Andenes angostos en Bucaramanga obligan a peatones a caminar por la calle
Andenes estrechos en Bucaramanga ponen en riesgo a peatones

Andenes estrechos en Bucaramanga: peatones obligados a arriesgarse en la calle

En la capital santandereana, una realidad cotidiana pone en peligro a miles de ciudadanos: numerosos andenes son tan angostos que obligan al peatón a lanzarse a la calle, exponiéndolo diariamente al riesgo de ser atropellado. Esta situación se repite en múltiples barrios, donde caminar se ha convertido en un ejercicio de equilibrio y riesgo constante.

La rutina peligrosa de doña Josefina

En el barrio Alfonso López, en la Comuna 5 de Bucaramanga, doña Josefina Gómez repite cada mañana una rutina que debería ser simple pero se transforma en maniobra peligrosa. Su trayecto a la tienda, apenas unas cuadras por la calle 35, se complica por un andén tan angosto que cuando se cruza con otra persona, ambos deben detenerse, pegarse a la pared o, en el peor de los casos, bajar a la calzada para continuar.

"Cuando uno se cruza con alguien, toca bajarse a la calle, y eso es peligroso porque los carros pasan muy cerca", relata la residente con más de dos décadas en el sector. Señala la franja de cemento irregular, estrecha y desnivelada que bordea su casa, un espacio que parece más sobrante de obra que andén funcional.

Banner ancho de Pickt — app de listas de compras colaborativas para Telegram

Un problema extendido en múltiples barrios

La historia de doña Josefina no es excepcional. En numerosos sectores de Bucaramanga como Morrorrico, Bolívar, Regadero o La Juventud, las aceras apenas permiten el paso de una persona a la vez. Cuando dos peatones se encuentran, alguien debe ceder el paso o arriesgarse a caminar por la calle, compartiendo espacio con vehículos que circulan a pocos centímetros.

Carlos Rincón, estudiante que transita diariamente por el barrio Bolívar, describe la experiencia: "Hay partes donde el andén es tan pequeño que uno termina caminando por la vía. Si pasa una moto o un carro rápido, uno queda muy expuesto".

Dificultades adicionales para personas con movilidad reducida

La situación resulta especialmente difícil para quienes tienen movilidad reducida. Adultos mayores, personas con discapacidad o padres que empujan coches de bebé enfrentan trayectos donde el andén desaparece entre postes, paredes, rampas improvisadas o desniveles abruptos. En muchos tramos, el peatón queda atrapado entre cemento mal construido y tráfico constante.

Obstáculos que invaden el espacio peatonal

El problema no se limita únicamente al ancho reducido de las aceras. En buena parte de la ciudad, el poco espacio disponible está invadido por obstáculos permanentes o improvisados:

  • Motocicletas estacionadas en los andenes
  • Rampas privadas construidas sin criterio técnico
  • Mercancía exhibida en la entrada de locales comerciales
  • Ventas ambulantes que convierten el andén en laberinto

En el centro de Bucaramanga, no es extraño encontrar tramos completamente bloqueados por vehículos en reparación o motos alineadas frente a establecimientos. "Hay negocios que sacan mercancía o motos al andén. Uno no tiene por dónde pasar", comenta Luis Fernando Duarte, vecino del sector.

Falta de criterios técnicos en la construcción

Especialistas en movilidad urbana coinciden en que gran parte de los andenes de Bucaramanga no cumple con criterios técnicos básicos. Las normas urbanísticas recomiendan aceras cercanas a los dos metros de ancho para permitir paso simultáneo de varias personas y garantizar accesibilidad universal. Sin embargo, en muchos barrios los andenes apenas superan el medio metro o poco más de un metro.

A esa estrechez se suma otro problema estructural: muchos andenes fueron construidos sin planeación ni diseño técnico. Se observan desniveles abruptos, pendientes improvisadas, cambios de altura entre viviendas, superficies irregulares y tramos donde el cemento parece haber sido vertido sin criterios uniformes. En algunos casos, cada propietario construyó su propio pedazo de andén, generando mosaico desordenado que evidencia falta de control urbanístico.

Banner post-artículo de Pickt — app de listas de compras colaborativas con ilustración familiar

Prioridad histórica a los vehículos sobre los peatones

Esta precariedad revela realidad incómoda: durante décadas el crecimiento urbano priorizó espacio para vehículos mientras relegó al peatón a sobras del diseño vial. La ampliación de calzadas, tolerancia con parqueaderos improvisados y construcciones sin supervisión terminaron recortando espacio público que debería garantizar movilidad segura de quienes caminan.

Respuesta de autoridades y lentitud en cambios

Las autoridades reconocen el problema y en últimos años han anunciado programas para mejorar infraestructura peatonal. Algunas intervenciones buscan ampliar aceras, reorganizar espacio público y eliminar obstáculos para facilitar tránsito, especialmente de adultos mayores.

Sin embargo, para muchos ciudadanos esos cambios avanzan con lentitud frente a realidad que se repite todos los días. Mientras proyectos se anuncian y obras se ejecutan gradualmente, miles de peatones continúan caminando por aceras angostas, deterioradas y mal diseñadas, donde margen de error se mide en centímetros.

Lo que dice la ley sobre dimensiones mínimas

Según el arquitecto Raúl Alberto González Gómez, "la infraestructura peatonal debe diseñarse para ser accesible, continua y libre de obstáculos. De acuerdo con criterios técnicos de urbanismo y accesibilidad, los andenes deberían contar con al menos 2 metros de ancho libre, medida que permite circulación simultánea de varias personas".

El especialista agrega: "En ningún caso se recomienda que ancho sea inferior a 1,50 metros, ya que esta dimensión es mínima necesaria para garantizar tránsito de Personas con Movilidad Reducida (PMR), incluidas aquellas que utilizan sillas de ruedas, caminadores o coches de bebé. Andén con estas condiciones facilita desplazamiento seguro, cómodo e incluyente para todos los peatones".

En Alfonso López, donde comienza esta historia, escena se repite cada mañana. Doña Josefina avanza con cuidado por mismo andén angosto frente a su casa, pendiente de carros que pasan a escasa distancia. Cuando aparece otro peatón, rutina es similar. "Así nos toca todos los días", dice antes de continuar su recorrido hacia tienda, avanzando con pasos cortos sobre reducido pedazo de cemento que, en teoría, debería ser espacio más seguro para caminar en su sector. En práctica, es apenas franja angosta donde peatón parece estar de paso en su propia ciudad.