Gobierno ataca independencia del Banco de la República en medio de tensión por tasas de interés
La tensión en la junta directiva del Banco de la República era palpable desde el inicio de la reunión del martes pasado. El ministro de Hacienda, Germán Ávila, llegó con retraso y mostró gestos de brusquedad mientras los otros seis integrantes intervenían en orden. La molestia inicial se transformó en exasperación cuando quedó claro que la mayoría votaría por aumentar la tasa de interés en un punto porcentual, llevándola al 11,25 por ciento anual.
Esta decisión, tomada por cuatro votos contra tres, eventualmente afectará los créditos y depósitos bancarios. Al llegar su turno, Ávila leyó un texto preparado, señalando "micropoderes" que socavan la agenda gubernamental y criticando el alza de tasas como un "despropósito" que perjudica la recuperación económica.
Ofensiva gubernamental y cuestionamientos éticos
Tras abandonar la junta, el ministro convocó una rueda de prensa donde anunció que no volvería a asistir. La ofensiva se intensificó con el presidente Gustavo Petro a la cabeza, quien a través de la plataforma X atacó el ajuste y cuestionó la ética de los directores, publicando una foto con la leyenda: "el Banco de la República es de la oligarquía".
Esta postura ha llevado a proponer reformas al arreglo institucional definido por la Constitución de 1991, transformando un tema técnico en un caballito de batalla electoral. La discusión se ha desviado, superponiendo planteamientos y perdiendo perspectiva en un contexto donde la política amenaza la cordura.
Fundamentos técnicos y riesgos inflacionarios
La mayoría de la junta justificó su decisión basándose en datos económicos. La inflación básica cerró febrero en 5,5 por ciento anual, medio punto más que en diciembre, y las expectativas de especialistas apuntan a un 6,3 por ciento en diciembre. Este aumento se atribuye en parte al incremento del 24 por ciento en el salario mínimo vigente desde enero.
Según la ortodoxia económica, subir la tasa de interés modera la demanda interna, evitando una espiral inflacionaria. Aunque se puede debatir si el ajuste es excesivo, experiencias como la de Turquía bajo Recep Tayyip Erdogan muestran los riesgos de ignorar la lógica monetaria, con devaluación e inflación persistentes.
Implicaciones constitucionales y sanciones posibles
La independencia del Banco de la República está consagrada en los artículos 371 y 372 de la Constitución, que otorgan autonomía administrativa, patrimonial y técnica, y establecen que los directores representan exclusivamente el interés de la Nación. Casi 35 años de historia muestran numerosas derrotas del ministro de Hacienda, pero nunca se había propuesto cambiar las reglas de juego.
La Ley 31 de 1992 define como falta absoluta "la ausencia injustificada a más de dos sesiones continuas", lo que pone a Germán Ávila en riesgo de sanción por la Procuraduría. La Academia Colombiana de Jurisprudencia ya ha emitido un pronunciamiento recordando estas obligaciones.
Estrategia electoral y erosión democrática
El giro en la discusión parece ser una estrategia del Gobierno de cara a las elecciones del 31 de mayo, priorizando la movilización emocional sobre la estabilidad macroeconómica. Expertos como el profesor Pablo Sanabria señalan similitudes con tácticas usadas por Hugo Chávez, donde se crea un enemigo difuso para simplificar la política y ganar votos.
Los directores del Emisor han optado por el silencio para evitar controversias, pero esto puede reforzar la narrativa presidencial de una élite alejada de las preocupaciones ciudadanas. En un plano más amplio, se evidencia un intento de socavar el sistema de pesos y contrapesos democrático, sustituyéndolo por la voluntad de quien se arroga la vocería del pueblo.
En resumen, la ofensiva contra el Banco de la República trasciende el debate técnico sobre tasas de interés, reflejando una crisis institucional con claras motivaciones electorales que pone en riesgo la credibilidad económica y la solidez democrática de Colombia.



