Colombia enfrenta una paradoja crediticia: regulación protectora excluye a los más vulnerables
El modelo económico colombiano muestra signos preocupantes en su recuperación postpandemia. Mientras el consumo de los hogares se disparó un 25% por encima de los niveles prepandemia y el gasto público aumentó un 16%, la inversión productiva permanece un 5% por debajo del último trimestre de 2019. Esta dependencia excesiva del gasto sobre la acumulación de capital revela límites estructurales para un país que lucha contra la baja productividad y una informalidad laboral que supera el 50%.
El cálculo que expulsa en lugar de proteger
La Asociación Nacional de Instituciones Financieras (ANIF) presenta un diagnóstico alarmante: la fórmula actual para calcular la tasa de usura en Colombia estaría generando el efecto contrario al buscado. En lugar de proteger a los consumidores, estaría excluyendo sistemáticamente a los perfiles más riesgosos del sistema financiero formal. José Ignacio López, presidente de ANIF, explica que "no es lo mismo prestarle a Ecopetrol que prestarle a Juan, que tiene un emprendimiento muy riesgoso".
El problema radica en que el regulador mezcla en el cálculo créditos empresariales de bajo riesgo con créditos de consumo, creando un techo artificialmente bajo que no refleja el verdadero riesgo de ciertos prestatarios. Cuando ese límite queda por debajo del riesgo real de segmentos como hogares de bajos ingresos o microempresas sin historial crediticio, las instituciones financieras simplemente dejan de ofrecer crédito.
La exclusión que alimenta la informalidad
Las cifras evidencian la magnitud del problema: en 2024, solo el 35,5% de los adultos colombianos tenía al menos un producto de crédito vigente. Esto significa que dos de cada tres adultos no acceden al crédito formal. La consecuencia directa es la migración hacia alternativas informales y peligrosas.
Según una encuesta de ANIF, aproximadamente el 20% de los hogares de menores ingresos ha recurrido al sistema conocido como "gota a gota", donde las tasas de interés alcanzan niveles exorbitantes: 382% anualizado para empresas y hasta 666% para personas. La regulación diseñada para proteger termina expulsando a los más vulnerables hacia esquemas más caros y frecuentemente violentos.
El "sándwich" regulatorio que asfixia el crédito
López describe la situación como un "sándwich" peligroso que comprime las posibilidades de crédito formal. Por un lado, el déficit fiscal mantiene altas las tasas estructurales de la economía; por el otro, el techo regulatorio se ha comprimido progresivamente. Esta combinación estrecha el diferencial entre la tasa libre de riesgo y la tasa máxima permitida, eliminando el espacio necesario para cubrir la morosidad en créditos de mayor riesgo.
La propuesta de ANIF no busca eliminar el techo de usura, sino recalibrar su cálculo para que refleje verdaderamente el riesgo de los segmentos que necesitan acceso al crédito. El instrumento concreto sería modificar el Decreto 2555 de 2010 y la resolución correspondiente de la Superintendencia Financiera, ajuste que según la asociación no tendría costo fiscal directo.
Un problema multidimensional que requiere soluciones integrales
ANIF conecta el problema del crédito con otras fallas estructurales que limitan la inclusión financiera:
- Pagos digitales: Más del 75% de las transacciones en Colombia se realizan en efectivo, dificultando la trazabilidad, elevando costos y limitando la evaluación de riesgo crediticio.
- Datos abiertos: Se propone utilizar información de telecomunicaciones, servicios públicos y entidades estatales para mejorar los modelos de evaluación crediticia.
- Educación financiera: Actualizar el Conpes 4005 de 2020 e incorporar programas de formación productiva que reduzcan el riesgo percibido por las instituciones financieras.
El mercado de capitales colombiano presenta desafíos adicionales: es poco profundo, concentrado y con una regulación basada en instituciones más que en actividades. La hoja de ruta de ANIF incluye implementar la Misión del Mercado de Capitales, permitir que las Sociedades por Acciones Simplificadas emitan valores, y avanzar en integración regional con Chile y Perú.
La pregunta crucial que queda pendiente es si la flexibilización del techo de usura ampliará realmente el acceso al crédito o simplemente encarecerá el crédito existente. La respuesta depende de múltiples factores: competencia en el sector financiero, supervisión efectiva y educación financiera masiva. Sin estos contrapesos, el riesgo de sobreendeudamiento aumenta considerablemente, pudiendo generar un círculo vicioso de desistimiento y regreso al "gota a gota".



