Oxford Economics advierte sobre riesgos inflacionarios por escalada en Medio Oriente
Un escenario de guerra prolongada entre Irán, Estados Unidos e Israel podría desencadenar choques inflacionarios significativos a nivel global, impulsados por una crisis energética sin precedentes en los últimos años. Así lo advierte un análisis detallado de Oxford Economics, que proyecta efectos profundos sobre los precios del petróleo, los costos de la energía y, en cascada, sobre la inflación en todas las economías del mundo.
Impacto directo en los precios del crudo y combustibles
De acuerdo con el informe de Oxford Economics, si el enfrentamiento en Medio Oriente se prolonga y los precios del crudo superan los 150 dólares por barril durante al menos cuatro meses, el impacto en los precios sería inmediato y no lineal. En el escenario más adverso, el Brent podría alcanzar 190 dólares por barril, superando incluso el máximo histórico observado en 2008 durante la crisis financiera global.
Aunque hacia finales de 2026 el precio tendería a moderarse, aún se ubicaría alrededor de 95 dólares, un nivel sustancialmente superior al previsto antes del conflicto. Este choque energético no se limitaría al mercado del crudo, ya que los combustibles refinados como el diésel y el combustible para aviación ya muestran incrementos superiores al petróleo, señalando fuertes tensiones en la cadena de suministro global.
Reducción crítica en la oferta energética
La situación se agravaría por la reducción de hasta 20 millones de barriles diarios en la oferta global de petróleo, mientras las reservas comerciales caerían a la mitad en pocos meses, alcanzando niveles críticos que pondrían en riesgo la estabilidad del mercado internacional. El mercado de gas natural también estaría bajo presión extrema, con precios en Europa y Asia que podrían subir hasta 30 dólares por MMBtu, impulsados por la interrupción de exportaciones de gas natural licuado y una caída cercana al 20% del suministro global.
Este encarecimiento prolongado de los costos energéticos afectaría durante varios años la competitividad industrial y el poder adquisitivo de los hogares en todo el mundo, generando un círculo vicioso de precios elevados y menor capacidad de consumo.
Inflación global cerca de los picos de 2022
La principal consecuencia macroeconómica de este choque energético sería un repunte significativo de la inflación mundial. Oxford Economics estima que los precios globales podrían escalar hasta 7,7%, un nivel cercano al máximo registrado tras la pandemia y la crisis energética de hace cuatro años. En economías avanzadas como Estados Unidos y la eurozona, la inflación superaría el 6%, impulsada por el encarecimiento de la energía, los mayores costos de transporte y las disrupciones logísticas que afectarían las cadenas de suministro internacionales.
Aunque el informe proyecta una moderación gradual de los precios hacia 2027, el impacto inicial sería lo suficientemente fuerte como para mantener presiones inflacionarias persistentes durante varios trimestres, complicando la recuperación económica post-pandemia.
Efectos en cadena sobre transporte y alimentos
Uno de los factores más preocupantes identificados por Oxford Economics es que el choque no se limitaría al componente energético. Cerca de dos tercios del petróleo mundial se destinan al transporte, por lo que la escasez de combustibles tendría efectos inmediatos sobre la movilidad de bienes y personas. Los costos del transporte marítimo, que ya se habrían duplicado en este escenario, podrían volver inviables ciertos envíos internacionales, agravando los cuellos de botella en las cadenas de suministro globales.
La inflación de alimentos sería un canal de transmisión clave de esta crisis. El aumento del precio del diésel y de los fertilizantes elevaría los costos de producción agrícola, mientras que la escasez de insumos y los menores rendimientos presionarían al alza los precios finales de los alimentos básicos. Este fenómeno golpearía con especial fuerza a los países importadores netos de alimentos y energía, pero también afectaría a economías exportadoras al deteriorar el consumo interno y la capacidad de compra de la población.
Dilema complejo para los bancos centrales
El contexto inflacionario descrito por Oxford Economics plantea un dilema complejo para la política monetaria global. Mientras algunos bancos centrales, como el Banco Central Europeo y el Banco de Inglaterra, podrían verse obligados a responder con alzas de tasas de hasta 100 puntos básicos para contener las expectativas de inflación, otros, como la Reserva Federal de Estados Unidos, priorizarían el apoyo a la actividad económica ante el deterioro del empleo, optando posiblemente por recortes de tasas.
Esta respuesta dispar reflejaría la tensión fundamental entre combatir la inflación y evitar una recesión profunda. El informe advierte que un desanclaje de las expectativas inflacionarias podría elevar los costos de financiamiento a largo plazo y generar mayor volatilidad en los mercados financieros internacionales, exacerbando aún más el impacto del choque energético sobre la economía global.
Panorama de riesgo sincronizado
En conjunto, el análisis de Oxford Economics dibuja un panorama de riesgo en el que energía e inflación se convierten en focos de vulnerabilidad para la economía mundial. Aunque el escenario sería menos severo que el de la pandemia o la crisis financiera global de 2008, su alcance sería más amplio y sincronizado, recordando que en un mundo altamente interconectado, un conflicto regional puede transformarse rápidamente en un problema global con consecuencias económicas significativas para todos los países, incluyendo especialmente a las economías de América Latina que dependen de importaciones energéticas y enfrentan vulnerabilidades estructurales adicionales.



