La tormenta perfecta: petróleo caro y bolsillos flacos en América Latina
Petróleo caro y bolsillos flacos en América Latina

La tormenta perfecta: petróleo caro y bolsillos flacos en América Latina

Los latinoamericanos observan desde la distancia el conflicto bélico en Medio Oriente, pero ya comienzan a experimentar directamente las consecuencias económicas del encarecimiento del crudo. Mientras algunas naciones obtienen beneficios, otras enfrentan pérdidas significativas, pero son los consumidores de una región ya profundamente afectada por crisis económicas previas quienes cargan con el mayor peso de esta nueva tormenta perfecta.

El impacto directo en el bolsillo ciudadano

Sergio, un transportista argentino que distribuye mercancías desde mayoristas a minoristas, enfrenta diariamente el desafío del combustible como su principal costo operativo. Antes del 28 de febrero, cada litro de nafta costaba 1.609 pesos (1,16 dólares). Un mes después del estallido del conflicto en Medio Oriente, el precio escaló a 1.966 pesos (1,42 dólares). Considerando que carga aproximadamente 90 litros por tanque, Sergio gasta actualmente casi 130 dólares adicionales para mantener su vehículo en funcionamiento. "¿A quién le cobro la diferencia?", se cuestiona con preocupación.

Esta situación no es exclusiva de Argentina. En Chile, el presidente José Antonio Kast eliminó los subsidios a los combustibles, generando incrementos del 50% en la gasolina y desatando protestas masivas en las calles. El ministro de Hacienda chileno, Jorge Quiroz, justificó esta medida afirmando: "Estamos enfrentando un shock de los más grandes en el mercado del petróleo en décadas. En esas circunstancias, tenemos que tomar decisiones duras para resguardar las finanzas públicas".

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El dilema regional: subsidiar o no subsidiar

Los gobiernos latinoamericanos enfrentan un complejo dilema estratégico. Por un lado, países como Brasil y Honduras han optado por implementar subsidios estatales para amortiguar el impacto. Brasil subsidia el diésel para productores agrícolas, mientras Honduras anunció un apoyo del 50% en combustibles. Por otro lado, naciones como Chile, Argentina y Colombia han transferido directamente los aumentos a los consumidores finales.

Juan José Carbajales, consultor y ex subsecretario de Hidrocarburos de Argentina, explica a CONNECTAS: "Para los países importadores de energía esto es un sobrecosto significativo. En Uruguay, Chile y Bolivia se siente directamente; Brasil sufre particularmente con el diésel, y todas las naciones implementan estrategias para mitigar este impacto".

Los combustibles funcionan como un termómetro económico preciso, pues influyen directamente en la inflación y los costos logísticos. Como bien comprende Sergio, cualquier aumento en las estaciones de servicio se traslada rápidamente a los precios finales de bienes y servicios. Incluso el sector agrícola se ve afectado, ya que los fertilizantes utilizan gas natural y petróleo como materias primas fundamentales.

Ganadores y perdedores en el tablero energético

Rafael Pampillón, economista consultado por CONNECTAS, analiza: "Hay un elemento psicológico común: cuando el petróleo se dispara, todo el mundo se pone nervioso, porque sabe que eso termina afectando negativamente a todos los aspectos de la economía: transporte, alimentos, electricidad, industria, vivienda, créditos e hipotecas".

La crisis actual revela claramente las posiciones estratégicas en el tablero energético mundial. Pampillón identifica tres categorías de países:

  • Perdedores: Naciones importadoras netas de energía como Chile, Perú y gran parte de Centroamérica, que enfrentan inflación acelerada, mayores costos de transporte, presión sobre las finanzas públicas y creciente tensión social.
  • Ganadores: Exportadores de petróleo como Brasil, Colombia, Guyana, Ecuador, Argentina y Trinidad y Tobago, que pueden incrementar significativamente sus ingresos fiscales.
  • Caso especial: Venezuela, que teóricamente podría beneficiarse enormemente, pero cuyas limitaciones internas reducen su capacidad de aprovechar la situación.

México presenta un escenario ambiguo, pues aunque produce petróleo, importa grandes cantidades de combustibles refinados, generando ganancias y pérdidas simultáneas.

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¿Un retorno a la crisis de los años setenta?

Mientras Irán rechazaba el plan de paz de 15 puntos propuesto por Donald Trump, la industria energética global se reunía en Houston para la mayor conferencia mundial del sector. Las conversaciones giraban en torno al riesgo de una extensión del conflicto y sus consecuencias impredecibles para la economía planetaria.

Los expertos más veteranos recordaron la crisis petrolera de 1973, cuando los países árabes implementaron un embargo energético que cuadruplicó los precios del crudo y sacudió la economía global. Pampillón advierte: "Estamos ante una situación muy seria, probablemente la más delicada en décadas. Cuando Oriente Medio entra en tensión, el sistema energético mundial tiembla, porque sigue siendo el corazón del suministro mundial de petróleo, gas y fertilizantes".

Sin embargo, existen diferencias cruciales con aquella crisis histórica. Actualmente, el mundo depende menos del petróleo y existen más productores fuera de Medio Oriente, incluyendo a Estados Unidos como actor fundamental.

Sergio, el transportista argentino, nunca escuchó sobre la crisis petrolera de los setenta. No había nacido entonces. Pero como experto en crisis económicas por experiencia propia, comprende perfectamente la dinámica de precios ascendentes y mercancías escasas. "Yo hace 30 años que vivo en crisis", afirma con realismo crudo mientras inicia su jornada de reparto. Hoy pagó más cara la nafta, pero en su país, esta realidad se ha convertido en una desafortunada normalidad.