Gobierno uruguayo mantiene apuesta por crecimiento económico pese a críticas de analistas
Uruguay apuesta por crecimiento económico pese a escepticismo

Gobierno uruguayo mantiene firme su apuesta por el crecimiento económico

El gobierno de Uruguay ha decidido redoblar su apuesta por el crecimiento económico, manteniendo su estrategia inicial pese al creciente escepticismo de analistas y expertos financieros. Esta determinación se produce en un contexto donde las proyecciones oficiales chocan con las advertencias de diversos centros de estudio sobre los riesgos fiscales que enfrenta el país.

La visión gubernamental: crecimiento como prioridad absoluta

"Uruguay no puede sostener su matriz social si crecemos 1%", declaró Gabriel Oddone al asumir formalmente el timón de la economía uruguaya hace casi un año. Esta sentencia marcó el tono de una administración que ha convertido la aceleración del crecimiento económico en su principal bandera.

El discurso de Oddone definió claramente los desafíos de la agenda económica: acelerar el crecimiento como condición indispensable para financiar la "justicia social" prometida por el gobierno de Yamandú Orsi, fortalecer la estabilidad macroeconómica y buscar la competitividad mediante reformas microeconómicas "urgentes". Además, se planteó la necesidad de encontrar espacios fiscales para volcar más recursos a la infancia y la seguridad ciudadana.

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El Presupuesto Quinquenal: la gran apuesta política

Estas líneas de trabajo se materializaron pocos meses después con la aprobación del Presupuesto Quinquenal 2025-2029, el proyecto más importante del período, que recibió votos de todos los partidos políticos con representación parlamentaria. Este plan presupuestal apuesta a una serie de modificaciones impositivas para sostener el gasto público, en un esquema fiscal cuya efectividad depende directamente de la capacidad del país para acelerar su marcha económica.

El presupuesto prevé una expansión del gasto público del 10% real entre 2025 y 2029, similar a la registrada en la década pasada, pero sustentada en una proyección de crecimiento promedio anual del PIB del 2,4%. Este supuesto es precisamente el que concentra las principales objeciones de los analistas económicos, quienes consideran excesivamente optimista el ritmo de expansión previsto.

Las voces críticas: advertencias sobre riesgos fiscales

El Centro de Estudios para el Desarrollo (Ceres) advirtió recientemente que la evidencia histórica es persistente: ante condiciones externas neutras, Uruguay ha crecido apenas 1%. Si este patrón se repite, el margen para sostener la expansión prevista del gasto sería sensiblemente menor, poniendo en riesgo la sostenibilidad fiscal del país.

El escenario de incertidumbre se ha visto agravado por un dato oficial de peso: el Comité de Expertos convocado por el Ministerio de Economía revisó a la baja sus proyecciones de crecimiento potencial a 2,1%. Este ajuste implicaría que hacia fines de 2029 el PIB sería 2,5% menor al originalmente planeado, reduciendo los márgenes de maniobra fiscal y elevando la relación deuda/PIB.

Análisis detallado de la situación fiscal

El economista Aldo Lema advirtió días atrás que Uruguay cerró 2025 con un mayor deterioro fiscal, en un contexto de déficit en torno al 4% del PIB para el Gobierno Central-BPS y cercano al 5% a nivel global. Este deterioro fue impulsado por más gasto público y menor dinamismo de la recaudación tributaria.

Lema señaló que, aunque la deuda aún es compatible con el grado inversor, el margen se está acotando rápidamente. Las proyecciones para 2026 no muestran mejoras sustanciales, ya que descansan en mayores ingresos sin un ajuste correspondiente del gasto público. Además, alertó sobre riesgos políticos y económicos que podrían generar un círculo vicioso de menor crecimiento, más déficit y nuevas cargas tributarias.

La estrategia gubernamental: mantener el rumbo

Ante este panorama de márgenes estrechos y creciente escepticismo, el gobierno uruguayo ha decidido redoblar su apuesta. El viernes pasado, las autoridades confirmaron que por ahora no habrá ajustes ni recortes en el gasto público, confiando en que las reformas estructurales y el acuerdo con la Unión Europea reactivarán el motor económico del país.

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En lugar de frenar el gasto para equilibrar las cuentas públicas, Gabriel Oddone ha elegido mantener el rumbo y la previsibilidad, convencido de que el crecimiento llegará por la vía de la inversión privada y la mejora en la competitividad nacional. Esta estrategia representa una apuesta política de alto riesgo, pero que el gobierno considera necesaria para romper la inercia de bajo crecimiento que ha caracterizado a la economía uruguaya en los últimos años.

Próximos desafíos: la Rendición de Cuentas

El foco de atención se traslada ahora a la próxima Rendición de Cuentas, donde el gobierno tendrá que definir si ajusta las proyecciones del escenario macroeconómico y la programación financiera del sector público, o si mantiene el rumbo actual. Esta decisión será crucial, ya que mantener la estrategia actual implica el riesgo de que los ingresos resulten insuficientes para sostener el gasto público comprometido.

La apuesta del gobierno uruguayo por el crecimiento económico, pese al escepticismo generalizado de los analistas, marca un punto de inflexión en la política económica del país. Solo el tiempo dirá si esta estrategia audaz logra los resultados esperados o si, por el contrario, termina exacerbando los problemas fiscales que ya preocupan a los expertos.