Crisis del petróleo en Irán: ¿Cómo afectaría al mercado global un colapso del régimen?
Crisis petrolera iraní y su impacto en el mercado global

La paradoja petrolera iraní: riqueza energética que no trae prosperidad

Irán, el tercer país con mayores reservas de petróleo del mundo después de Venezuela y Arabia Saudí, enfrenta una realidad económica devastadora. A pesar de su inmensa riqueza energética, la nación sufre una inflación desbordada y una moneda en caída libre, fenómenos directamente vinculados a su dependencia del crudo en un contexto de severas sanciones internacionales, aislamiento financiero y distorsiones internas.

El petróleo como instrumento de represión interna

Florance Kohistani, analista del diario Hasht-e-Subh Daily, afirma categóricamente: "En Irán, el petróleo no solo ha fracasado en su intento de convertirse en una herramienta de desarrollo, sino que se ha convertido en un instrumento de represión". Los datos del Parlamento iraní revelan una distribución profundamente desigual de los recursos petroleros: desde la creación del Fondo Nacional de Desarrollo en 2011, menos del 10% de sus recursos (aproximadamente 14.000 millones de dólares) se han destinado al sector privado.

En marcado contraste, el gobierno y entidades públicas como el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) han concentrado más del 80% de los 161.000 millones de dólares administrados por el fondo. Esta realidad ha provocado, según Kohistani, "el colapso de la confianza social, pues cuando la gente ve que la riqueza nacional no se gasta en su propio beneficio, la esperanza en el futuro se erosiona".

Indicadores económicos en crisis profunda

El malestar social se refleja con crudeza en los indicadores económicos. Según el Índice de Gerentes de Compras de la Cámara de Comercio iraní, la economía del país está en recesión sostenida desde mediados de 2024. Durante este periodo, los precios de los alimentos se han encarecido en promedio un 72%, mientras que el rial se ha depreciado hasta un 3.300% frente al dólar.

El deterioro económico no es reciente: en los últimos ocho años, el poder adquisitivo ha caído más de un 90%, empujando a amplios sectores de la clase media por debajo del umbral de la pobreza. A esta situación se suma un desempleo juvenil cercano al 20% y un mercado laboral marcado por la informalidad y la precarización.

Problemas estructurales del sector petrolero

En el sector petrolero, los problemas estructurales se agravan constantemente. El deterioro de la infraestructura y el peso de los subsidios energéticos devoran el presupuesto nacional, al punto de obligar a un aumento del 67% en el precio de la gasolina en un país que produce cerca del 4% de la demanda mundial de crudo.

La crisis se profundiza con la denuncia del diputado Akbar Ranjbarzadeh, quien afirmó que empresas fiduciarias (encargadas de esquivar las sanciones internacionales) y casas de cambio no han ingresado al país unos 7.000 millones de dólares provenientes de la venta de petróleo. Este escenario se agravó con los ataques de Israel y Estados Unidos en 2025 contra objetivos estratégicos en Irán, que provocaron una fuga de capitales de entre 10.000 y 20.000 millones de dólares.

Supervivencia a través de la "flota fantasma"

Pese a las adversidades, el sector petrolero iraní ha logrado sobrevivir gracias a la llamada "flota fantasma", una red de buques petroleros que operan bajo nombres, banderas y propietarios falsos para sortear las sanciones internacionales impuestas a Teherán desde 2018. Antes de estas sanciones, Irán exportaba cerca de 2,5 millones de barriles diarios de petróleo, cifra acorde con su capacidad productiva.

Hoy, según estimaciones de la Agencia Internacional de la Energía y firmas de seguimiento marítimo, las exportaciones oscilan entre 1 y 1,4 millones de barriles diarios, gran parte de ellas dirigidas a China. Mohammad Reza Farzanegan, economista de la Universidad de Marburgo de Alemania, explica que "las sanciones son las que han provocado el desplome del rial" y han "diezmado el poder adquisitivo de quienes perciben un salario fijo, como profesores y funcionarios".

Posición estratégica en el mercado global

Más allá de sus exportaciones, el verdadero peso de Irán en el mercado global reside en su ubicación estratégica. Por el Estrecho de Ormuz -la ruta comercial más importante para el petróleo- transitan cerca de 20 millones de barriles diarios de crudo y combustibles, según datos de Vortexa. No existe otra alternativa rápida ni suficiente para desviar esos flujos.

Esta posición convierte a Irán en algo más que un productor: es un potencial "interruptor" del sistema energético global, como resume el sitio web especializado XTB. Su capacidad para influir en el tráfico marítimo por esta vía crucial le otorga un poder geopolítico desproporcionado respecto a su producción actual.

Escenarios posibles ante un cambio de régimen

Analistas del sector energético coinciden en que una eventual caída del régimen iraní abriría escenarios opuestos con consecuencias globales:

  • Transición ordenada: Permitiría el retorno de hasta dos millones de barriles diarios adicionales al mercado, presionando a la baja los precios globales del crudo.
  • Colapso desordenado: Elevaría la volatilidad y los riesgos sobre el Estrecho de Ormuz, con impacto inmediato en los precios del petróleo a nivel mundial.

Amylkar Acosta Medina, economista y ex ministro de Minas y Energía de Colombia, explica el trasfondo estratégico: "Influir en Irán, utilizando el petróleo como zanahoria y garrote, permitiría mantener a raya el precio del petróleo aumentando la oferta, al tiempo que debilitaría la influencia rusa en la OPEP+ y en el tablero de ajedrez de la geopolítica".

Conclusión: una economía atrapada en su propia riqueza

Mientras tanto, la economía iraní sigue atrapada en una triple trampa: sanciones externas que limitan su capacidad comercial, una renta petrolera capturada por las estructuras de poder, y una población cada vez más empobrecida que vive sobre una de las mayores riquezas energéticas del planeta. Esta paradoja ilustra cómo los recursos naturales, sin instituciones sólidas y distribución equitativa, pueden convertirse en factores de inestabilidad tanto interna como global.