Colombia pierde medio siglo en el desarrollo de energía nuclear
El 23 de febrero de 1976, el diario La República publicó una entrevista reveladora con Ernesto Villarreal Silva, entonces director del Instituto de Asuntos Nucleares (IAN). En aquel momento histórico, Villarreal afirmaba que Colombia necesitaba US$10 millones para desarrollar una mina de uranio y otros US$90 millones para construir una planta de tratamiento para enriquecerlo, proyecto que estimaba podría completarse en una década.
Las promesas del pasado frente a la realidad actual
Según el experto entrevistado, las regiones con mayor potencial para encontrar uranio se ubicaban en la cordillera Oriental, especialmente en los departamentos de Santander y Huila. El Gobierno colombiano de la época ya estaba considerando asociaciones con compañías internacionales líderes como Total de Francia y Urangesellschaft de Alemania, empresas que hasta hoy mantienen su liderazgo en la explotación, tratamiento y reciclaje de uranio.
Exactamente cincuenta años después, el 23 de febrero pasado, el Ministerio de Energía firmó un memorando de entendimiento con el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) para "establecer un marco de cooperación en aplicaciones de tecnología nuclear". Esta acción contrasta dramáticamente con las ambiciones concretas del pasado.
El retroceso colombiano frente al avance global
Mientras Colombia ha retrocedido en sus expectativas nucleares, el mundo ha seguido avanzando. Los accidentes de Three Mile Island (1979), Chernóbil (1986) y Fukushima (2011) ciertamente cuestionaron la seguridad de las plantas nucleares, llevando a países como España y Alemania a reducir o eliminar sus programas. Sin embargo, la energía nuclear ha mantenido su importancia global.
Francia obtiene el 70% de su electricidad de fuentes nucleares, proporcionando energía abundante y económica que contribuye significativamente a su bienestar económico y social. China cuenta con 55 reactores, 36 de ellos construidos en la última década. Estados Unidos tiene 93 reactores que satisfacen hasta el 20% de su consumo eléctrico y actualmente desarrolla más de 50 "pequeños reactores modulares".
La realidad latinoamericana y las oportunidades perdidas
En Latinoamérica, la generación nuclear existe desde 1974:
- México: La planta Laguna Verde (1990) produjo el 5% de la energía del país el año pasado.
- Brasil: Cuenta con Angra, con dos reactores (1986 y 2001) y un tercero en construcción.
- Argentina: Tiene las centrales Embalse (1984) y Atucha (1974), con un reactor adicional en camino y el desarrollo de pequeños reactores con diseño nacional propio (proyecto Carem).
El mundo actual tiene una sed creciente de energía impulsada por la movilidad eléctrica, los centros de datos, el bitcoin y la inteligencia artificial. Gigantes tecnológicos como Amazon, Microsoft y Google han advertido que la falta de electricidad es el principal limitante para su crecimiento, por lo que están invirtiendo en la nueva generación de reactores nucleares.
Una llamada a la acción nuclear
Las oportunidades en este renacer de la energía atómica son múltiples para Colombia, comenzando por la explotación de sus posibles reservas de uranio. El país no puede permitirse perder otros cincuenta años firmando "marcos de cooperación" sin consecuencias prácticas. Es momento de atraer emprendimientos, capital e innovación para que Colombia ocupe un merecido protagonismo en el escenario energético global.



