Dos letras que definen el destino económico de Colombia
En el corazón de los debates económicos más cruciales se encuentran dos letras en minúscula que han adquirido una relevancia extraordinaria: "r" y "g". Estas siglas no son meros símbolos académicos, sino variables fundamentales que determinan el rumbo del crecimiento, la distribución de la riqueza y, especialmente, la salud de las finanzas públicas en Colombia.
La teoría de Piketty y su aplicación en el contexto colombiano
Muchos recordarán que estas dos letras constituyen el núcleo de la obra monumental de Thomas Piketty, "El capital en el siglo XXI". El economista francés argumenta de manera contundente que cuando la tasa de rendimiento del capital privado (r) supera de forma persistente a la tasa de crecimiento de la economía (g), se produce una concentración inevitable de la riqueza. La razón es matemáticamente simple: las fortunas heredadas se expanden al ritmo de r, mientras que los ingresos laborales lo hacen al ritmo de g, generando así una brecha que profundiza la desigualdad social.
La aritmética implacable de la sostenibilidad fiscal
Más allá de las teorías sobre desigualdad, la relación entre r y g adquiere una importancia crítica en el terreno de la sostenibilidad fiscal. En este contexto específico, "r" representa la tasa de interés de la deuda pública, mientras que "g" simboliza el crecimiento económico del país. La pregunta fundamental que todo gobierno debe responder es: ¿hasta qué punto puede gastar el Estado sin que su deuda se vuelva inmanejable?
La respuesta depende casi exclusivamente de la relación entre estas dos variables. Cuando la economía crece más rápido que el costo de los intereses de la deuda —es decir, cuando g supera a r—, un país puede permitirse déficits fiscales sin que la deuda se descontrole en relación con el tamaño de su economía.
Para comprender este principio, imagine un hogar que gasta consistentemente más de lo que gana, pero cuyos ingresos aumentan cada año lo suficiente para cubrir las deudas acumuladas. Mientras ese crecimiento se mantenga, la situación resulta manejable. El problema emerge cuando ocurre exactamente lo contrario.
La realidad colombiana: una brecha preocupante
Los datos recientes revelan una situación alarmante para Colombia. Durante la mayor parte de los años previos a la pandemia, la diferencia entre r y g se mantuvo cercana a cero, permitiendo al Estado gastar más de lo que recaudaba sin que la deuda creciera desproporcionadamente.
Sin embargo, la pandemia introdujo fluctuaciones significativas en esta relación, y desde finales de 2023 la situación se ha estabilizado en una dirección profundamente preocupante: r supera a g por un margen de aproximadamente cuatro puntos porcentuales, una brecha que los economistas consideran enorme y potencialmente peligrosa.
Las dos historias detrás de la brecha
Esta diferencia sustancial entre la tasa de interés y el crecimiento económico refleja dos narrativas económicas que se han entrelazado de manera desafortunada:
- Un crecimiento económico particularmente débil en los últimos años, con el gobierno de Gustavo Petro registrando el menor crecimiento del PIB del siglo XXI hasta el momento.
- Una política fiscal expansiva no respaldada por incrementos equivalentes en la recaudación, acompañada de mayores tasas de interés sobre la deuda pública.
La ecuación resultante es matemáticamente simple pero políticamente compleja: cuando la tasa de interés supera significativamente el crecimiento económico, evitar una crisis fiscal requiere un ajuste muy fuerte de las finanzas públicas.
El desafío del próximo gobierno
Enfrentar este problema constituirá una tarea difícil pero inevitable para el próximo gobierno colombiano. Los avances que logre en este frente no solo ayudarán a reducir el costo de la deuda (disminuyendo r), sino que sentarán las bases para una mayor estabilidad económica.
Sin embargo, la solución no pasa exclusivamente por el ajuste fiscal. Es igualmente crucial pensar estratégicamente en el crecimiento económico (g). Que la economía crezca de manera sostenida es fundamental para el bienestar de los colombianos y para que puedan construir sus proyectos de vida con mayor seguridad.
La aritmética económica, esa que el gobierno saliente ha preferido ignorar en múltiples ocasiones, establece con claridad que g es tan crucial como r para estabilizar las finanzas públicas del país. Ambas variables deben ser abordadas simultáneamente mediante políticas coherentes y de largo plazo.
La relación entre r y g continuará definiendo no solo la sostenibilidad fiscal de Colombia, sino también su capacidad para reducir desigualdades y generar prosperidad compartida. Ignorar esta realidad matemática tendría consecuencias económicas y sociales de gran magnitud para las próximas generaciones de colombianos.



