Guerra con Irán dispara precios de gasolina y alimentos, amenazando economía de EE. UU.
Once días después del inicio de la ofensiva militar conjunta de Estados Unidos e Israel contra Irán, los primeros efectos económicos del conflicto ya se sienten lejos del campo de batalla, impactando directamente el bolsillo de los ciudadanos estadounidenses. Más allá del costo militar directo, estimado preliminarmente en alrededor de 900 millones de dólares diarios, la guerra está generando un impacto indirecto que amenaza con extenderse por toda la economía nacional.
El petróleo enciende las alarmas económicas
El primer frente donde se manifiesta el efecto es en el precio del petróleo, que reaccionó inmediatamente ante la escalada militar. Este lunes, el crudo internacional llegó a dispararse hasta casi 120 dólares por barril, impulsado por el temor a interrupciones en el suministro global tras los combates en el estratégico estrecho de Ormuz, por donde pasa aproximadamente una quinta parte del petróleo transportado mundialmente.
El precio retrocedió posteriormente por debajo de los 90 dólares luego de que el presidente Donald Trump sugiriera que el conflicto podría ser relativamente breve. Sin embargo, el mandatario ha enviado señales contradictorias que mantienen a los mercados en alerta máxima ante la posibilidad de una guerra más prolongada.
Incluso con ese retroceso parcial, el impacto ya se refleja en las estaciones de servicio. El precio promedio de la gasolina en Estados Unidos ya alcanza los 3,48 dólares por galón, según la asociación automovilística AAA, lo que representa un aumento cercano al 17 por ciento desde el inicio de los ataques el 28 de febrero.
El diésel, clave para el transporte de mercancías, ha subido aún más rápido: cerca del 24 por ciento, situándose alrededor de 4,66 dólares por galón. Este incremento tiene efectos en cadena sobre el resto de la economía, ya que el encarecimiento del diésel eleva el costo de transportar prácticamente todo lo que consumen los estadounidenses.
Presión sobre la inflación y los alimentos
Pero el impacto no se limita al combustible. Los expertos anticipan que el alza de la energía también terminará reflejándose en los precios de los alimentos, un rubro particularmente sensible para los hogares estadounidenses. Según Miguel Gómez, director del programa de gestión de la industria alimentaria de la Universidad de Cornell, el encarecimiento del transporte y de los fertilizantes podría elevar los costos de producción agrícola.
El Golfo Pérsico es una de las principales fuentes mundiales de fertilizantes y cualquier interrupción en ese suministro podría afectar la producción de alimentos a nivel global. La advertencia ya llegó desde el sector agrícola, donde el presidente de la Federación Americana de Agricultores, Zippy Duvall, alertó esta semana sobre posibles interrupciones en el suministro de fertilizantes justo cuando comienza la temporada de siembra en Estados Unidos.
Este escenario podría reducir la producción de cultivos y presionar aún más la inflación, que había comenzado a moderarse hasta ubicarse cerca del 2,4 por ciento anual. Algunos analistas calculan que un petróleo cercano a los 95 o 100 dólares por barril podría empujar la inflación estadounidense al 3 por ciento para finales de este año, reavivando las presiones sobre el costo de la vida.
Volatilidad financiera y costos militares
A la par del impacto en la energía y los alimentos, la guerra también ha introducido una nueva dosis de incertidumbre en los mercados financieros. El repunte del petróleo y la falta de claridad sobre la duración del conflicto han sacudido las bolsas globales, provocando caídas en los principales índices bursátiles.
Para millones de estadounidenses, esa volatilidad tiene un efecto directo en sus ahorros y fondos de retiro, muchos de los cuales están invertidos en el mercado accionario. Economistas advierten que si el conflicto se prolonga, el impacto podría ampliarse rápidamente a la economía real, llevando a los consumidores a recortar el gasto y a las empresas a frenar contrataciones o recurrir a despidos.
Al impacto indirecto se suma el costo puramente militar de la operación. Un análisis de expertos en gasto público calcula que la campaña está costando alrededor de 890 millones de dólares diarios, con las operaciones aéreas, navales y el despliegue de portaaviones entre los rubros más costosos.
De acuerdo con estimaciones del Penn Wharton Budget Model, una guerra de dos meses podría costar entre 40.000 y 95.000 millones de dólares, dependiendo de la intensidad de los combates y de si Estados Unidos decide desplegar tropas terrestres. Pero más allá del costo financiero, algunos expertos advierten del riesgo del rápido consumo de misiles y municiones avanzadas, que podría reducir los inventarios estratégicos de Estados Unidos en un momento crítico.
Mientras el conflicto con Irán apenas comienza a desarrollarse, sus efectos ya se sienten en múltiples frentes: desde el precio de la gasolina y los alimentos hasta los mercados financieros y las reservas militares de Estados Unidos. Todo indica que si la guerra se prolonga más de lo previsto, ese impacto podría multiplicarse significativamente, poniendo en jaque la estabilidad económica del país.



