Lluvias y medidas del Gobierno Petro: ¿Bajarán realmente las tarifas de energía en Colombia?
Las lluvias atípicas registradas durante los primeros meses de 2026 han generado un escenario inusual en el sector energético colombiano. Los embalses del país han alcanzado niveles superiores al 74 por ciento, una cifra significativamente mayor al 40 por ciento que normalmente presentan durante este periodo tradicionalmente seco.
El impacto de la abundancia hídrica en los precios
Esta situación ha llevado al gobierno del presidente Gustavo Petro a solicitar formalmente a las generadoras una reducción en los precios de la energía, con el objetivo claro de aliviar las tarifas que enfrentan los usuarios residenciales e industriales. Paralelamente, el Ejecutivo ha instado a las empresas a acogerse a las nuevas reglas expedidas por la Comisión de Regulación de Energía y Gas (Creg), las cuales modifican la liquidación del cargo por confiabilidad.
Sin embargo, los gremios del sector coinciden en señalar que esta reducción se viene presentando desde hace varios meses y no responde directamente a las peticiones gubernamentales, sino al funcionamiento natural del mercado energético.
El mercado eléctrico: más complejo de lo que parece
Cuando el nivel de los embalses aumenta, el precio de la energía en bolsa disminuye automáticamente porque generar electricidad con agua resulta considerablemente más económico que hacerlo con gas o carbón. Este es precisamente el fenómeno que Colombia experimenta actualmente.
No obstante, existe una realidad crucial: las empresas comercializadoras solo adquieren en bolsa, en promedio, el 20 por ciento de la energía necesaria para atender a sus usuarios. El 80 por ciento restante corresponde a contratos de largo plazo negociados a precios estables que no fluctúan con la misma intensidad.
Además, la tarifa de energía eléctrica se compone de seis variables diferentes, siendo la generación la de mayor peso con aproximadamente el 35 por ciento del total. Es precisamente en este componente donde se reflejan tanto las compras diarias en bolsa como los contratos suscritos entre generadores y comercializadores.
Los números concretos del mercado
Según datos proporcionados por Acolgén, en 2025 el precio promedio en bolsa fue de 245,8 pesos por kilovatio hora, situándose por debajo del promedio de los contratos (298,9 pesos por kilovatio hora) durante el 78,63 por ciento del tiempo.
En lo corrido de 2026, esta diferencia se ha ampliado aún más: el promedio en bolsa se ha ubicado en 213,2 pesos por kilovatio hora, frente a los 308,25 pesos de los contratos de largo plazo.
"Cuando hay más agua disponible, los generadores aprovechan el recurso hídrico para producir más energía y reducir los precios del mercado, no lo contrario; aun así, ese alivio se ve acotado en la factura por el peso de los demás componentes", aseguró la presidenta de Acolgén, Natalia Gutiérrez.
El impacto real en el bolsillo de los colombianos
Aunque se espera una disminución en las tarifas de energía, esta no será de la misma magnitud en la que ha caído el precio en bolsa. Durante febrero de 2026, este valor ha estado consistentemente por debajo de los 200 pesos por kilovatio hora.
Esta limitación se explica porque el mercado spot solo representa una quinta parte de la energía adquirida por las empresas, la cual constituye apenas una porción del componente total de generación. Además, existe un desfase temporal importante: los precios de la energía en bolsa tardan aproximadamente 30 días en trasladarse a las facturas de los usuarios, por lo que los valores registrados en febrero impactarán positivamente los recibos de marzo.
Esta reducción se sumará a la observada durante 2025. De acuerdo con Asocodis, las tarifas registraron una disminución promedio del 9,6 por ciento, principalmente impulsada por menores costos en los componentes de pérdidas y generación.
Preocupaciones para el segundo semestre de 2026
Sin embargo, el director ejecutivo de Asocodis, José Camilo Manzur, manifestó su preocupación por el segundo semestre de 2026 ante el anuncio de organismos internacionales sobre un eventual fenómeno de El Niño. Este escenario climático representa un riesgo latente de incremento en las tarifas, ya que la sequía característica de este fenómeno reduce drásticamente la generación hidroeléctrica y obliga a aumentar la operación de las plantas térmicas, considerablemente más costosas.
Por esta razón, el líder gremial hizo un llamado enfático al "consumo y uso responsable" de la energía, considerando que el valor final de la factura depende tanto del precio como del volumen consumido, el cual ha venido registrando un aumento sostenido en los últimos años.
El pulso regulatorio con la Creg
En esencia, las nuevas resoluciones expedidas por la Creg modifican a la baja el precio de escasez. Para tecnologías como las hidroeléctricas, renovables y térmicas a carbón, este tope se redujo de aproximadamente 800 pesos a cerca de 350 pesos por kilovatio hora.
No obstante, dado que las asignaciones del cargo por confiabilidad se realizaron meses antes de estas resoluciones, la Creg otorgó la posibilidad de que las empresas se acojan de manera voluntaria a los nuevos precios. Sin embargo, el presidente ejecutivo de Andeg, Alejandro Castañeda, aseguró que ninguna de las empresas del gremio está dispuesta a aceptar la medida, pues "no tiene ningún sentido desde el punto de vista económico".
Por el lado de las hidroeléctricas, Acolgén manifestó que cada empresa evaluará individualmente su situación -considerando portafolio, contratos, disponibilidad, estructura de costos y apetito de riesgo- y, con base en este análisis, definirá su posición frente a la medida regulatoria.
Las empresas estatales y el futuro del sistema
Las empresas que sí se acogerán a esta medida, en línea con las directrices del Gobierno Nacional, son Gensa y la hidroeléctrica Urrá, ambas pertenecientes al Estado colombiano.
Acolgén también recordó que a partir de 2027 este nuevo esquema de precios será obligatorio para todas las empresas del sector. Si esta modificación regulatoria se suma a la materialización de un déficit de energía firme de alrededor del 3,5 por ciento, habría una mayor estrechez entre oferta y demanda en el sistema eléctrico nacional.
En consecuencia, el sistema eléctrico colombiano tendría una mayor exposición a precios altos en situaciones críticas de abastecimiento, lo cual terminaría afectando directamente el bolsillo de los millones de usuarios del servicio en todo el territorio nacional.