presión sobre la demanda, el mensaje del sector es contundente: el futuro energético de Colombia dependerá de su capacidad para integrar tecnologías, destrabar proyectos y fortalecer su infraestructura. De no hacerlo a tiempo, la advertencia es clara: el riesgo de un déficit energético dejará de ser una proyección para convertirse en una realidad.



