La bogotanóloga e ingeniera industrial Blanca Inés Durán lanzó una crítica contundente contra la administración del alcalde Carlos Galán por la falta de avance en el proyecto Regiotram del Norte, un tren eléctrico que promete conectar a Bogotá con la sabana de Cundinamarca. En su columna, Durán afirma que, ya sea por desidia o ineficiencia, el gobierno distrital demuestra una vez más su desinterés en ejecutar obras necesarias para mejorar la calidad de vida de los ciudadanos.
Antecedentes de ineficiencia en infraestructura
Durán recuerda que Colombia no se ha caracterizado por su planeación ni coordinación interinstitucional. Cita ejemplos como el puente de la avenida novena con calle 112, que estuvo 20 años sin uso por falta de vías de conexión, y otros proyectos paralizados por trámites administrativos. Señala que los intereses de unos pocos han primado sobre los de la mayoría, especialmente en el caso de los ferrocarriles nacionales, un medio de transporte económico y sostenible que fue asfixiado por los intereses de constructores de vías y propietarios de camiones, sumado a la corrupción y la desconexión estatal.
Oportunidad perdida desde el siglo pasado
La autora menciona que desde los años 20 del siglo pasado, Colombia tuvo la oportunidad de construir un sistema férreo moderno con la indemnización de Panamá, pero la falta de visión integral resultó en obras inconexas y regionales destinadas a favores políticos. Esto llevó a una quiebra alimentada por la corrupción, dejando solo vías abandonadas.
El Regiotram del Norte: una obra clave estancada
Durán destaca que el Regiotram del Norte es una obra crucial para revivir la esperanza férrea, pero la administración Galán ha adoptado una estrategia de inacción, esperando que los plazos venzan para eludir la ejecución. Durante más de dos años, el Distrito ha tenido la oportunidad de realizar comentarios técnicos y avanzar en estudios de intermodalidad con el metro y Transmilenio, pero ha imperado el silencio administrativo. La directora de Planeación Nacional, Natalia Molina, confirmó que la nación esperó hasta el límite legal para que Bogotá se sumara.
Otras obras paralizadas
La bogotanóloga señala que no es la única obra afectada: el velódromo de Gibraltar, el CEFE del mismo sector, el corredor verde de la carrera Séptima y otros proyectos muestran que la administración ni hace ni deja hacer. Pregunta cómo es posible que un tren que movilizará a 187.000 personas diarias y aliviará el caos del norte no sea conveniente, cuando cualquier persona que vive en Zipaquirá, Cajicá, Chía o el norte de Bogotá pierde horas en el trancón de la autopista norte.
Intereses privados vs. bien común
Durán sugiere que la inacción de la administración Galán busca no afectar el modelo de negocio de transporte actual. Una vez más, la falta de planeación y los intereses privados se oponen a una alternativa limpia y efectiva para una ciudadanía que ya no soporta más contaminación ni trancones.
La autora concluye con un llamado al alcalde Galán: ¿qué le falta al Regiotram para que su administración se digne a ponerlo en marcha? Afirma que todos los reparos técnicos son salvables si sus secretarios tienen voluntad de concertar con la Nación y la Gobernación de Cundinamarca. Pregunta si los bogotanos tendrán que esperar hasta el final de su mandato para ver la obra, y espera que no se repita la historia de la indemnización de Panamá, con obras inconclusas y falta de voluntad política.



