El cambio de narrativa en la transición energética colombiana
Se percibe un cambio, aunque lento y algo tardío, en la narrativa sobre el camino hacia las fuentes renovables y el abandono de los combustibles fósiles por parte de funcionarios públicos y empleados de empresas como Ecopetrol. Este ajuste discursivo refleja una evolución en la comprensión de los desafíos energéticos que enfrenta el país.
La visión irreal de la transición acelerada
Durante los últimos cuatro años, se intentó promover la idea de que la transición energética implicaba abandonar aceleradamente las fuentes fósiles para reemplazarlas urgentemente por energías limpias, como la eólica y solar. Esta posición, aunque romántica, resultó irreal en la práctica.
Bajo este enfoque, la reducción en la exploración, perforación y desarrollo de nuevos pozos de petróleo y gas se convirtió en un dogma sustentado en razones ideológicas, pero no soportable por las realidades fácticas. Se argumentaba que Colombia debía reducir drásticamente la producción de hidrocarburos para contribuir a la descarbonización del planeta.
Sin embargo, se ignoraba que Colombia es responsable de un porcentaje ínfimo en esa contribución negativa. Una transición tan acelerada solo podía causar la pérdida de nuestra soberanía energética, un patrimonio nacional que pocas repúblicas pueden sostener con relativa seguridad, y que nuestro país había conservado con rigor responsable.
Consecuencias de una transición mal planteada
Hoy, Colombia importa gas y paga facturas más costosas, cuando claramente podría gozar de tal soberanía si se hubiese actuado con realismo ante las tesis impuestas desde la transición energética a rajatabla. El paso del tiempo ha demostrado que una transición que no considere los altos intereses nacionales y no parta de la cruda realidad es una falacia.
Para lograr una transición efectiva, primero hay que dotarse de capital y de inversiones estratégicas que habiliten la apertura de plantas eólicas y solares que sustituyan a las tradicionales. La situación empeora cuando las iniciativas privadas dirigidas a crear parques eólicos y solares fracasan, como ha ocurrido en los últimos años por diversas causas, casi todas originadas en la incapacidad de lo público para hacer viables los proyectos.
El surgimiento del concepto de 'adición energética'
Finalmente, ha ocurrido lo esperado: los propios funcionarios comienzan a revisar el concepto de transición energética, ajustándolo a la realidad mundial bajo el término de adición energética. Como el mundo no está logrando sustituir los combustibles fósiles a la velocidad necesaria, lo que está ocurriendo es que se están 'añadiendo' fuentes renovables para lograr una mezcla energética que satisfaga la demanda voraz de energía.
Si la transición tradicional implica eliminar los fósiles para su sustitución por las renovables, la adición mantiene o crece ligeramente las fuentes tradicionales mientras se logra, algún día, superarlas con las renovables. Este enfoque más pragmático reconoce la necesidad de un equilibrio entre la sostenibilidad ambiental y la seguridad energética nacional.



