El capitalismo en perpetua transformación: entre la crisis y la reinvención
Los cambios vertiginosos que observamos actualmente en el panorama mundial nos exigen desplegar una imaginación considerable para poder comprenderlos en toda su complejidad. Hace apenas tres años, impartía en la universidad un curso sobre globalización, con la premisa de que debíamos ponernos al día con lo que ocurría en nuestro entorno inmediato. Hoy, ese mismo curso resultaría obsoleto, pues las transformaciones acontecidas en este breve lapso han sido verdaderamente insólitas y profundas.
¿Qué está en juego en la actualidad?
La pregunta que resuena con fuerza es: ¿qué elementos están sacudiendo los parámetros fundamentales de nuestras vidas contemporáneas? En este momento histórico, la voz predominante parece ser la de la economía, con todas sus implicaciones y reverberaciones sociales.
Generalmente asociamos el nombre de Karl Marx con una crítica implacable al capitalismo, retratándolo como un régimen explotador y despiadado. Sin embargo, frecuentemente pasamos por alto que en el Manifiesto del Partido Comunista se trasluce una admiración notable por lo que este sistema económico representa como fuerza revolucionaria sin precedentes. Su lógica implacable transforma de manera permanente todas las relaciones sociales establecidas.
Vivimos inmersos en lo que Marshall Berman denominó en su famoso libro "una vorágine de perpetua desintegración y renovación", formando parte de un universo donde "todo lo sólido se desvanece en el aire". Esta metáfora captura perfectamente la esencia del dinamismo capitalista.
Las crisis históricas y sus lecciones
La gran crisis de los años 1929-1935, conocida universalmente como la "Gran Depresión", despertó toda clase de temores respecto al posible colapso del capitalismo. Estos temores se vieron incrementados por los indicadores económicos positivos que la Unión Soviética estaba logrando mediante la planificación económica centralizada.
Durante varias décadas subsiguientes, el miedo al "comunismo" obligó al capitalismo a adoptar políticas regulatorias diseñadas para paliar sus efectos sociales más negativos y servir como salvaguarda contra posibles revoluciones populares. Este período dio origen al conocido "Estado de bienestar" (welfare state), que aún mantiene vigencia en numerosos países europeos.
No obstante, tras la caída del socialismo entre 1989 y 1992, el capitalismo se encontró sin rivales significativos y pudo imponer sin mayores obstáculos el modelo neoliberal que venía esbozándose desde décadas anteriores.
La lógica interna del sistema
La crisis inmobiliaria de 2007-2008 volvió a encender todas las alarmas y resucitó los temores de que, por su propia lógica interna, pudiera presentarse una nueva crisis económica de magnitudes similares a la de 1929, capaz de llevar al colapso al sistema económico que rige nuestras sociedades. Es precisamente a partir de ese momento que se incuba lo que estamos presenciando en la actualidad.
El capitalismo está abocado a una exigencia permanente de generar ganancias, de mantener un crecimiento sostenido y un movimiento continuo del dinero para evitar su propio derrumbe. El capital excedente requiere constantemente de nuevas inversiones, de mercados frescos, de la conquista y expansión geográfica en un movimiento vertiginoso que no conoce pausas.
Este sistema vive de una revolución permanente en las formas de producción, la presión constante sobre los salarios, la flexibilización laboral, la reducción de mano de obra, la promoción del crédito, la renovación tecnológica, el crecimiento del sector financiero y la ampliación del consumo. Precisamente dentro de este marco de expansión perpetua es donde pueden presentarse los desajustes sistémicos que, en algún momento, podrían desencadenar una gran crisis mundial, una desaceleración económica generalizada, una caída drástica del empleo y una reducción severa de la inversión.
La reinvención necesaria
Por ello, no debemos interpretar lo que está sucediendo actualmente desde Estados Unidos como un simple problema de "degradación moral" de un grupo de dirigentes alrededor de figuras como Donald Trump, como afirman algunos analistas. Más bien, se trata del efecto visible del movimiento subterráneo de una lógica capitalista que necesita reinventarse constantemente para sobrevivir.
Si ayer estuvo en primer plano la "desindustrialización" de los países desarrollados, hoy la situación podría revertirse en sentido completamente inverso. La globalización, tan alabada por el neoliberalismo durante décadas, hoy parece retroceder en favor de un resurgimiento de las fronteras nacionales aplicadas tanto al capital como a la mano de obra.
El discurso del secretario de Estado Marco Rubio en la Conferencia de Seguridad de Múnich del 14 de febrero, disfrazado bajo una retórica que defiende la cultura y civilización occidental (mencionando desde Dante y Shakespeare hasta los Beatles y los Rolling Stones), no es otra cosa que un programa de renovación capitalista que actualmente está ganando terreno en Estados Unidos, aunque no se mencione explícitamente la expresión. A las cosas hay que llamarlas por su nombre. Este documento representa un "documento bisagra" entre dos épocas históricas distintas.



