La inflación en Colombia se disparó a 6,14%, convirtiéndose en la tercera más alta de América Latina y uno de los peores registros de los últimos años, según datos oficiales. Este incremento en el costo de vida responde a múltiples factores, entre los que destacan el aumento desmedido del salario mínimo, el alza en los precios de los alimentos y el encarecimiento de los combustibles.
El salario mínimo como detonante
La principal causa de la inflación es el incremento del salario mínimo en un 23% para el año en curso, una medida que el gobierno saliente implementó sin argumentos sólidos y que triplicó la inflación de noviembre del año anterior. Este ajuste, que buscaba incidir en la elección presidencial, castigó a los empleadores y fue alertado por el Banco de la República, que ya había advertido sobre el impacto de aumentos similares en 2025. Según la entidad, este error se repitió para 2026, agravando la situación.
Alimentos y combustibles: los otros factores
El costo de los alimentos es la segunda causa de la inflación cabalgante, con incrementos de dos dígitos mes a mes que superan el promedio general. El tercer factor es el valor de los combustibles, que se traslada directamente a los tiquetes aéreos y terrestres. Un pasaje ida y vuelta a cualquier capital colombiana cuesta alrededor de un millón de pesos, mientras que los buses intermunicipales superan los $150.000 por trayecto, debido al alto costo del barril de petróleo.
Efectos del dólar barato
Mientras los importadores celebran la fuerte revaluación del peso frente al dólar, los productores locales que exportan han alertado sobre las deficiencias en los modelos de negocio que combinan salarios altos con un dólar barato. Aunque un dólar bajo podría abaratar la canasta familiar, ya que casi el 30% de los productos y servicios de consumo ordinario son importados, el efecto ha sido contrario, encareciendo por demanda varios artículos.
Críticas al Banco de la República
El gobierno saliente criticó ferozmente a la junta directiva del Banco de la República por su política de elevar las tasas de interés para controlar la inflación, siguiendo el ejemplo de la Reserva Federal. Sin embargo, expertos y medios especializados señalan que el emisor ha fallado en su mandato constitucional de mantener el poder adquisitivo del peso. Desde hace más de dos décadas, el banco central utiliza la estrategia de inflación objetivo, con un rango de 2% a 4%, metas que rara vez se han cumplido desde la Constitución de 1991.
Propuestas para el futuro
No se trata de revisar las metas de inflación, sino de que el Banco de la República colabore con el gobierno entrante a través de los ministerios de Agricultura, Comercio y Energía, para que los costos intervenidos por el Estado estén alineados con la reducción de la inflación. La opinión pública, que antes apoyaba al emisor frente a los ataques del gobierno, ahora exige acciones concretas ante el disparo del costo de vida.



