Economía colombiana enfrenta desafíos macroeconómicos en segundo trimestre de 2026
Desafíos macroeconómicos en segundo trimestre de 2026

Economía colombiana enfrenta complejo panorama macroeconómico en segundo trimestre

A cinco meses del inicio del nuevo gobierno, las finanzas públicas colombianas arrancan el segundo trimestre de 2026 con tensiones evidentes entre el Ministerio de Hacienda y el Banco de la República, luego de que la autoridad monetaria decidiera aumentar la tasa de interés en 100 puntos básicos hasta ubicarla en 11,25%. Este escenario se desarrolla mientras el petróleo brent alcanza sus niveles más altos desde 2022, generando expectativas sobre los efectos macroeconómicos de las externalidades y el rumbo de las finanzas públicas hacia el cierre del año.

Impacto del salario mínimo y presiones inflacionarias

El incremento del 23,7% en el salario mínimo para 2026 comienza a reflejarse en los indicadores inflacionarios, aunque inicialmente fue contrarrestado parcialmente por la reducción de $1.000 en los precios de combustibles entre febrero y marzo. Sin embargo, el gobierno ya tuvo que revertir esta medida debido al conflicto en Irán, mientras que las inundaciones en ocho departamentos presionaron al alza los precios de alimentos. El dato de inflación de febrero se ubicó 45 puntos básicos por encima de las previsiones de diciembre, alcanzando 5,29%, según análisis de expertos.

Remesas y desempleo muestran fortalezas divergentes

Las remesas recibidas en febrero de 2026 alcanzaron los US$1.031 millones, representando un crecimiento de US$930 millones frente al mismo mes de 2025. Este dinamismo se mantiene a pesar del impuesto del 1% implementado por Estados Unidos sobre las transferencias salientes. Paralelamente, la tasa de desempleo de febrero se situó en 9,2%, la cifra más baja para ese mes en 25 años, aunque la informalidad laboral persiste en niveles preocupantes del 55,3%.

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Perspectivas de crecimiento y desafíos sectoriales

Tras registrar un crecimiento del PIB del 2,6% en 2025, las expectativas para 2026 apuntan hacia una moderación, con estimaciones que sitúan la expansión económica alrededor del 2,3%. Este ajuste responde al agotamiento del consumo interno, afectado por tasas de interés más elevadas que el año anterior, y a la desaceleración del sector agropecuario, que pasaría de crecer 3,1% en 2025 a apenas 0,6% en 2026 debido a la caída en los precios internacionales del café.

Tensiones monetarias y fiscalidad

La decisión del Banco de la República de aumentar la tasa de interés generó fricciones con el Ministerio de Hacienda, cuyo titular, Germán Ávila, se retiró de la reunión donde se tomó la determinación. Mientras el ministerio argumenta que tasas altas frenan el crecimiento económico, el emisor defiende que estas protegen el poder adquisitivo frente a choques inflacionarios. Analistas proyectan que la tasa podría cerrar 2026 en 12%, manteniendo una política monetaria restrictiva.

Petróleo y finanzas corporativas

Las tensiones en Oriente Medio impulsaron el precio del brent hasta US$118 al cierre de marzo, alcanzando máximos de tres años. Este escenario beneficiaría a Ecopetrol, que tras reportar utilidades de $9 billones en 2025 -las más bajas desde la pandemia- espera un repunte en su desempeño financiero. Según cálculos de la compañía, por cada dólar que aumenta el brent, la empresa percibe $500.000 millones adicionales en utilidades.

Deuda pública y desafíos fiscales

La deuda externa colombiana, aunque ha retrocedido 7,2% desde marzo de 2023, aún representa más de la mitad del PIB nacional (53,8%), con un saldo de US$246.801 millones. Instituciones financieras proyectan que el déficit fiscal se ubicará entre 6% y 6,8% al cierre del año, reflejando un deterioro en las cuentas públicas que requeriría un ajuste cercano a cuatro puntos del PIB para estabilizar la deuda, según análisis de Corficolombiana.

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Sector financiero y consumo

La Superintendencia Financiera estableció la tasa de usura para el mercado en 26,76%, representando un aumento de 124 puntos básicos frente a febrero. Esta medida busca controlar el consumo de los hogares y sus efectos inflacionarios derivados, en línea con una política monetaria más restrictiva. Paralelamente, el sector de la vivienda muestra señales de debilidad, con ventas que se mantienen en mínimos desde junio de 2023, afectadas por la suspensión de subsidios y el encarecimiento de los créditos hipotecarios.