Expertos económicos advierten: Colombia debe hacer ajuste fiscal o sufrirá consecuencias
Expertos: Colombia debe hacer ajuste fiscal o sufrirá consecuencias

Expertos económicos lanzan advertencia contundente: "O hacemos el ajuste o nos lo hacen"

Mientras la economía colombiana muestra señales superficiales de alivio con crecimiento del consumo y mejoras en el empleo, un panel de reconocidos economistas ha encendido las alarmas sobre un desorden fiscal que crece de manera preocupante. Durante el 19 Congreso Anual de Asofondos en Cartagena, tres voces autorizadas analizaron los desafíos que enfrenta el país en la actual coyuntura económica.

Una situación fiscal "muy compleja"

Carolina Soto, excodirectora del Banco de la República, estableció el punto de partida: Colombia enfrenta una situación fiscal "muy compleja" que no es nueva, pero que ha alcanzado magnitudes preocupantes. "Estamos teniendo déficits fiscales superiores al 6 por ciento por tercer año consecutivo, sin un choque externo que lo justifique", explicó Soto, marcando un quiebre frente a la tradición de disciplina macroeconómica que distinguía al país en la región.

El problema trasciende lo numérico para convertirse en institucional. "Estamos perdiendo otro activo que valorábamos mucho: la credibilidad", advirtió la experta, señalando que se han relajado las reglas fiscales y se han hecho interpretaciones flexibles para cumplirlas. Esta pérdida de confianza ya se refleja en mayores primas de riesgo y en una percepción internacional menos favorable hacia la economía colombiana.

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Deterioro sostenido en las cuentas nacionales

Juan Carlos Ramírez, presidente del Comité Autónomo de la Regla Fiscal (Carf), explicó que el país enfrenta un deterioro sostenido en sus cuentas, no solo por el nivel actual del déficit fiscal sino porque el déficit primario ha alcanzado niveles del 3,5 por ciento, quintuplicando cifras anteriores.

Ramírez subrayó que el problema tiene raíces profundas: "Hay fuerzas estructurales y otras más recientes, como la pandemia, pero también fallas en la planeación fiscal". Cuestionó específicamente que el gobierno haya subestimado gastos y sobreestimado ingresos, generando desbalances persistentes que ahora requieren correcciones drásticas.

Uno de los puntos más críticos señalados por Ramírez es la decisión de acogerse a la cláusula de escape de la regla fiscal. "El Carf no dio concepto favorable porque las circunstancias no eran nuevas", explicó. El error clave, según su análisis, ha sido el momento del ajuste: "Los ajustes debían haber iniciado desde el primer año y no se ha hecho".

La advertencia más directa

Alberto Carrasquilla, exministro de Hacienda, sintetizó el problema en una frase que resonó en el auditorio: "O hacemos el ajuste o el ajuste se nos hace". Su argumento parte de una realidad macroeconómica preocupante: las tasas de interés reales están muy por encima del crecimiento económico.

"Tenemos tasas cercanas al 8 por ciento real frente a un crecimiento de largo plazo de 2,5 o 3 por ciento", explicó Carrasquilla. Esta brecha implica que la deuda se vuelve insostenible con el tiempo, creando una bomba de relojería fiscal que eventualmente explotará.

El exministro planteó tres tareas urgentes para el próximo gobierno: diferenciarse en política fiscal, identificar las deudas ocultas y apostar por reformas estructurales. Entre estas reformas, destacó la pensional como inaplazable: "Estamos hablando de pasivos cercanos al 40 por ciento del PIB. Eso es un peso que no se puede asumir".

El espejismo de la estabilidad actual

Uno de los aspectos más preocupantes del análisis es por qué la crisis fiscal aún no se percibe en la vida cotidiana de los colombianos. Soto lo resumió así: "Los efectos del mal manejo fiscal no se sienten todavía".

Hoy, la economía muestra señales positivas impulsadas por el gasto público y el consumo. "La demanda está disparada y el gasto público está empujando la economía", explicó. Pero ese impulso tiene costos ocultos: "Ya estamos viendo un 'crowding out', donde el gasto desplaza la inversión".

Las cifras respaldan esta preocupación. La inversión ha caído del 22 al 17-18 por ciento del PIB, mientras el gasto público ha crecido de forma significativa. Además, el peso de la deuda se ha duplicado en términos de intereses: "Antes pagábamos 3 por ciento del PIB en intereses, ahora estamos en 6 por ciento", advirtió Soto.

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Decisiones complejas para el próximo gobierno

El debate cerró con una preocupación por el tamaño del problema que heredará el próximo gobierno. El presupuesto proyectado, cercano a 600 billones de pesos, evidencia la magnitud del desafío fiscal.

Carrasquilla fue tajante: "Gran parte de ese presupuesto es inflexible. Sin reformas, es prácticamente intocable". Entre deuda, pensiones y transferencias, el margen de acción del próximo gobierno será mínimo, limitando su capacidad para implementar políticas nuevas o corregir desequilibrios.

La pregunta clave es cómo financiar ese gasto creciente. "Como siempre: pidiendo prestado", respondió Carrasquilla, advirtiendo que esa estrategia tiene límites, especialmente en un contexto de tasas de interés altas que encarecen el costo del endeudamiento.

Incluso lanzó una reflexión provocadora: el país podría necesitar una señal de alerta más visible. "Un susto fiscal nos convendría para que la gente entienda la gravedad del problema", dijo, comparando la situación con un fumador que solo reacciona ante una enfermedad diagnosticada.

Consecuencias inevitables

A pesar de las diferencias de enfoque entre los panelistas, todos coincidieron en que Colombia enfrenta un desafío fiscal serio, estructural y urgente. No se trata de una crisis inmediata que genere pánico en los mercados hoy, pero sí de una trayectoria insostenible que requerirá correcciones dolorosas.

La economía colombiana, en su aparente estabilidad actual, está sostenida por un gasto público creciente y una deuda cada vez más costosa. Los expertos advierten que el verdadero reto será corregir el rumbo fiscal sin frenar el crecimiento económico ni afectar desproporcionadamente a los sectores más vulnerables de la población.

El mensaje final del panel fue claro: los beneficios del gasto público se gozan hoy, pero los costos llegarán después. Y cuando lleguen, según coincidieron los expertos, serán significativamente mayores por la postergación de las decisiones difíciles que el país necesita tomar con urgencia.