Colombia frente a la mayor amenaza energética de la historia
El conflicto en Medio Oriente está lejos de terminar y por primera vez en la historia reciente, se teme un apagón energético global. Fatih Birol, director ejecutivo de la Agencia Internacional de la Energía y máxima autoridad mundial en la materia, ha sorprendido al mundo al declarar que lo que ocurre en el Estrecho de Ormúz representa "la mayor amenaza para la seguridad energética mundial de la historia".
La preocupante indiferencia colombiana
Mientras este comentario ha sido recogido con alarma en todos los países desarrollados, en Colombia no ha generado reacción alguna. El país parece mantenerse a la penúltima moda en materia de tendencias globales, distraído por escándalos personales en la alta gerencia de Ecopetrol, los albores de la primera vuelta presidencial y las afugias económicas diarias.
La noticia de que el barril de petróleo WTI ronda los US$100 y el brent alcanza los US$113 pasa desapercibida por una razón fundamental: Colombia es un país exportador de crudo, pero olvida deliberadamente que también es importador de casi todos los derivados del petróleo, especialmente plásticos y fertilizantes.
Impacto directo en el costo de vida
Si bien existe un claro optimismo por la subida del petróleo, también debería haber una gran preocupación por lo que esto significa para el costo de vida de los colombianos. El impacto en el precio del galón de gasolina y diésel es inevitable, y el Gobierno Nacional no podrá seguir bajando ese costo indefinidamente.
De hecho, debería considerar congelarlo para evitar que el buen oficio de haber reducido el déficit del Fondo de Estabilización de Precios de los Combustibles vuelva a crecer descontroladamente.
Respuesta internacional y vacío local
La semana pasada, la Agencia Internacional de la Energía -encargada de monitorear las reservas de petróleo- decidió inyectar al mercado unos 400 millones de barriles, la mayor intervención de reservas de la historia, todo para estabilizar precios que desde el comienzo del conflicto se han disparado de US$65 el barril hasta los US$120.
Frente a esta crisis global, al menos cuatro de los doce candidatos presidenciales con verdaderas opciones de llegar a la Casa de Nariño deberían empezar a hablar de temas coyunturales del país, especialmente de un plan energético integral. De nada vale recordar únicamente la política petrolera del Gobierno de turno sin proponer soluciones estratégicas.
Un desafío que marcará el próximo gobierno
El problema global de la energía es un asunto tan grave que va a marcar al menos la mitad del mandato del nuevo presidente de Colombia, quien desde ya debería pensar en sus autoridades mineroenergéticas. Los candidatos con mayores posibilidades deben examinar al detalle sus planes y propuestas, porque los mercados imponen que Colombia vuelva a ser un jugador regional en materia de gas y petróleo.
Esta necesidad se acentúa cuando las circunstancias de Venezuela así lo imponen. El país petrolero es determinante para el universo energético del continente y Colombia, su vecino más preparado, debe convertirse en un hub de servicios petroleros: no solo rehacer los negocios de gas y petróleo, sino abordar las necesidades de Caracas desde Bogotá, llenando vacíos profesionales que buscarán ocupar países necesitados de Europa y del mismo continente.
La energía como asunto estratégico nacional
Las pensiones, el déficit, la salud y la inseguridad son temas prioritarios, pero la energía es un asunto estratégico que obliga a contar con una gran hoja de ruta. Esta estrategia debe abarcar desde la diplomacia internacional hasta la formación técnica universitaria, pasando por políticas de inversión y desarrollo tecnológico.
El petróleo nunca debe ser visto como un problema social: es una riqueza que se debe saber explotar inteligentemente y cuyos recursos deben dirigirse sistemáticamente a reducir las precariedades que enfrentamos como sociedad. Colombia necesita urgentemente un plan energético que trascienda gobiernos y se convierta en política de Estado.



