La Ley de Wagner y la crisis fiscal: ¿Por qué reducir el gasto público no es la solución?
Ley de Wagner y crisis fiscal: alternativas a recortar gasto

La vigencia de la Ley de Wagner en la actual crisis fiscal colombiana

En 1893, el economista alemán Adolph Wagner formuló una teoría que ha perdurado como una "ley" económica: el gasto público como porcentaje del Producto Interno Bruto (PIB) siempre tiende a crecer. Esta afirmación encuentra respaldo en el panorama internacional actual, donde el gasto estatal continúa en ascenso. Según estimaciones del Banco de Pagos Internacionales, en las economías avanzadas el saldo de la deuda pública con respecto al PIB podría alcanzar el 110% para 2030 y escalar hasta un alarmante 210% en 2050. Un caso extremo es Japón, donde esta relación ya supera el 240% del PIB.

La situación colombiana: deuda en aumento y regla fiscal insuficiente

En Colombia, la evolución es igualmente preocupante. En 2012, la relación deuda pública/PIB se ubicaba en 33,2%, mientras que las proyecciones para 2026 anticipan un incremento hasta 58,7%. La regla fiscal establecida en 2012 no ha logrado revertir esta tendencia, lo que plantea interrogantes sobre su efectividad. En medio de la actual crisis fiscal, la respuesta predominante ha sido abogar por reducciones drásticas del gasto, con posturas como la del Comité Autónomo de la Regla Fiscal, que propone recortes por 32 billones de pesos.

Sin embargo, esta perspectiva es considerada poco realista por muchos expertos. Pretender disminuir el gasto público en montos tan significativos resulta ingenuo frente a la Ley de Wagner y las necesidades crecientes del Estado. En lugar de insistir en reducciones imposibles, se deben explorar alternativas viables que aborden el problema desde múltiples frentes.

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Tres caminos alternativos para enfrentar la crisis fiscal

1. Tributación internacional: límites a la riqueza extrema y paraísos fiscales

El primer camino implica avanzar en la tributación internacional. Organizaciones como Oxfam han reiterado la urgencia de frenar la acumulación desmedida de riqueza, retomando la propuesta de la filósofa Ingrid Robeyns de establecer un límite a la riqueza extrema, posiblemente en 10 millones de dólares. Oxfam también aboga por la eliminación de los paraísos fiscales, mientras que economistas como Thomas Piketty proponen impuestos a las grandes multinacionales.

Además, ganan espacio debates sobre impuestos globales al carbono y la vigente idea de James Tobin de gravar transacciones internacionales para frenar la especulación financiera y generar recursos para fines sociales. Colombia debe participar activamente en estas discusiones y exigir avances concretos en diversas modalidades de tributación internacional.

2. Reforma tributaria territorial: incluir a municipios y departamentos

El segundo camino es una reforma tributaria que trascienda el enfoque exclusivo en los recursos nacionales. Históricamente, las reformas en Colombia se han centrado en las necesidades del gobierno central, ignorando las interacciones entre los diferentes niveles del Estado. El contribuyente enfrenta demandas simultáneas de la Nación, municipios y departamentos, por lo que los acuerdos fiscales deben ser integrales.

En las discusiones se ha minimizado el potencial de impuestos al suelo y a las plusvalías urbanas, herramientas que podrían fortalecer las finanzas territoriales y distribuir mejor la carga tributaria.

3. Manejo eficiente del gasto: del presupuesto por programa a las regalías

La tercera alternativa es mejorar la eficiencia en el uso de los recursos públicos. Desde hace al menos dos décadas se promueve el presupuesto por programa, pero su implementación sigue siendo limitada. Aunque el plan de desarrollo incluye disposiciones para adoptar esta metodología, la práctica presupuestal no cambia sustancialmente.

Un ejemplo claro de ineficiencia es el manejo de las regalías. En 2023 se aprobaron 3.200 proyectos con un valor promedio de 3.000 millones de pesos cada uno, lo que refleja una dispersión excesiva en "proyecticos" sin impacto estratégico significativo. Esta fragmentación es inaceptable y demanda una revisión profunda de los mecanismos de asignación y ejecución del gasto público.

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En conclusión, enfrentar la crisis fiscal requiere superar la obsesión por recortar el gasto y adoptar un enfoque multidimensional que combine tributación internacional, reformas territoriales y mayor eficiencia en la gestión pública. Solo así Colombia podrá navegar los desafíos planteados por la Ley de Wagner y construir un futuro fiscal sostenible.